Enel-Codensa aumenta capacidad en Cota, Siberia y Funza

La Compañía aumentó 70 MVA (millones de voltiamperios) la capacidad de la Subestación Noroeste, con una inversión de $9.500 millones. 50.000 clientes residenciales, comerciales e industriales se verán beneficiados con estos trabajos.

13 de julio de 2020.   Teniendo en cuenta que las provincias de Sabana Centro y Sabana Occidente lideran el Índice de Competitividad de las Provincias de Cundinamarca, al ser regiones con un importante desarrollo en temas de infraestructura, vivienda, salud y educación, Enel-Codensa avanza en su plan para fortalecer y expandir la infraestructura eléctrica de estos municipios, con el objetivo de atender la creciente demanda de energía que está teniendo el noroeste de Cundinamarca.

Con una inversión de $9.500 millones de pesos, la Compañía aumentó en 70 MVA (millones de voltamperios), la capacidad de la Subestación Noroeste, con el fin de mejorar la confiabilidad y operatividad del servicio de energía para los clientes residenciales, comerciales e industriales de los municipios de Cota, Siberia y Funza.

Como Compañía, somos conscientes de la importancia estratégica de la Sabana de Bogotá para el desarrollo de la Capital y del departamento de Cundinamarca. Esa es la razón de ser de este proyecto, el cual beneficiará a 50.000 usuarios y se suma a las ampliaciones que hemos venido realizando durante el 2020, en Sabana Centro y Sabana Occidente, como en la Subestación ‘La Punta’ en Tenjo y la Subestación Mosquera”, aseguró Ximena León, subgerente de la Unidad Operativa de Cundinamarca de Enel-Codensa.

La repotenciación de la Subestación Noroeste, que involucra además una completa actualización tecnológica, incluye la instalación de dos nuevos transformadores de 40 y 30 MVA, una moderna casa de control, barras de distribución y un patio de 115 KV.

El aumento de capacidad de la Subestación Noroeste hace parte del robusto plan de inversiones, modernización y expansión que la Compañía viene realizando en toda su área de operación, con el objetivo de mejorar la calidad, estabilidad y continuidad del sistema de distribución de energía en Bogotá y Cundinamarca.

Perú reactiva las conversiones a GNV en siete regiones del país

El Ministerio de Energía y Minas del Perú promueve el acceso a una energía limpia, económica y amigable con el medio ambiente, contribuyendo así con la mejora de la calidad de vida de los peruanos.

13 de julio de 2020.   El Ministerio de Energía y Minas del Perú, a través del Fondo de Inclusión Social Energético (FISE), reactivó el programa BonoGas Vehicular que permitirá a usuarios de siete regiones del país acceder al financiamiento de la conversión a gas natural de sus vehículos, con una tasa de interés atractiva para promover el uso del combustible gaseoso en el transporte.

Los interesados deben iniciar la gestión correspondiente en las sucursales de las entidades crediticias que participan del programa BonoGas Vehicular, ubicadas en Piura, Lambayeque, La Libertad, Junín, Ica, Lima y Callao, donde actualmente existen estaciones de servicio de gas natural.

A través de BonoGas Vehicular, el usuario accede a un financiamiento de hasta 5 años, con una tasa de interés baja y el pago flexible de cuotas, a través de entidades crediticias o durante la recarga de gas natural en la estación de servicio.

La conversión de vehículos a gas natural se efectuará en cumplimiento estricto de los protocolos de salud y seguridad, para evitar la propagación del coronavirus entre los usuarios y trabajadores de los talleres autorizados que realizan estas actividades.

Actualmente, el FISE trabaja en el fortalecimiento, a corto plazo, del Programa BonoGas Vehicular, a fin optimizar el proceso de financiamiento para la conversión de vehículos de diferentes categorías a través de alianzas estratégicas.

De esa manera, el Ministerio promueve el acceso a una energía limpia, económica y amigable con el medio ambiente, contribuyendo asimismo en la mejora de la calidad de vida de más peruanos.

Los estragos económicos de la pandemia de la Covid-19

El exministro Amilkar Acosta se adentra en el estudio y análisis de la actual coyuntura económica y social del país, agravada por la pandemia de la Covid-19, y otea el panorama hacia el futuro, así como las acciones remediales y de mitigación de sus desastrosos efectos. 

Por: AMYLKAR ACOSTA MEDINA*

11 de julio de 2020.   Han transcurrido más de cien días desde el 6 de marzo, cuando la pandemia de la Covid-19 tocó a las puertas de Colombia y el Ministerio de Salud confirmó el primer contagio en Cartagena, obligando al Gobierno a tomar medidas de prevención primero, de contención después y posteriormente de mitigación, que es la fase en la que estamos, a la espera de que se aplane la curva y se llegue al pico de los contagios, sin descartar un eventual rebrote.

Las medidas de confinamiento de la población han repercutido en una virtual parálisis de la economía, afectada además por la caída de los precios y la producción tanto del petróleo como del carbón. Su impacto en el empleo, en el ingreso y en el bienestar de los colombianos no tiene antecedentes, tanto por su magnitud como por su persistencia, poniendo a prueba la estructura económica y social del país.

Según las estimaciones, optimistas por lo demás, del Ministerio de Hacienda, reveladas en el Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP), la caída del PIB este año sería del –5.1%, y pensando con el deseo proyecta un efecto rebote del crecimiento que se traduciría en un incremento del PIB el año entrante de 6.6%.

Pero todo indica que el ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla estaría, como diría el escritor mexicano Octavio Paz, a las afueras de la realidad. En efecto, según el FMI el decrecimiento de la economía colombiana en 2020 sería de –7.8% y para el año entrante su proyección de crecimiento no supera el 4.0%, yéndonos bien.

El de este año sería el peor desempeño de la economía colombiana en más de cien años y la más devastadora de las crisis, superando en sus estragos la crisis de la deuda de los años 80 del siglo XX, la de 1999 y la más reciente, la crisis financiera 2008 – 2009.

La curva de la tasa de desempleo no se aplana

Colombia había tardado 15 años, contados desde 1999, para alcanzar una tasa de desempleo de un solo dígito, pero la dicha sólo duró 6 años, entre 2013 y 2018, pues a partir del 2019 volvió a registrar una tasa de desempleo de 10,5%. Y, lo que es peor, la tasa de informalidad laboral se situó para ese mismo año en 47%.

Con la contracción de la economía la destrucción de empleo elevó aún más el desempleo y la informalidad, la mayor parte de estos ocupados por cuenta propia. Según ANIF, la pérdida de empleo formal podría situarse en un intervalo que va del 18,5% al 22,5%. Entre tanto, según la misma fuente, el 68,2% de la población ocupada en situación de vulnerabilidad eran trabajadores informales y representan el 44,8% del total de trabajadores informales del país.

Entre marzo y abril se perdieron cuatro millones de empleos, 1 de cada 5 de quienes estaban trabajando quedaron cesantes y en mayo, dado que en este último mes empezó la reapertura gradual de la actividad económica, se recuperaron 738.000.

No obstante, al flexibilizarse la medida de confinamiento, muchos de quienes permanecían inactivos retornaron a buscar trabajo, aumentando así la tasa de participación, lo cual explica que la tasa de desempleo entre un mes y el otro subió del 19,8% al 21,4%, la más alta desde que se tienen registros, la más alta de Latinoamérica y la más alta entre los 37 países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE). Según el DANE, de los 4´694.000 desocupados en mayo, el 43,5% perdieron su empleo a consecuencia de la crisis.

El retroceso en los indicadores sociales

De acuerdo con un estudio adelantado por la compañía Kantar, el 80% de los hogares colombianos ha visto reducir sus ingresos en medio de la pandemia. Entre los meses de abril y mayo los hogares colombianos, especialmente los de los más bajos estratos, teniendo en cuenta que cada uno de ellos percibe en promedio la suma de $1.068.000 mensuales, al perder el empleo, dejaron de devengar cerca de $10,5 billones, un punto porcentual del PIB.

Ello se tradujo en un aplastamiento de la clase media, categoría en la que de acuerdo con el DANE se ubicaban en 2018 14,9 millones de personas, el 30,8% de la población, ahora venida a menos.

Según el BID, la clase media que había alcanzado a representar el 30% de la población se redujo a sólo el 12,7. Pero el golpe más demoledor se siente en el aumento de la pobreza, al dispararse desde el 29,8% hasta el desconcertante 59,5%.

Ya lo había advertido el director de Fedesarrollo Luis Fernando Mejía: “Se va a perder mucho de lo que se ha ganado en lo corrido del siglo”. Y no es para menos, una vez más el número de pobres volverá a superar al número de quienes se habían visto favorecidos por la movilidad social ascendente. Definitivamente, como lo acota Mejía, este choque, refiriéndose a la clase media, “les pega de una manera más profunda y seguramente más permanente”.

Con el propósito de salvar y rescatar a las empresas ad portas de su iliquidez, insolvencia y en no pocos casos de su liquidación, y de paso proteger el empleo y el ingreso de los trabajadores, amén de la potenciación y ampliación de los programas asistenciales del Estado enfocados a los más vulnerables, el Gobierno se ha visto precisado a aumentar sensiblemente el gasto público, a tal punto que, según el MFMP al cierre de este año, en el que se planeaba un déficit fiscal de 2,2%, este será del orden del -8,2% ($80 billones, aproximadamente).

Sumando peras con manzanas

Huelga decir que el Gobierno Nacional no ha sido claro con las cifras y ha venido jugando con ellas. Se ha llegado a afirmar por parte del Ministerio de Hacienda que el gasto extra en el que ha incurrido la Nación al amparo de la Emergencia económica, social y ambiental I y II asciende a $117,7 billones. Ello justificaría, además de la suspensión de la Regla Fiscal, que ya se hizo, elevar en 15 puntos porcentuales la deuda pública este año, desde el 50,1% del año anterior hasta el 65,6% del PIB.

Sin embargo, a juicio del Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana, en plata blanca, los recursos comprometidos a través del Fondo de Mitigación de Emergencias (FOME) para sortear esta emergencia apenas sí superan los $25,4 billones (2,4% del PIB), muy inferior al esfuerzo que han hecho otros países de la región, tales como Chile, Brasil y Perú, los cuales han dispuesto de paquetes de asistencia y subsidios del orden del 5,7%, 4,6% y 4,5% del PIB, respectivamente.

Es más, dicho Observatorio fue más lejos al afirmar que este manejo acomodaticio de las cifras, en las que se están sumando peras con manzanas, viola la Ley 1712 de 2014 de Transparencia. Y tiene toda la razón, pues a lo gastado efectivamente en la emergencia (transferencia de recursos para la salud, subsidios a la nómina, pago de primas, los programas de Familias en Acción o Ingreso Solidario, etc.) no se le pueden sumar olímpicamente la “capacidad de colocación de crédito garantizado” a través del Fondo de Garantías ($60,2 billones), el “mayor desahorro permitido del FONPET a las entidades territoriales” ($1,84 billones) y medidas del Banco de la República para darle liquidez a los bancos comerciales($23 billones), entre otros, para concluir que el tamaño del paquete de estímulo fiscal del Gobierno es de $117,7 billones, una suma estrafalaria sacada del sombrero, del orden del 11,03% del PIB.

La necesidad de los “ventiladores”

Ahora bien, como lo sostiene El Tiempo, “asumir que todos los gastos extraordinarios generados por la pandemia, 2.5% del PIB, desaparecerán el año entrante es una apuesta arriesgada”. De modo que plantear, como lo hace el MFMP, que el gasto público bajará más de 3 puntos porcentuales del PIB el año entrante, desde el 23,8% del PIB hasta el 20,7% es totalmente desatentado, pues la crisis se prolongará más allá de diciembre de este año, lo que hará imperiosa la necesidad de mantener los “ventiladores” a las empresas y a la población vulnerable por un tiempo más prolongado. De otro modo se abortaría la reactivación en ciernes que empieza a mostrar los primeros retoños, aún verdes. Ello, desde luego, demandará más recursos. Tampoco es realista plantear una reducción del déficit fiscal en algo más de 3 puntos porcentuales del PIB entre este año y el entrante, pasando del -8,2% al -5,1%.

Según el MFMP, sólo en 2022 se requerirá un mayor esfuerzo fiscal tendiente a elevar los ingresos desde el 15,6% del PIB en 2020 al 17,4%, es decir 2,2 puntos porcentuales del PIB adicionales, equivalentes a $20 billones, aproximadamente. La política keynesiana que se puso en marcha, caracterizada por el activismo del Estado para dinamizar la economía, no se puede abandonar sin poner en riesgo lo alcanzado hasta ahora.  

Definitivamente los tiempos del Ministerio de Hacienda no son los de la economía, cuyo cronómetro seguirá marcando las horas. No hace sentido postergar, como lo plantea el MFMP, la reforma tributaria que se requerirá para arbitrar los recursos en orden a enjugar el déficit fiscal y servir la abultada deuda que heredará la próxima administración. Esta reforma tributaria no se puede aplazar por simples cálculos políticos más allá del año entrante, con el fin de desactivar la bomba fiscal que está a punto de estallar.

Esta reforma, obviamente, además de ser estructural, debe empezar por desmontar el cúmulo de gabelas impositivas injustificadas, que le cuestan al fisco 6,6% del PIB, que han perforado la base tributaria, al punto que el Estatuto Tributario, vigente desde 1989, se asemeja más a un queso gruyere, al tiempo que debe disponer de medidas drásticas para suturar la vena rota que constituyen la evasión y la elusión fiscal. Sólo así se podrá cumplir con lo preceptuado por el artículo 363 de la Constitución Política, en el sentido que el Sistema Tributario debe fundarse en los principios de equidad, eficiencia y progresividad, los cuales, según la Comisión del gasto, creada mediante la Ley 1819 de 2016, “no cumple”.

A Napoleón Bonaparte se le atribuye esta frase: “Si quieres solucionar un problema, nombra un responsable; si quieres que el problema perdure, nombra una Comisión”. Y esto último fue lo que hizo el Gobierno, nombró una Comisión para que adelantara un “estudio de beneficios tributarios”, facultado para hacerlo por la Ley 2010 de 2019, la cual fue reglamentada por la Resolución 1046 del 27 de abril. Y en esta se dispuso que el plazo que tendrá dicha Comisión para presentar su propuesta es de 18 meses “contados a partir de la designación de los miembros expertos internacionales” y esto último sólo se dio el 17 de junio a través del decreto 855 de 2020. Es decir, que dicho plazo se extiende hasta diciembre de 2021.

Ante la reticencia del Gobierno a tramitar prontamente una “reforma fiscal de amplio espectro”, como la que se plantea en el MFMP, opta por la línea del menor esfuerzo, el de las privatizaciones, en procura de $12 billones. Como ya lo habíamos advertido, en uno de los últimos decretos–ley expedidos al amparo de la Emergencia económica, social y ambiental 2.0, el 811 del 4 de junio, previsivo el ministro Carrasquilla, se invistió al presidente Iván Duque de la facultad para enajenar “la participación accionaria del Estado… que posea en determinada empresa” listada en Bolsa.

En su capítulo II se establecieron las “disposiciones especiales para la enajenación de acciones de la Nación en sociedades inscritas en Bolsa”. Ello tiene nombre propio, se trata de un nuevo intento de vender las dos joyas de la corona, ISA y ECOPETROL, que ha sido recurrente en este Gobierno. Pero, abrigo la esperanza que esta vez, como en las anteriores, los colombianos impedirán que se vendan estos activos estratégicos de la Nación, como quien vende la nevera para ir a mercar.

Los retos de la postpandemia

Sin saber cuándo se empezará a aplanar la curva de contagios ni cuándo se alcanzará el pico de la pandemia, no obstante, ya se han dado los primeros pasos tendientes a reactivar la actividad productiva, después de casi un semestre de letargo y así recuperar la senda de crecimiento.

En el entendido que la economía colombiana deberá crecer más y mejor hacia el futuro. Entre 2010 y 2019 el crecimiento promedio del PIB fue de 3,6% y, según las proyecciones de la firma calificadora de riesgo Fitch Ratings, entre 2020 y 2029 dicho crecimiento sería de un anémico 2,6%, insuficiente para generar empleo en lugar de seguir destruyéndolo, que era lo que venía sucediendo incluso antes de la actual crisis atribuible a la pandemia.

Hemos dicho que más que una reactivación lo que se impone hacia el futuro es una reestructuración de la economía, que pasa por su modernización y diversificación, las cuales demandarán ajustes en el mercado laboral. Hay que partir de la base que así como muchas empresas sobrevivirán a la actual coyuntura, muchas otras están sucumbiendo a ella, de la misma manera que muchos de los empleos destruidos no se van a poder recuperar ni el corto ni en el mediano plazo.

De allí la importancia de la implementación por parte del Estado de un plan de choque de rescate de empresas, especialmente las micros, pequeñas y medianas, así como también se hará necesaria una estrategia que permita la creación de empleos de emergencia, así sean temporales.

Proyectos como la ejecución de un ambicioso programa de construcción de vías terciarias es un buen ejemplo de lo que se debe hacer, porque, además de ser intensivas en mano de obra, contribuyen a desembotellar amplias zonas rurales del país en donde la producción agrícola está confinada por falta de vías de acceso. Con tal fin se podría disponer de los recursos remantes que permanecen sin ejecutarse aún en el Sistema General de Regalías (SGR) cifrados en $6 billones.

Ello es tanto más urgente habida cuenta que el estímulo a la oferta sin respuesta por el lado de la demanda es insostenible. Una de las lecciones aprendidas de esta crisis es la fragilidad de un mercado laboral en el que prima la informalidad, de allí que uno de los mayores retos sea promover la formalización laboral. Y la mayor “flexibilización”, como oportunistamente la plantean algunos, riñe con la formalización, pues la misma tiende a precarizar aún más de lo que está el trabajo, so pretexto de “formalizarlo”.

Se impone también la necesidad de implementar un programa intenso de reconversión laboral, ya que muchas de las empresas, de todas las ramas y tamaños, por fuerza de las circunstancias, han tenido que introducir cambios tecnológicos, tales como la automatización y la digitalización, amén del teletrabajo, de suerte que ello puede dar pie a un desacople entre la oferta y la demanda laboral. En ello pueden jugar un papel importante el SENA y los institutos tecnológicos; es más, desde ya se pueden ofrecer dichos programas aprovechando que se prolonga el aislamiento preventivo en los hogares. Como bien dijo Schumpeter, “difícilmente se mantienen algunas de las formas de hacer las cosas que fueron óptimas antes”, lo cual lo llevó a formular su conocida teoría de la “destrucción creativa”.

Volver al campo

Mención aparte merece la atención al campo colombiano, al que desde hace tres décadas se le dio la espalda. Con la apertura atolondrada que se decretó en 1991 se arrasó con la producción agrícola y se abrió el país a la importación masiva de los excedentes agrícolas de otros países, en especial desde EEUU. El primer impacto fue la contracción del área cultivada que, excluyendo el café, se redujo en “936.255 hectáreas entre 1990 – 1999. Así las cosas, el 25% del área cultivada en 1990 había salido de la producción”.

Más recientemente, el área sembrada en el país en lugar de ampliarse se ha seguido reduciendo. Ello se puede constatar al cotejar el resultado del Censo Agropecuario adelantado en 2014, que daba cuenta de 7,1 millones de hectáreas cultivadas, con las 5,3 millones de hectáreas que reportó la Encuesta Nacional Agropecuaria (ENA) cinco años después, en 2019, de 43 millones de hectáreas con vocación agropecuaria, esto es, el 12.3%. Una vez más, el área cultivada se redujo en un 25%, esta vez en un lustro, al tiempo que el sector agrícola pierde participación en el PIB, al punto que después de haber alcanzado el 18% en 1990 hoy a duras penas contribuye con el 6.3%, la tercera parte y siempre creciendo por debajo del crecimiento del PIB total.

Ello explica que Colombia, dotada de agua, suelo y con todos los pisos térmicos, catalogada por la FAO como una de los primeros diez países en el mundo por su potencial para contribuir con la seguridad alimentaria a nivel global, después de importar 750.000 toneladas de alimentos en 1990, en 2009 ya importaba 8 millones de toneladas y diez años después, en 2019, 14 millones de toneladas. Y ello, a pesar de que en 1991 se consagró en el artículo 65 de la Constitución Política que “la producción de alimentos gozará de la especial protección del Estado”. Esto es insólito, inaudito, máxime que, como dijera el reconocido agricultor, biólogo y filósofo japonés Masanobu Fukuoka, “la alimentación y la agricultura son el frente y la espalda de un mismo cuerpo”.

Por ello, me parece de la mayor importancia la propuesta del “revolcón agrario nacional” del experto en el tema Andrés Espinoza Fenwarth y comparto su invitación a imitar el “milagro agropecuario peruano y en particular la Ley de Promoción Agraria de Estado, que declara la agricultura de interés nacional.”

Y por qué no, seguir también el ejemplo de El Cerrado en Brasil, que ha hecho de este país una potencia agrícola a nivel mundial. Para ello, el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) y CORPOICA pueden servir de punta de lanza en dicho propósito. Al fin y al cabo, según el mismo artículo 65 de la Constitución Política, entre las funciones del Estado está promover “la investigación y la transferencia de tecnología para la producción de alimentos y materias primas de origen agropecuario, con el propósito de incrementar la productividad”.

Claro está que estas medidas deben estar precedidas o ser concomitantes con la Reforma agraria integral pactada en el Acuerdo final con las FARC y reglamentado mediante el Decreto 902 de 2017, que tiene en el catastro multipropósito, ya en marcha, una de sus principales herramientas para lograr la formalización de la propiedad y la tenencia del 54,31% de la tierra. Esta es una oportunidad de oro, además, para poner en práctica las muy atinadas recomendaciones de la Misión Rural, que tuvo por jefe y orientador el ex ministro José Antonio Ocampo.

Epílogo

Concluyo citando un aparte de una columna del ex codirector del Banco de la República y rector de la Universidad del Norte, Adolfo Meisel, como epílogo de este texto:

“Sí, Colombia no será la misma después de esta crisis. Vista de otra forma, la pandemia es una oportunidad para construir un país más equilibrado en su desarrollo económico y social entre las regiones, estratos, grupos étnicos y géneros. Una sociedad donde cada ciudadano tenga garantizado un nivel de vida digno. Tendremos que avanzar hacia un país donde se aplane la curva de la desigualdad en las oportunidades”.

*Ex ministro de Minas y Energía y miembro de Número de la ACCE.

Colombia, con potencial de reservas de petróleo de 6.000 millones de barriles: ANH

Durante una tertulia realizada con Acipet, el nuevo presidente de la ANH, Armando Zamora, expuso la estrategia a seguir en esta nueva etapa de la Agencia 3.0.  

Por: MARTÍN ROSAS               

10 de julio de 2020.   El presidente de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), Armando Zamora, dijo que las posibilidades de reservas de hidrocarburos en cuencas convencionales son de 6.000 millones de barriles, identificadas como recursos posibles o yet to find; es decir que es probable que existan, pero aún no se han confirmado. (Las reservas probadas actuales son de 2.000 millones de barriles, que alcanzan para un poco más de 6 años).

La revelación la hizo el funcionario durante una tertulia virtual organizada por la Asociación Colombiana de Ingenieros de Petróleos (Acipet).

Zamora señaló que esos recursos pueden ser explotados con una inversión por parte de la ANH de 1.200 millones de dólares en un período de 20 años, con lo cual se estarían reponiendo 300 millones de barriles anuales, que es cercano al consumo del país, y para lograrlo actualmente la entidad se encuentra diseñando el Plan 2040.

El funcionario dijo que la entidad se encuentra en una etapa de reactivación de la actividad y de atracción de inversión, especialmente de grandes empresas, pues descartó una categoría de empresas enfocada en campos menores, ya que éstas requieren mayores márgenes de utilidad para traer capital de riesgo y, por experiencias anteriores, algunas no desarrollan los bloques adjudicados.

“Si ya estamos en la liga B, para qué queremos bajar a la ‘tercera división’. Ahora estamos enfocados en atraer inversión seria, ligas A y B, para que lideren la recuperación del país y no adjudicar áreas que se queden 15 años estancadas por diferentes razones”, dijo Zamora.

Agregó que los 6.000 millones de barriles serían en el escenario base, pues además se tiene el recobro mejorado, que ya está descubierto, y los no convencionales y el off shore.

De acuerdo con Zamora, el problema actual de la industria petrolera no es el de 2003, cuando no se disponía de los recursos. “Ahora tenemos recursos por todo lado, pero no los podemos sacar. El problema está en la superficie: los ambientalistas y las comunidades. Yo soy de la teoría conspirativa, creo que Rusia y Arabia Saudita no quieren que se desarrollen nuevos recursos, pues un barril nuevo es un barril que se les quita, y hay mucha plata en las reservas de esos países. Es la misma estrategia antinuclear, que fue muy exitosa en Europa y financiada por quienes no les interesa que haya energía nuclear, que es la más limpia y económica”, dijo.

Comunidades, un tema complejo

Acerca de las comunidades, dijo que “es un tema realmente complejo, ahí esta la clave y veo el piloto de los no convencionales como un piloto con comunidades; ir a ver sus temores, sus resistencias y sus oposiciones, entenderlos, ponerse en sus zapatos y hacer proyectos para atender esos temores y oposiciones…

“Hay temores reales y otros no. En el Magdalena Medio ya estuvo la industria y los vemos pobres y sin infraestructura; lo que se requiere es que queden beneficios, que llegue la industria y sea parte del desarrollo, con beneficios tangibles y durables en educación, salud, infraestructura. Se debe contar con la participación de la comunidad en el diseño, desarrollo y evaluación de los proyectos piloto.

“Las actitudes de la gente cambiaron, ahora está a favor de los Proyectos Piloto de Investigación, de ver el experimento. El tema de las comunidades lo vemos como un problema, pero no hemos roto esa nuez, hemos avanzado, pero no lo suficiente. Debemos convencer a las comunidades de que estamos trabajando en armonía con ellas y para su beneficio.

“Yo he sido abanderado del concepto de la pedagogía inversa, que entendamos qué es importante para las comunidades, qué les fastidia, cómo podemos hacerlo mejor, y nos falta… Tenemos que hacer una reflexión profunda para ponernos en los zapatos de las comunidades; algunas empresas han logrado ponerse a tono con las ellas y otras no. Hay que asumir que el mundo cambió y las comunidades son conscientes de los derechos que tienen y pueden exigir, entonces el problema de superficie no es de ellas, es de nosotros”, dijo Zamora.

Off shore, una frontera promisoria

Armando Zamora recordó que el primer contrato off shore (Tayrona) fue firmado en 2004, y la primera ronda (Caribe) se realizó en 2005; de tal suerte que después de 16 años se está viendo un enorme potencial e interés de las grandes empresas, entre ellas Ecopetrol y Shell.

“Este es apenas un comienzo, pero hay una frontera muy promisoria, con un panorama bastante claro, tomará unos años más, pero va en la dirección correcta. Las únicas amenazas son los precios y las estrategias de inversión de las empresas” señaló.

Agencia 3.0

Acerca de su gestión en este nuevo periodo al frente de la ANH, Zamora señaló que está empeñado en tres temas: reenfocar su plan de acción, modernizar su gestión y dar el siguiente paso en el tema institucional.

El funcionario señaló que encontró a la Agencia con la función delegada de fiscalización, pero que es una labor que se hace todavía basada en las normas de 1950. “Esa fiscalización tiene un potencial de volverse más moderna, basada en tecnología, ágil, ligera, eficaz, sin tanta intervención humana. Poner mucha inteligencia artificial, transmisión de datos y automatización”, dijo.

Por otro lado, señaló que la institucionalidad ya está madura para dar el siguiente paso.

“Como lo veo yo es que sigamos el modelo noruego adaptado acá. Miremos lo que hicieron México y Brasil. Ya se puede crear una superintendencia, que además fue una de las recomendaciones de los expertos para hacer la fiscalización y el control de tecnología y medio ambiente, una superintendencia independiente; e inclusive podemos pensar en una pequeña empresa comercial e industrial del Estado, no operadora, que recaude regalías y participaciones económicas, como es el modelo Petoro de Noruega o PSA de Brasil, pues ya estamos en capacidad de desdoblar la Agencia…

“A la ANH se le ha colgado mucha cosa y no está haciendo lo que tiene que hacer muy bien (administrar el recurso), de hecho estamos en un plan de ponernos al día en muchas cosas que tienen más de cinco años que no se han resuelto.

“Entonces, aprovechamos esta circunstancia para ponernos al día, resolver los temas y poder dar el próximo paso: desdoblamiento institucional, modernización tecnológica y reencausar la actividad para el aprovechamiento óptimo del recurso, porque en esta transición energética y en el mundo postcovit ya el dilema entre aprovechar el recurso ahora o dejarlo para después, para nuestros hijos, yo creo que ya se despeja: o lo aprovechamos ahora o no lo aprovechamos ni nosotros ni nuestros hijos. Entonces hay que acelerar el aprovechamiento del recurso”, concluyó Zamora.

Consumo de gas natural se empieza a estabilizar y se sitúa en 842 GBTUD

Según cifras del Gestor del Mercado de Gas Natural, en la semana del 29 de junio al 5 de julio el consumo de gas natural se redujo 1.06%, con relación a la semana inmediatamente anterior. 

9 de julio de 2020.   Durante la semana del 29 de junio al 5 de julio, la energía entregada a usuarios finales se situó en 842 GBTUD, una cifra inferior a los 851 GBTUD registrados la semana inmediatamente anterior.

El nivel del consumo de gas natural de la semana pasada es inferior en 4.9% al del promedio en el año 2019.

De acuerdo con las cifras de operación diaria, suministradas por los participantes del mercado al Gestor del Mercado de Gas Natural de la BMC, los consumos de los diferentes sectores presentan comportamientos mixtos.

La generación térmica y las refinerías redujeron su consumo de gas natural entre 5% y 4% respectivamente. De otro lado, el sector industrial y de gas natural vehicular tuvieron crecimientos en consumo del 3% y 4% respectivamente, mientras que el sector comercial no presentó variación.

“En perspectiva, frente a las semanas previas, es evidente una reducción en la volatilidad en el consumo de gas, exceptuando el del sector térmico. Por su parte, la demanda térmica se ha estabilizado por cuenta del incremento del nivel hídrico agregado en los embalses y sus crecientes aportes. Resaltamos el crecimiento sostenido del consumo industrial, que esta semana fue del 3% y que está alcanzado, a ritmo moderado, los niveles previos al período de aislamiento preventivo. Lo mismo ocurre con el consumo del gas natural vehicular”, dijo Andrés Pesca Ayala, vicepresidente de Mercados Energéticos de la Bolsa Mercantil.

La Bolsa Mercantil de Colombia, como Gestor del Mercado de Gas Natural, entrega información de primera mano a las empresas del sector y al Gobierno Nacional, siendo la fuente oficial e independiente del mercado.

Hyundai entregó primeros camiones a hidrógeno del mundo para uso comercial

Hyundai Motor Company envió a Suiza las primeras 10 unidades del XCIENT Fuel Cell, el primer camión pesado de celda de combustible del mundo producido en masa.

7 de julio de 2020.   La compañía surcoreana mandará un total de 50 XCIENT Fuel Cell a Suiza este año, y la entrega a clientes de flotas comerciales comenzará en septiembre. Hyundai planea introducir unos 1.600 de estos camiones para 2025, lo que refleja el compromiso ambiental y la destreza tecnológica de la empresa mientras trabaja para reducir la huella de carbono con soluciones de cero emisiones.

“El XCIENT Fuel Cell es una realidad actual, no un simple proyecto a futuro. Al poner este innovador vehículo en marcha ahora, Hyundai marca un hito significativo en la historia de los vehículos comerciales y el desarrollo de la sociedad del hidrógeno. La construcción de un ecosistema integral de hidrógeno, donde las necesidades críticas de transporte son satisfechas por vehículos como el XCIENT Fuel Cell, conducirá a un cambio de paradigma que elimina las emisiones vehiculares de la ecuación ambiental”, dijo In Cheol Lee, vicepresidente ejecutivo y jefe de la División de Vehículos Comerciales de Hyundai Motor.

El XCIENT funciona con un sistema de pila de combustible de hidrógeno de 190 kW con pilas dobles de celdas de combustible de 95 kW. Siete tanques ofrecen una capacidad de almacenamiento de alrededor de 32.09 kg de hidrógeno. La autonomía de conducción por carga es de aproximadamente 400 km, desarrollado acorde a los requisitos específicos de los clientes potenciales de flota comerciales y de la infraestructura de repostaje en Suiza. El tiempo de llenado de cada camión es de entre 8 a 20 minutos.

La tecnología de celdas de combustible es particularmente adecuada para el transporte comercial y la logística debido a la amplia autonomía y a los cortos tiempos de repostaje. Además, el sistema de celdas de combustible de doble montaje proporciona suficiente energía para manejar los camiones pesados ​​a través de los terrenos montañosos de la región.

Hyundai Motor también está desarrollando una unidad tractora de larga distancia capaz de recorrer 1.000 kilómetros con una sola carga. Equipado con un sistema mejorado de celdas de combustible con alta durabilidad y potencia, el vehículo está dirigido a los mercados globales, incluyendo América del Norte y Europa.

Fuente: Hyundai Motor Company

Regasificadora del Pacífico, lo que está pendiente y los contratos

A propósito de los avances para seleccionar al constructor y oprador de la planta de regasificación de Buenaventura, apuntes del abogado Hembarth Suárez.  

Por: HEMBERTH SUÁREZ LOZANO*

7 de julio de 2020.   La Unidad de Planeación Minero Energética (UPME) dio a conocer unos segundos “pre-documentos” para seleccionar al inversionista que construirá la segunda planta de regasificación en Colombia. Dado que es un proceso que sigue en construcción, ya más maduro que antes, siguen algunos puntos pendientes por resolverse.

Un punto es si el costo de las dos infraestructuras lo asumiremos en un 100% todos los colombianos o solo algunos consumidores y agentes en particular. Esto sigue picando como un tábano a muchos. 

Otro punto que inquieta es, si la unidad flotante que trae el gas natural licuado (GNL) ingresa primero en operación, lo cual es muy probable, cómo se distribuirá el gas. Si se tiene pensado que será por gasoductos virtuales, es decir, a través de vehículos, pues muy bien porque se crea una oportunidad para las empresas que desarrollan este esquema. La oportunidad, en mi opinión, es que estas empresas podrán ampliar la prestación de servicios en nuevas regiones o áreas, con lo cual se fortalecen los gasoductos virtuales.

Algo que sí está claro es que el inversionista asumirá, a su propio riesgo, todos los aspectos del proyecto. Incluso se advierte que el agente seleccionado asumirá las consecuencias de que la CREG no oficialice oportunamente el Ingreso Anual Esperado que es la metodología de remuneración que recibirá el inversionista.

En lo que tiene que ver con la dinámica para la selección del inversionista, tenemos que será la de oferta y contraoferta. La oferta debe estar integrada por dos sobres, el primero es para la propuesta técnica y el segundo es para la propuesta económica.

En mi opinión, independiente de las razones que existen en contra o a favor de la construcción de la planta, conviene que Colombia siga reforzando sus reservas, activando las operaciones de exploración y producción de hidrocarburos off shore junto con la exploración de los Yacimientos No Convencionales.

Por último, en materia jurídica y contractual, conviene identificar cuál es el contrato que materializa los servicios de una planta de regasificación. Al contrato se denomina TUA por sus siglas en inglés, Terminal Use Agreement, el cual regula el uso de las facilidades de almacenamiento y regasificación. El objeto de este contrato es regular los servicios de recibo, almacenamiento y regasificación del gas natural adquirido a través del acuerdo marco para la compra y venta de GNL.

*Socio fundador de OGE Legal Services

Enel-Codensa ejecuta inversiones en 5 localidades de Bogotá

Enel-Codensa está adelantando intervenciones y modernizaciones en la infraestructura eléctrica de Suba, Usaquén, Kennedy, Puente Aranda y Engativá. El plan de refuerzo en estas cinco localidades tendrá una inversión de más de $40.000 millones de pesos y beneficiará más de un millón de personas.

7 de julio de 2020.   Atendiendo el crecimiento poblacional, la construcción de nuevos proyectos de vivienda y el aumento de la demanda de energía en Bogotá, Enel-Codensa se encuentra desarrollando un robusto plan de inversiones en las localidades de Suba, Usaquén, Kennedy, Puente Aranda y Engativá, con el objetivo de fortalecer los niveles de confiabilidad del servicio de energía y disminuir afectaciones.

La inversión de la Compañía en este plan asciende a los $40.000 millones de pesos e incluye trabajos de modernización de equipos en las subestaciones, mejoramiento de las estructuras aéreas y subterráneas, cambio de cableado eléctrico y tapas en mal estado, instalación de equipos telecontrolados y subterranización de redes.

Con la participación de más de 500 trabajadores, entre técnicos, ingenieros y supervisores, la Empresa proyecta que las labores finalicen en agosto del 2020.

En estos trabajos se intervendrán un total de 67 circuitos de las cinco localidades de Bogotá y se beneficiarán a más de un millón de personas, entre clientes residenciales, comerciales e industriales.

Gracias a la tecnología de trabajos en “línea viva”, muchos de los usuarios no percibirán suspensiones de energía mientras se realizan estas actividades, pues con esta modalidad, se permite que los operarios tengan contacto con las redes energizadas y se realicen actividades técnicas en la infraestructura eléctrica, cumpliendo con todos los estándares de seguridad, sin interrumpir el servicio.

“Este plan de refuerzo involucra a algunas de las localidades que más concentran población en Bogotá como Suba y Kennedy, las cuales sumaron cerca de 6.400 clientes nuevos al sistema eléctrico durante 2019. Desde Enel-Codensa buscamos seguir mejorando los indicadores de calidad de servicio, teniendo en cuenta el crecimiento que se ha venido registrando en el sector residencial, industrial y comercial de la ciudad”, afirmó Francisco Messen, subgerente de Operación y Mantenimiento de Enel-Codensa.

Estos trabajos hacen parte del plan de inversiones, modernización y expansión de la infraestructura eléctrica que Enel-Codensa viene realizando en toda su área de operación, para contribuir con el mejoramiento de la estabilidad, confiabilidad y seguridad del sistema de distribución de energía en Bogotá y Cundinamarca.

Gobierno colombiano define los combustibles de cero y bajas emisiones

El hidrógeno y la energía eléctrica para movilidad se definieron como energéticos de cero emisiones, mientras el gas natural, el GLP, la gasolina, el etanol y sus mezclas con contenido de azufre máximo de 50 ppm, el diésel, y el biodiesel y sus mezclas con contenido de azufre máximo de 50 ppm, se fijaron como de bajas emisiones.

5 de julio de 2020.   En sus primeras firmas de actos administrativos como ministro de Minas y Energía, el economista Diego Mesa Puyo, conjuntamente con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, firmó la resolución que define cuáles son los energéticos de cero y bajas emisiones, y que son considerados como combustibles limpios para un transporte sostenible y más limpio en el país.

En este sentido, se determinaron como energéticos de cero emisiones al hidrógeno y a la energía eléctrica para movilidad, mientras que, entre los energéticos de bajas emisiones, se consideraron el gas natural, el GLP, la gasolina, el etanol y sus mezclas, el diésel y el biodiésel y sus mezclas con contenido de azufre máximo de 50 ppm.

La resolución expedida define los combustibles limpios teniendo como criterio fundamental el contenido de componentes nocivos para la salud y para el medio ambiente, ya que el 80% del aporte de partículas al aire se atribuye a las fuentes móviles, mientras que el 20% restante se atribuye a las fuentes fijas.

«Con la resolución de cero y bajas emisiones seguimos impulsando la incorporación de tecnologías más limpias y eficientes para la movilidad de los colombianos, aportando nuevas acciones para la transición energética de nuestro país. Esto se traduce en mayor protección del medio ambiente y una mejor calidad del aire, en beneficio de los ciudadanos», aseguró el ministro Diego Mesa.

La resolución da cumplimiento a una de las metas que se trazó el Gobierno del presidente Iván Duque en el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022, en el que se estipuló que los ministerios de Minas y Energía y de Ambiente y Desarrollo Sostenible  definirían qué combustibles son más limpios para el consumo en el país.

De este modo, los municipios y distritos podrán formular, adoptar y ejecutar planes de movilidad sostenible y segura, dando además prelación al transporte público con energéticos de cero o bajas emisiones.

Además, se da continuidad al cumplimiento de los compromisos internacionales del país sobre cambio climático y del Plan Integral de Gestión del Cambio Climático del sector minero-energético, lo que le permite a la industria contribuir a la meta de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero del 20 por ciento, con respecto a las emisiones proyectadas para el 2030.

A propósito de los combustibles denominados de cero emisiones, la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME), junto con el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, desarrollarán un estudio para conocer el potencial de uso del hidrógeno en Colombia e identificar las prospectivas de producción para la regulación de este energético, útil para la movilidad sostenible y el almacenamiento de energía. 

Mezclas de biocombustibles superiores voluntarias

De otra parte, el ministro Mesa también firmó una segunda resolución, que se expide en conjunto con los Ministerios de Ambiente y Desarrollo y Sostenible, y de Agricultura, para permitir las mezclas de biocombustibles superiores voluntarias para su uso exclusivo en vehículos automotores o fuentes móviles terrestres como vehículos de carga, transporte pesado y sistemas de transporte masivo. 

Actualmente, las mezclas de diésel tienen un 10% de biodiésel. Con las mezclas voluntarias, los agentes podrán hacer pilotos para incrementar este porcentaje, siempre y cuando se cumplan los estándares de calidad y de regulación, contribuyendo a la movilidad sostenible. 

Cada uno de los proyectos piloto deberá tener una duración mínima de 6 meses y máxima de hasta 36 meses, y se tendrán que presentar ante el Ministerio de Minas y Energía para la respectiva autorización.

En marzo de 2021 se adjudicaría la Regasificadora del Pacífico

El nuevo ministro de Minas y Energía Diego Mesa anunció la apertura de pleigos para la construcción de la Planta de Regasificación del Pacífico y el gasoducto Buenaventura-Yumbo.

Por: VALORA ANALITIK

3 de julio de 2020.   En mayo pasado, el ahora ministro de Minas y Energía de Colombia, Diego Mesa, había revelado que la adjudicación de la planta regasificadora del Pacífico se movería para el primer trimestre de 2021.

En su primera presentación ante los medios de comunicación como ministro, confirmó que la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME) publicó para comentarios un primer borrador de la convocatoria pública para la adjudicación del proyecto con una inversión estimada de US$700 millones.

De acuerdo con el borrador –que estará para comentarios hasta el 17 de julio-, se estima que la audiencia pública para apertura de sobres con las ofertas por parte de los inversionistas será el ocho de marzo de 2021. Sin embargo, se deja claro en el cronograma que podrá haber contraofertas, proceso que se cumplirá hasta el 12 de abril.

El estimado del Gobierno, dijo el ministro, es que la planta entre en operación en el 2024.

Los interesados deberán presentar una Garantía de Seriedad como mínimo por US$70 millones que podrá estar denominada en pesos colombianos, para lo cual se deberá utilizar la Tasa Representativa del Mercado vigente el día de su expedición.

Empresas como Promigas y el Grupo Energía Bogotá (GEB) han manifestado desde hace varios meses su interés por participar en el proyecto que contempla la construcción de las instalaciones para regasificar el combustible que llegue en los buques junto con un gasoducto desde el puerto de Buenaventura hasta el municipio de Yumbo, Valle del Cauca.

En el documento se lee que: “El Ingreso Anual Esperado Ofertado deberá reflejar los costos asociados con la preconstrucción (incluyendo diseños, servidumbres, estudios, licencias ambientales y términos para su trámite, demás permisos o coordinaciones interinstitucionales, honorarios de la Fiduciaria y el Auditor y todo otro concepto aplicable) y construcción (incluyendo la interventoría de la obra y las obras que se requieran para la viabilidad ambiental del proyecto), el costo de conexiones al Sistema de Transporte y estaciones de transferencia de custodia que se requieran, el costo de oportunidad del capital invertido y los gastos de administración, operación y mantenimiento (AOM) correspondientes”.

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