Una alerta temprana

La demanda de energía viene creciendo a un ritmo de 2,6% anual, de tal suerte que el SIN no cuenta con margen de maniobra.

Por: AMYLKAR D. ACOSTA*

Una vez más se asoma amenazante el fenómeno de El Niño, con su consabida temporada de sequía. Este es uno de los dos fenómenos extremos que caracteriza la variabilidad climática, el otro es el de La Niña, la cual se asocia con altas precipitaciones y una ola invernal.

Dichos fenómenos extremos no guardan ninguna periodicidad, sus ciclos son imprevisibles, pero sí son recurrentes, cada vez son más frecuentes, al tiempo que su intensidad y duración son cada vez mayores.

Como pocas veces, en esta ocasión, la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) de EEUU y el Centro Europeo de Previsión Meteorológica a Plazo Medio (ECMWF) coinciden en su pronóstico de una probabilidad de que se presente el fenómeno de El Niño de un 80% en el segundo semestre de 2026. Ello, de acuerdo con sus modelos climáticos, los cuales les permite hacer estas predicciones con cierta antelación. 

Preocupa sobre manera lo que advierte el profesor de Ciencias Atmosféricas de la universidad estatal de Nueva York, en Albany, citado por The Washington Post, que en esta oportunidad se trataría de un Super Niño, “el evento de El Niño más fuerte en 140 años”.

Lo grave para Colombia es que, de cumplirse este pronóstico, el país no está preparado para enfrentarlo, particularmente el sector energético atraviesa por su peor crisis.

Por fortuna, en esta oportunidad el ministro Edwin Palma, a diferencia del negacionismo de su antecesor Andrés Camacho, quien estuvo a punto de llevar al país a un apagón por su imprevisión en el pasado Niño de 2024, ha asumido una actitud proactiva: “Toca anticipar y prepararnos… tenemos la responsabilidad de garantizar la energía y el gas para los hogares colombianos y la industria”, dijo.

Veamos: el Sistema Interconectado Nacional (SIN) tiene un déficit del 2% en 2026 y se proyecta 3,5% para 2027 de oferta de energía firme (OEF), debido al atraso en la ejecución y entrada de proyectos clave tanto de generación (se necesitan hasta 2.500 MW adicionales) como de transmisión, para evitar el entrampamiento de la generación. 

Además, la demanda de energía viene creciendo a un ritmo de 2,6% anual, de tal suerte que el SIN no cuenta con margen de maniobra. Con un agravante, con fenómeno de El Niño, en condiciones de hidrología crítica y ante el bajo nivel de los embalses, tocaría apelar al parque térmico de generación que le sirve de respaldo a las hídricas y se requeriría importar más gas, en momentos en los que la capacidad de importación es limitada. Su provisión, así como los precios del gas licuado, a nivel internacional se está complicando por el conflicto en Oriente Próximo. 

Al déficit de oferta de energía firme (OEF) y a las dificultades para el abastecimiento de combustibles a las térmicas se viene a sumar la crisis financiera que afrontan las empresas comercializadoras de energía, por el impago por parte del Gobierno Nacional de la deuda por los subsidios al consumo de energía que ya supera los $3,6 billones, que amenaza con extenderse a las empresas generadoras, a las que la intervenida Air e les debe más de $2 billones. 

Tanto más, dada la baja resiliencia del SIN, habida cuenta que la generación hídrica, que es la que se verá más impactada por El Niño, participa en más del 60% de la capacidad instalada y, de contera, de los 23 embalses con los que cuenta el país, solo uno de ellos, el del Peñol en Antioquia, que sirve a la hidroeléctrica de Guatapé, tiene una capacidad de regulación mayor a un año, las demás no superan los cuatro meses. De manera que una sequía prolongada apaga el país. 

Tal situación no era inevitable, obedece a la imprevisión, a la improvisación y al chamboneo en este y en anteriores gobiernos, que han impedido que la expansión de la capacidad instalada de generación y de transmisión de energía se dé al mismo ritmo de crecimiento de la demanda.

Sobre todo, el estancamiento de los proyectos de energía eólica en La Guajira, que compromete 2.400 MW, los cuales vendrían a robustecer y a diversificar aún más nuestra matriz eléctrica, garantizando una mayor firmeza y confiabilidad del sistema y, de contera, la tornaría más resiliente frente al fenómeno de El Niño, toda vez que tanto la energía eólica como la solar tienen la propiedad de ser contra cíclicas.

Es urgente superar estos impases, tanto más en cuanto que, como se prevé, la demanda por energía va a seguir creciendo exponencialmente por cuenta de la inteligencia artificial y sus centros de datos, que demandan tanta energía, que ya proliferan por todo el mundo.

Estamos en presencia de lo que los expertos denominan la “tiranía del 24/7”, debido a que los algoritmos de la inteligencia artificial no descansan, no tienen horario ni calendario, requiriendo el suministro de energía eléctrica de manera continua, sin interrupciones, firme y, lo que es más importante, masiva, ya que, según Goldman Sach, el consumo de energía hacia 2030 crecerá el 175%.

*Exministro de Minas y Energía y miembro de Número de la ACCE.