El GLP gana protagonismo ante desabastecimiento de gas natural

Mientras el país podría tardar entre 8 y 10 años en recuperar el autoabastecimiento de gas natural, el GLP se consolida como garantía de estabilidad y respaldo energético.

Colombia atraviesa un momento crítico en materia energética. El país avanza hacia una mayor importación de gas natural para garantizar el abastecimiento de hogares, comercios, industrias y transporte, mientras la recuperación del autoabastecimiento podría tardar entre 8 y 10 años.

Este nuevo escenario exige soluciones inmediatas, confiables y competitivas que permitan reducir riesgos de desabastecimiento y evitar retrocesos ambientales.

En ese contexto, el Gas Licuado de Petróleo (GLP) se consolida como un actor estratégico dentro del balance energético nacional.

Durante 2025, cuando el país perdió la autosuficiencia en gas natural, el GLP demostró su capacidad de respaldo.

Durante el mantenimiento de la única terminal de regasificación en operación en el país, fue utilizado como sustituto del gas natural para garantizar la continuidad energética, lo que evidenció que el GLP no es un energético capaz de contribuir a la estabilidad del sistema en momentos críticos.

El GLP en cifras

Entre enero y agosto de 2025, Colombia importó en promedio más de 23.000 toneladas mensuales de GLP, casi el doble que en el mismo periodo de 2024 (12.967      toneladas mensuales), superando incluso en meses como enero, julio y agosto las 33.000 toneladas, un nivel inicialmente previsto para 2026.

Los datos reflejan una mayor integración del GLP en procesos industriales, operaciones del sector energético y soluciones para regiones no conectadas al gas natural.

Adicionalmente, entre enero y noviembre de 2025 se ofrecieron al mercado más de 683.000 toneladas de GLP, con una media mensual de 62.154 toneladas, lo que evidencia un crecimiento de este energético dentro del suministro nacional y su papel en la recomposición del balance entre consumo interno e importaciones.

En 2026, el país continuará fortaleciendo su infraestructura para importar gas natural licuado. Aunque estas importaciones permitirán garantizar estabilidad en el corto plazo, implican mayores costos frente al gas producido en el país y mayor exposición a la volatilidad internacional.

El GLP ofrece ventajas concretas: reduce hasta en un 20% las emisiones frente a la gasolina y hasta en un 50% respecto al carbón, es flexible en su transporte y almacenamiento y cuenta con una red de distribución consolidada que permite llegar a territorios no conectados por gasoducto.

Además, su utilización evita que sectores productivos regresen a combustibles más contaminantes ante eventuales restricciones de gas natural.

“La coyuntura que vive Colombia demuestra que la seguridad energética no puede depender de una sola fuente. El GLP ha probado que puede respaldar el sistema en momentos críticos y complementar el gas natural de manera eficiente y competitiva”, afirmó Sara Vélez, directora Ejecutiva de Agremgas.

“Es el momento de reconocer el papel estratégico del GLP dentro de la matriz energética y fortalecer políticas que impulsen su integración en la transición energética del país”, agregó.

Agremgas subraya que, si bien la inversión en exploración es clave para recuperar la soberanía energética en el mediano plazo, el país requiere soluciones disponibles hoy.

El gas producido en el país es más competitivo que el importado; sin embargo, mientras se desarrollan nuevos proyectos, el GLP representa una herramienta inmediata para garantizar continuidad, competitividad industrial y estabilidad en el suministro, por eso, es momento de integrarlo estratégicamente como pieza estructural del sistema energético nacional.