Hacia dónde va Colombia en materia energética

El balance del gobierno Petro en materia energética es desalentador. Líderes de la industria hicieron el diagnóstico y presentaron propuestas para el próximo gobierno, en un foro organizado por Semana.

Durante el ‘Gobierno del Cambio’, Gustavo Petro logró lo que propuso en campaña: marchitar el sector minero energético, —el principal renglón de exportaciones y el que más divisas le genera a Colombia—, desabastecer de gas al país y llevarlo al borde un nuevo apagón eléctrico. En consecuencia, el próximo gobierno tendrá entre sus prioridades recuperar el sector.

Estas son las principales conclusiones del panel sobre energía que se realizó el pasado 4 de febrero en Bogotá en el Gran Foro Colombia 2026 ¿Para dónde va el país?, organizado por las revistas Semana y Dinero.

En la introducción al panel, el economista y exministro de Minas y Energías, Amilkar Acosta, señaló: “Estábamos bien advertidos de cuál iba a ser la política de este gobierno en materia minero-energética: no al extractivismo y una transición energética entendida como el reemplazo de las energías convencionales por las energías no convencionales… Lo que ha llevado a una política de marchitamiento prematuro del sector extractivo, y también a una crisis inducida del sector eléctrico.”

En ese contexto, Acosta le preguntó a Frank Pearl, presidente de la Asociación Colombia de Petróleo, Gas y Energía (ACP), cuáles son los pasos indispensables para poder reactivar el sector extractivo, particularmente la industria del petróleo, que ha visto caer la inversión extranjera directa, el número de taladros activos y el número de pozos perforados.

FRANK PEARL: Es claro que las economías, los tratados de libre comercio y los instrumentos de política comercial se han convertido hoy en una herramienta de ejercer poder e influencia. Los bloques económicos y los bloques comerciales que teníamos hace unos años se están reordenando y ese reordenamiento deja a Colombia en una situación muy precaria, porque somos un país que en los últimos 20 años no hemos logrado aumentar la competitividad y la productividad de los sectores económicos.

Para poder competir en el orden internacional, para poder tener una economía que tenga algo de influencia, para poder beneficiarnos de las divisas y de los mercados de otros países, primero tenemos que ordenar la casa y eso significa aceptar que no tenemos una agenda económica clara, que el 57% de los trabajadores en Colombia están en la informalidad, que 7 millones de colombianos no tienen 3 comidas diarias, que tenemos 7 años de reservas de gas, menos de 6 años de reservas de petróleo, que más del 80% de las vías terciarias están en pésimo estado, que hay gente sin agua, sin luz; es decir, somos un país donde las diferencias entre centro y periferia cada vez son más abismales. Entonces, tenemos que organizarnos y hacer varias cosas:

Primero, volver a organizar el territorio. Los decretos y resoluciones que ha expedido este gobierno han generado un caos institucional. Una nación es el conjunto de actividades sociales y económicas que se despliegan en su territorio. A Colombia le falta orden en eso. Aquí afortunadamente hay tierra y espacio para todos y para todos los sectores.

En segundo lugar, los sectores estratégicos como el de la energía tienen que ser prioritarios, independientemente de quién gane las elecciones. Un sector que generaba el 25% de los ingresos fiscales, el 30% de las exportaciones, tiene que fortalecerse. Entonces nosotros tenemos que ser un país fuerte internamente para ser fuerte externamente.

Lo que hay que hacer es sacar todo el petróleo y todo el gas que podamos con los estándares sociales y ambientales más altos posibles, pero acompasando ese aumento en la producción para ir ganando soberanía e ir fortaleciendo las finanzas públicas, con reformas en el Sistema Generale de Regalías y otros instrumentos de política pública, para lograr que los recursos de sectores clave como este y el sector minero lleguen realmente a las regiones, para que tengamos economías formales, competitivas y para que disminuyamos la inequidad social.

Pero para eso necesitamos un gobierno que crea en la capacidad del sector empresarial y un sector empresarial que se comprometa a fortalecer la institucionalidad y no se quede como espectador.

¿Y el gas natural?

Seguidamente, Acosta señaló que, si bien el gas natural es considerado el energético de la transición, fue donde primero hizo crisis la política de no firmar nuevos contratos de exploración y explotación de hidrocarburos, por lo que desde diciembre de 2024 Colombia perdió la autosuficiencia, y la dependencia de las importaciones es cada día mayor.

Esa falta de la molécula ha llevado a muchas industrias a volver a quemar carbón, combustibles líquidos derivados del petróleo o gas licuado del petróleo (GLP). Es decir, es el retroceso de la transición energética.

En ese sentido, le preguntó al gerente Legal y de Asuntos Corporativos de Colgas, Luis Felipe Ocampo, ¿cuáles serían los pasos a seguir?

LUIS FELIPE OCAMPO: La crisis de producción de gas natural, que también ha afectado al GLP, se refleja en que hace un par de años importábamos más o menos el 10% del producto. Hoy estamos llegando al 60%. Pero también, en un periodo de cuatro meses, por la falta de gas natural, hemos hecho la infraestructura para atender 70 industrias, obviamente a marchas forzadas.

En esa dinámica, recuperar la producción nacional es fundamental, pues el producto importado encarece la venta al público. Pero creo que también nos deja una enseñanza muy importante esta situación, y es la competitividad por lo que hay que tener opciones.

Se están viendo grandes esfuerzos por hacer infraestructura de regasificación, infraestructura que va a necesitar seguridad jurídica y seguridad en las zonas. La energía no puede llegar si tenemos graves problemas de orden público y grandes problemas de orden social.

También se debe hacer foco en la transición. Colombia tiene una pobreza energética de alrededor del 23% y muchas industrias están utilizando todavía combustibles altamente contaminantes.

En conclusión, tenemos que mantener la diversificación, pues es mucho más fácil construir una transición si se tienen distintas opciones. Por ejemplo, las energías renovables pueden sustentarse desde la tranquilidad que los energéticos tradicionales no van a dejar un territorio sin suministro. Por lo tanto, las energías renovables van a entrar primero donde son más eficientes y en los contextos donde son más favorables.

Transición energética y desarrollo, ¿cuál priorizar?

Sobre la transición energética, Acosta anotó que no existe una receta universal de cómo debe hacerse. Esa hoja de ruta debe consultar las realidades de cada país.

Colombia es un país que depende de la actividad extractiva, el petróleo y el carbón, sus dos principales renglones de exportación, de generación de divisas y de generación de ingresos para financiar el Estado.

Pero, cuando se mira la realidad de Colombia, el sector energético, contrariamente a lo que ocurre en el resto del mundo, no es el que más contribuye a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

En Colombia, los factores que más contribuyen a las emisiones de GEI, que tampoco son significativos, estamos por debajo del 0.5%, son el cambio de uso del suelo, la agricultura y la deforestación.

En ese sentido, le preguntó a Brigitte Baptiste, rectora de la Universidad EAN, cómo hacer compatible la transición energética con la economía, con el crecimiento del país, cómo compatibilizar el avance con el compromiso de reducir emisiones, sin que eso ponga en riesgo la sostenibilidad fiscal y el crecimiento de la economía.

BRIGITTE BAPTISTE: Yo creo que la transición energética fue cooptada en Colombia por un discurso ideológico, pero sobre todo acientífico, por un discurso que no escuchó en absoluto las cifras acerca de las contribuciones de gases de efecto invernadero de los distintos actores, que no escuchó la importancia que tenían esos sectores en la construcción de territorios sostenibles, y sobre todo no permitió que se produjera nuevo conocimiento ni se direccionara la investigación hacia la construcción de una canasta mixta de energías sana, donde las eficiencias fuesen uno de los factores, por lo cual se decidió privilegiar una forma de operar la transición en la cual se está apagando gran parte de lo que ya estaba construido y propuso que la generación de energía fuese entendida como un problema de la economía popular, y ahí hay una gran incompatibilidad porque la perspectiva es tan importante que solamente una estructura corporativa puede dar soluciones de escala.

Es la visión agrarista que tiene el gobierno actual, que piensa en un país campesino de familias autosuficientes, sin necesidad de crear redes complejas de acceso a la energía, es una especie de paraíso utópico campesino.

Entonces, cómo salir de eso. Hay la oportunidad en la reconstrucción de un sector vigoroso de petróleo, gas y minería para hacer la transición para todos los colombianos, con una perspectiva regenerativa, que todas esas industrias contribuyan con la restitución del medio ambiente; porque ahí es donde están los recursos suficientes para realmente dar un salto hacia un modelo de sostenibilidad robusto y científicamente soportado.

¿Ad portas de un apagón?

El sector eléctrico colombiano afronta una crisis inducida que se parece mucho a la crisis inducida del sector salud. Acosta señaló que el gobierno ha tomado una serie de medidas que de una u otra manera han puesto en riesgo la confiabilidad y la firmeza en la prestación del servicio de energía eléctrica.

Inicialmente, cuando se planteó la transición energética 1.0, se trataba de sustituir, de reemplazar a la energía térmica incluso la energía hídrica, a pesar de que la hídrica también es renovable, para abrirle espacio a las fuentes no convencionales de energías renovables, básicamente eólica y solar.

Pero con la irrupción de la inteligencia artificial y los centros de datos se ha registrado un crecimiento exponencial del consumo de energía y se ha llegado a plantear ahora una nueva versión de la transición energética, 2.0, que no se trata de reemplazar unas tecnologías por otras sino de complementariedad, porque se van a requerir en el corto y mediano plazo de todas las tecnologías.

Además, el sector eléctrico en Colombia está en máximo grado de estrés por el atraso en la entrada de una serie de proyectos, que tienen al país en este momento con un déficit de oferta de energía firme.

En este contexto, Acosta le preguntó a Natalia Gutiérrez, presidente Ejecutiva de la Asociación Colombiana de Generadores de Energía Eléctrica (Acolgen), cómo ve la posibilidad de remover los obstáculos que impiden que se pueda dar la transición energética, sin poner en riesgo ni la seguridad ni la soberanía energética.

NATALIA GRUTIÉRREZ: Sin seguridad energética no va haber transición energética. Hay la sensación de que el país está avanzando en energías limpias, lo cual es cierto y es bienvenido, pero resulta que esa energía no es firme como lo es la térmica y la hidráulica, que son las que nos han mantenido encendidos los últimos 30 años y que decidimos de manera premeditada renunciar a ellas.

Hoy estamos en un déficit de energía firme de menos 1.5% y el próximo año podemos estar en menos 3.6%. Esto quiere decir que en un próximo fenómeno de El Niño no tenemos el parque de generación suficiente para atender la demanda de energía de todo el país.

Entonces, ya estamos en una situación muy grave que venimos advirtiendo hace por lo menos 3, 4 años; pero el obstáculo más grande que tenemos, el mayor cuello de botella en este momento en el sector para hacer estas inversiones, no es el licenciamiento ambiental, no son las consultas previas, llevamos 30 años trabajando con comunidades, 30 años aplicando los mejores estándares para sacar adelante el licenciamiento ambiental, hoy el cuello de botella más grande es que no tenemos reglas de juego claras.

Nosotros tenemos que hacer inversiones anuales de entre 10 y 13 billones de pesos para atender la demanda de energía, plata que ponen los generadores a propio riesgo, sin plata del presupuesto general de la Nación, pero la falta de reglas claras es lo que tiene congelada la inversión durante estos últimos años.

Claro que tenemos que seguir con una transición energética, pero sobre la base de sumar energías, no de excluir energías, y esta es una conversación que se está dando a nivel mundial porque la demanda de energía va a crecer de tal manera que vamos a necesitar todo tipo de energía.

En el caso colombiano, donde tenemos gas, agua, carbón, viento y sol, lo único que no tenemos en este momento son reglas de juego claras para poder hacer las inversiones. Este sector ha invertido en los últimos 30 años más de 140 billones de pesos y por eso hemos estado encendidos los últimos 30 años

El mensaje es que sin energía firme no vamos a tener transición energética. La conversación de transición se muere el día que se nos dañe la comida en la nevera, y el cuello de botella más grande que tenemos en este momento para poder hacer las inversiones es una falta de reglas claras, para hacer apuestas que son a 15, 20 y 30 años para tener el país encendido.