El gas natural ha sido una de las políticas sociales más efectivas de Colombia en los últimos treinta años. Una revolución que hoy está en riesgo.
“Un país posible dependerá de las decisiones que tomemos hoy. De la visión que escojamos como sociedad. Y de nuestra capacidad de trabajar juntos”, dijo Juan Manuel Rojas, presidente del Consejo Directivo de Naturgas, en la apertura del Congreso del sector que se realiza en Cartagena, del 15 al 17 de abril.
Luego de casi cuatro años del primer gobierno de izquierda en Colombia, el país en general y el sector energético en particular se debaten entre modelo estatista, que propende por reducir la participación del sector privado, y un modelo mixto donde las empresas son motor de desarrollo.
Ese es el dilema en que se debate el país en plena campaña electoral para elegir al sucesor de Gustavo Petro. Y el Congreso de Naturgas no es ajeno a esa controversia, siendo el energético uno de los sectores más golpeados por el actual Gobierno.
En ese sentido, Rojas señaló en su discurso de inauguración que “si Colombia opta por un modelo altamente intervencionista, lo que estáen riesgo no es solo la rentabilidad de las empresas. Está en riesgo la expansión del servicio, la sostenibilidad del sistema y, en última instancia, el bienestar de los usuarios.”
El directivo fue más dramático y agregó que además está el cierre de brechas sociales, la competitividad de la industria, la capacidad del sistema energético de acompañar el crecimiento del país y, sobre todo, está en riesgo la capacidad de reducir la pobreza energética.
“Porque la pobreza energética no es solo una carencia técnica. Es una barrera estructural al desarrollo humano. Limita oportunidades, profundiza desigualdades y restringe el potencial de millones de colombianos. Y aquí el gas natural, junto con la participación del sector privado, tiene un rol insustituible”, dijo.
Agregó que la experiencia muestra que donde hay condiciones para la inversión, hay expansión de redes, innovación y soluciones adaptadas a las realidades locales.
“La masificación del gas natural ha sido posible precisamente porque hemos combinado política pública con capacidad empresarial. Si queremos acelerar la reducción de la pobreza energética, necesitamos más de ese modelo, no menos”, agregó.
Y es que ante la política anti hidrocarburos del Gobierno Petro, de no adjudicar nuevos contratos de exploración, de satanizar el fracking y de asfixiar el sector minero energético con más impuestos, el país enfrenta hoy una realidad incómoda: restricciones de oferta de gas natural, al punto que desde diciembre de 2024 se viene importando molécula para cubrir el déficit en los sectores diferentes al térmico.
“Colombia necesita más moléculas de gas. Sin embargo, las señales de política pública han desincentivado la exploración y la producción. El resultado es evidente: faltan moléculas de gas, mientras sobran moléculas de carbón y de líquidos más contaminantes. Entonces, estamos, en la práctica, carbonizando nuestra matriz energética por errores de política pública y por omisión”, dijo Rojas.
Ante un eventual fenómeno de El Niño para finales de 2026, el dirigente señaló en el corto plazo se deben habilitar todas las fuentes disponibles: producción nacional, importaciones y contratos de largo plazo que den estabilidad al sistema.
En el mediano plazo, Colombia necesita avanzar en regasificación, ampliación de transporte de moléculas y electrones, en la promoción de esquemas de almacenamiento estratégico, y en la eliminación de restricciones operativas que hoy limitan la flexibilidad del sistema.
“No podemos seguir aplazando decisiones que toman años en materializarse. Cada retraso se traduce en mayores precios, menor confiabilidad y competitividad para el país”, dijo.
Luego de cuatro años del experimento de izquierda, Colombia enfrenta hoy en pleno debate electoral una decisión que definirá su seguridad energética, su competitividad y el bienestar de millones de ciudadanos en las próximas décadas.
“No es un debate técnico ni sectorial. Es una elección sobre cómo garantizamos energía asequible para los hogares, competitividad para nuestra industria, y oportunidades reales para que millones de colombianos aprovechen plenamente los beneficios de la energía en su vida cotidiana”, concluyó Rojas.