Colombia rompió récords en energía solar y expansión digital, pero el capital global exige certeza regulatoria en un entorno marcado por la volatilidad de mercado y la presión sobre márgenes.
Colombia marcó un punto de inflexión en su matriz energética, debido a que, por primera vez, la generación solar superó al carbón en el balance anual de 2025.
Según la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME), la energía solar consolidó un crecimiento acelerado al alcanzar 4.473,8 GWh, 25% por encima del carbón, que la llevó de una participación marginal en 2022 a convertirse en una fuente energética clave en el sistema eléctrico nacional.
Este avance se da en un momento decisivo para la confiabilidad de la matriz energética, ya que el Ideam y el Ministerio de Ambiente advirtieron que la probabilidad del fenómeno de El Niño se elevó al 90% para septiembre de 2026.
Con anomalías de temperatura proyectadas, se prevé una reducción de lluvias en las regiones Caribe, Andina y Pacífica, lo que presionaría la generación eléctrica solar. Este escenario obliga a acelerar decisiones de inversión y activar fuentes de respaldo ante el riesgo inminente de estrés hídrico.
Este contexto resulta especialmente relevante para el país, ya que coincide con un entorno global más restrictivo para la transición energética: la inversión se está fracturando, con grandes actores que sostienen el rumbo, mientras aquellos con exposiciones moderadas están retirando capital, una tendencia que también impacta a América Latina. Así lo revela el informe Energy Agenda 2026: Returns, Restructuring and Resilience de Bain & Company.
“Lo que estamos viendo en Latinoamérica es una paradoja relevante: la región cuenta con ventajas estructurales para la transición energética, pero está perdiendo atractivo relativo frente a mercados más estables desde el punto de vista regulatorio. En un escenario donde los inversionistas están privilegiando sus propias geografías, la competencia por capital se vuelve más exigente. Esto implica que países como Colombia ya no compiten solo por recursos naturales, sino por su capacidad de ofrecer certezas, marcos regulatorios consistentes y modelos de financiamiento que permitan viabilizar proyectos en un entorno global más selectivo”, explicó Diego García, socio y líder de Energía y Recursos Naturales de Bain para América del Sur.
Basado en una encuesta a más de 800 ejecutivos del sector en 30 países, el informe identifica cuatro tensiones que están redefiniendo la industria energética y de recursos naturales a escala global, con implicaciones directas para América Latina y Colombia.
- La inversión en transición se fractura
No todos los actores de la transición energética van en la misma dirección, pues según el estudio, el 57% de los ejecutivos latinoamericanos afirma que destinará poco capital, específicamente menos del 10% de su portafolio, a áreas de crecimiento orientadas a la transición en 2026, frente al 34% que reportaba la misma posición en 2025.
Del mismo modo, la proporción de quienes invierten de manera significativa, es decir, más del 20% de su portafolio, cayó del 32% al 22% en el mismo período. Este comportamiento muestra un patrón claro: las empresas que ya tenían una apuesta grande la sostienen, aunque de manera más conservadora; y las que apostaban de forma moderada se están retirando.
A nivel geográfico, Norteamérica continúa liderando como destino de inversión en transición energética, pero su ventaja se ha reducido de forma significativa, cayendo de 68% a 46% en un año.
El análisis de Bain muestra que los inversionistas están priorizando sus propios mercados, en un contexto marcado por la incertidumbre regulatoria, la volatilidad geopolítica y políticas energéticas divergentes.
- Una oleada de restructuración se aproxima
El sector energético global no solo está cambiando de fuentes, también está cambiando de manos. Casi dos tercios de los ejecutivos encuestados por Bain esperan que el ritmo de desinversiones, consolidaciones y cierres de activos aumente en su industria durante los próximos dos años, mientras que un 33% no espera cambios significativos y solo un 3% anticipa una desaceleración.
Este giro redefine la relación entre oferta y demanda energética, estableciendo un precedente en el que el crecimiento de la demanda deja de ser solo un desafío operativo para convertirse también en una fuente directa de financiamiento.
En este contexto, la industria también se prepara para una nueva ola de reestructuración. Los ejecutivos anticipan un aumento en desinversiones, consolidaciones y ajustes de portafolio, impulsados por la presión sobre márgenes, el aumento de costos y un entorno regulatorio más complejo. Este proceso apunta a una reconfiguración del sector, donde las compañías buscarán concentrarse en negocios con mayor resiliencia y capacidad de generación de valor.
“Es clave que los ejecutivos del sector no solo anticipen las tendencias globales de inversión, sino que traduzcan estos datos en decisiones concretas de portafolio y abastecimiento. En mercados como Colombia, marcados por una presión sobre la oferta de gas natural, esto ya se refleja en mayores costos y en la necesidad de una planeación más rigurosa; especialmente en un contexto sujeto a tensiones geopolíticas y cambios en el entorno regulatorio” destacó Gerardo Bejarano, senior Manager de Bain & Company.
- La IA demanda energía a una escala sin precedentes
La inteligencia artificial está reescribiendo la economía de la energía eléctrica, pues según el informe “Power Hungry: How AI Will Drive Energy Demand” del Fondo Monetario Internacional, el consumo mundial de electricidad procedente de centros de datos e IA alcanzó más de 500 TWh en 2023, más del doble del promedio de 2015-2019, y podría triplicarse hasta 1.500 TWh en 2030, superando la demanda energética de la India, considerado el tercer país con mayor consumo energético del mundo.
Al mismo tiempo, el crecimiento acelerado de la demanda energética, impulsado en gran medida por centros de datos y aplicaciones de inteligencia artificial, estaría tensionando la capacidad del sistema eléctrico y obligando a redefinir sus modelos de expansión.
Las utilities enfrentan el desafío de aumentar su capacidad en un contexto de presión sobre los precios y la asequibilidad, lo que ha llevado a priorizar soluciones rápidas y financieramente viables, como la extensión de activos existentes y el fortalecimiento de la infraestructura de transmisión y distribución, y el almacenamiento de energía, este último considerado por un 63% de los ejecutivos como una de las principales palancas para responder a este crecimiento.
Sin embargo, el cambio más profundo no es tecnológico, sino financiero. El informe revela que, en Latinoamérica, la coinversión con empresas tecnológicas para financiar infraestructura energética ha aumentado de 33% a 48% en un año, mientras crece la expectativa de trasladar costos a grandes consumidores, incluyendo aumentos en tarifas para estos segmentos. Al mismo tiempo, crece la disposición a trasladar costos a grandes consumidores, reduciendo la dependencia de subsidios estatales.
Para Colombia, la convergencia es inmediata, pues el país cuenta con al menos 40 centros de datos, concentrados principalmente en Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cali. De acuerdo con el informe “Proyección de la demanda de energía eléctrica y potencia máxima 2025-2039” de la UPME, la demanda eléctrica nacional crecerá un 2,33% anual desde 2025 hasta 2039, una curva que se acelera si se incorpora el efecto de la expansión de data centers intensivos en IA.
- La IA en las empresas: muchos experimentos, poco retorno
Según el informe de Bain, dentro de las propias compañías del sector energético y de recursos naturales, el diagnóstico de la IA es revelador. “La inteligencia artificial se ha instalado con fuerza en la agenda del sector energético, pero todavía no ha demostrado su capacidad de generar valor a escala. Aunque cerca de dos tercios de las compañías están en fases piloto, solo un 25% ha logrado traducir esas iniciativas en resultados medibles, y menos de un 10% ha avanzado hacia transformaciones organizacionales. El desafío hoy no es adoptar IA, sino convertirla en una ventaja competitiva real”, agrega el ejecutivo de Bain.
El principal obstáculo, citado por casi la mitad de los encuestados, es que los objetivos de IA no están claramente definidos ni vinculados a un valor de negocio concreto.
Las aplicaciones más maduras son atención al cliente, investigación y desarrollo, operaciones y mantenimiento; mientras que las menos desarrolladas incluyen gestión de proyectos de capital y funciones corporativas como estrategia y cumplimiento.
En un sector donde la velocidad de los cambios tecnológicos, geopolíticos y regulatorios supera la capacidad de respuesta de muchas organizaciones, la ventaja competitiva no la definirá quién tiene más recursos, sino quién toma decisiones más rápido y con mayor claridad estratégica.