Un mercado disfuncional sacude el sector energético

El sector energético mundial se encuentra en un «reseteo histórico» liderado por la geopolítica, con un futuro marcado por una disrupción en los mercados y un crecimiento más lento a corto plazo.

El mundo vive un «reseteo histórico» en su sector energético, donde las decisiones geopolíticas tienen hoy un peso mayor que los fundamentos tradicionales del mercado en la determinación de los precios del petróleo.

Así lo afirmó Jaime Brito, director Ejecutivo de Refinación y Derivados del Petróleo de OPIS, durante el 7° Congreso Internacional del GLP de Gasnova, quien proyectó un panorama complejo y disfuncional para los próximos años, con una recuperación económica global prevista para 2026.

Según Brito, el sector ha experimentado cambios drásticos en los últimos ocho meses, marcados por una polarización creciente que está reconfigurando el comercio y la regulación a nivel global. El mundo, que desde finales de los ochenta tendía hacia la globalización, ahora se enfrenta a una fragmentación impulsada por eventos disruptivos como la pandemia de 2020 y la invasión rusa en Ucrania. Este nuevo escenario de tensiones comerciales y aranceles ha provocado que el precio del crudo Brent se mueva no por la oferta o la demanda, sino por los anuncios y decisiones políticas de los gobiernos.

Cuando la geopolítica manda sobre el mercado

Brito destacó cómo el precio del Brent ha fluctuado en rangos inusuales a lo largo del año. Mientras que a principios de 2025, tras las sanciones a Rusia, se mantenía en los ochenta dólares por barril, la sola mención de nuevos aranceles por parte de la administración Trump lo hizo caer a un rango de setenta a setenta y cinco dólares. La situación se agravó tras el anuncio de los aranceles definitivos en abril, cuando el precio se desplomó hasta los sesenta o sesenta y cinco dólares.

«El Brent de este año no se ha movido por fundamentales de mercado, se ha movido por anuncios geopolíticos y comerciales», enfatizó Brito. Puso como ejemplo la nula reacción del mercado ante el anuncio de la OPEP de incrementar la producción en 2.4 millones de barriles por día. En este contexto, el experto de OPIS considera que el precio del Brent mantendrá un piso entre sesenta y sesenta y cinco dólares, a la espera de una mayor certidumbre económica y política a nivel global.

Pronósticos de demanda: La población contra el “Green Deal”

A pesar de los desafíos geopolíticos, la demanda de hidrocarburos seguirá creciendo, impulsada por el aumento de la población mundial y el desarrollo económico. Actualmente, el consumo de derivados del petróleo ronda los 104 millones de barriles diarios. Brito proyecta que, sin restricciones ambientales, esta cifra podría llegar a los 130 millones de barriles diarios para 2050, simplemente por el aumento de 1.500 millones de personas en el planeta y el crecimiento económico que estas demandarán.

Sin embargo, el pronóstico de Brito, que considera las regulaciones ambientales y las eficiencias tecnológicas, es más conservador, estimando un consumo de 111 millones de barriles diarios para 2050. Este crecimiento se dividirá en dos tendencias: una disminución en la demanda de combustibles tradicionales como la gasolina y el diésel, que alcanzarán su punto máximo entre 2030 y 2035, y un crecimiento sostenido en la industria petroquímica y de gas, que continuará demandando naftas y gas licuado de petróleo (GLP).

La transición energética en perspectiva

En su análisis, Brito cuestionó la narrativa dominante sobre la rápida transición hacia fuentes de energía sostenibles. La producción de biocombustibles, a pesar de los subsidios y la regulación de los últimos 20 años, apenas representa entre el 2% y el 2.3% de la producción total de hidrocarburos. El experto señaló que la vasta infraestructura de 100 años del sector petrolero es muy difícil de sustituir a corto o mediano plazo.

Además, Brito destacó la aparición de otros 12 «mini-mercados» de commodities como el litio, el hidrógeno y el metanol, que fragmentan la oferta y reducen la liquidez, haciendo que los precios sean más volátiles y la cadena de suministro más vulnerable. En este escenario, la dependencia del exterior es alta: el 85% de la refinación de litio, por ejemplo, está en China.

A nivel de consumo final, la adopción de nuevas tecnologías no siempre va de la mano de la intención política. El director de OPIS citó el caso de Estados Unidos, donde la demanda de gasolina ha crecido desde la pandemia, a pesar de las inversiones en ciclovías y la disponibilidad de vehículos eléctricos e híbridos. «El consumidor americano decidió comprar vehículos grandes, más pesados, menos eficientes», lo que demuestra que la decisión de compra no siempre se alinea con los objetivos de sostenibilidad.

Brito concluyó que, si bien el consumo de gasolina y diésel podría disminuir marginalmente, la transición de combustibles para el transporte de carga, como en camiones de varias toneladas, será un reto logístico y estructural muy complicado de superar a corto plazo.

Oportunidades y retos en un mundo polarizado

El panorama actual, aunque complejo, presenta oportunidades de inversión en áreas como el almacenamiento y el comercio de energía. Sin embargo, Brito advirtió sobre la diversificación excesiva, recomendando a las empresas concentrarse en nichos específicos.

Finalmente, el ejecutivo de OPIS enfatizó la necesidad de tener acceso a fuentes de información y análisis creíbles para tomar decisiones estratégicas en un entorno tan volátil. «Creemos que lo más importante es que tengan acceso a buenas fuentes de información, que les permitan hacer las mejores estrategias», concluyó.

Así, el futuro del sector energético estará marcado por la incertidumbre, donde la capacidad de adaptación y el acceso a datos precisos serán clave para sortear los retos y aprovechar las oportunidades.