Los bandazos de la política de gas

Finalmente, se dio el esperado pronunciamiento del presidente Petro: “TGI tendrá la opción de importar gas por Ballena y Ecopetrol por Coveñas”.

Por: AMYLKAR D. ACOSTA*

La política energética del Gobierno Petro ha sido errada y errática. Empezando por la exministra de Minas y Energía, la filósofa Irene Vélez, ahora ministra de Ambiente, que fue una veleta. Tuvo la ocurrencia de afirmar tempranamente que Colombia no tenía de preocuparse pues, según sus cálculos fantasiosos, tenía asegurado el autoabastecimiento de gas natural hasta el 2042.

Luego, quien la reemplazó, el ex ministro Andrés Camacho, sostuvo que en Colombia no había escasez de gas natural sino acaparamiento por parte de algunas empresas, las que estarían especulando con el mismo y le pidió a la Superintendencia de Servicios Públicos que las investigara y sancionara. En ello lo secundó el presidente Petro, quien fue inducido al error.

Si, como lo afirmó el exministro Camacho, no había escasez tampoco había déficit y en consecuencia, según él, no había necesidad de importar gas para cubrir la demanda esencial.

Pero cuando se concretó la primera importación a comienzos de diciembre de 2024 de 40 MMPCD, ante la evidencia, salió a decir que la misma tenía por objeto tenerlo como “reserva” por parte de las empresas, no sin antes advertir que ello no podía dar lugar a aumento de las tarifas a los usuarios finales, como en efecto se dio en el interior del país, con incrementos que oscilan entre el 20% y el 32%.

Y no era para menos, puesto que mientras el precio del MMBTU de gas extraído en el país fluctuaba alrededor de US $6 el importado de transó en US $18, el triple. Cómo bien dijo la presidente de NATURGAS Luz Stella Murgas “se acabó el gas barato”.

Cuando, finalmente, por fuerza de las circunstancias, tuvieron que aceptar que había la necesidad de importar gas natural, perdieron un tiempo precioso con el embeleco de importarlo desde Venezuela o de Catar. Incluso, el presidente Petro reprendió en un Consejo de Ministros con transmisión en directo a Ricardo Roa porque ECOPETROL no estaba importando gas.

Pero a nadie se le puede pedir que haga lo imposible y ECOPETROL no estaba en capacidad de importarlo porque no cuenta con una regasificadora para hacerlo.

Afortunadamente, en marzo de este año contrató a la firma PIO SAS, para la instalación de una regasificadora en Buga (Valle del Cauca), hasta donde tendrá que transportarse el gas licuado mediante vehículos isocontenedores especializados, la cual se aspira esté a punto en el segundo trimestre de 2026.

Después de ello, para sorpresa de todos, el presidente Petro, después de anunciar que “Ecopetrol será la encargada de importar gas más económico, acabando con los monopolios privados en este proceso”, se vino lanza en ristre contra el gas natural. Espetó: “este Gobierno dijo: transición energética, que significa reemplazar, no acompañar los combustibles fósiles y ECOPETROL nos ha mamado gallo con el tema”. Y fue más lejos al preguntarse: “¿por qué vamos a estimular que tengan gas natural si muere todo el mundo?”.

Por fortuna, el ministro Edwin Palma, con una gran dosis de realismo manifestó que “hay que sincerar el tema: sí hay una escasez de gas… No lo ocultamos ni lo negamos”. Y ha sido muy pragmático, además, al terciar en la controversia que suscitó el anuncio de parte de la empresa transportadora de gas TGI, filial del Grupo Energía Bogotá (GEB), de montar una planta regasificadora en La Guajira, apoyándose en la infraestructura existente en Ballena, seguido por la decisión de parte de ECOPETROL de contratar la instalación de otra en Coveñas (Sucre).

Fue enfático al afirmar que “confiamos en los proyectos de Ecopetrol, aunque confieso que me preocupan los tiempos. Y sigo creyendo que regasificar por Ballenas o Coveñas son buenas opciones. Requerimos grandeza para sacar estos proyectos adelante, más allá de los egos corporativos”.

Como después de la tempestad viene la calma, terminó imponiéndose la sindéresis con una feliz coincidencia. El presidente de ECOPETROL Ricardo Roa, primero y luego el ministro Palma, terminaron dándole su espaldarazo al proyecto de TGI.

“Ojalá podamos hacer los dos para tener más competencia”, planteó el ministro. Y no le falta razón, tanto más en cuanto la necesidad creciente de las importaciones.

Por su parte el presidente del GEB, Juan Ricardo Ortega, puso las cosas en su punto: “ECOPETROL está pensando en el mediano plazo, mientras nosotros buscamos soluciones inmediatas”. Y no le falta razón dada la premura de contar con una mayor capacidad regasificadora para evitar un eventual desabastecimiento de gas.

Y, finalmente, se dio el esperado pronunciamiento del presidente Petro. Según él, “TGI tendrá la opción de importar gas por Ballena y ECOPETROL por Coveñas”.

Esta solución de compromiso entre ambas iniciativas es salomónica y responde al interés superior de velar por la seguridad energética del país.

*Exministro de Minas y Energía y miembro de número de la ACCE.  

Acolgen: Decreto 1072 de 2025 amenaza la estabilidad del mercado eléctrico

Acolgen y sus empresas asociadas expresaron su preocupación por la expedición del Decreto 1072 de 2025, por parte del Ministerio de Minas y Energía.

Según el gremio, las medidas contenidas en dicho Acto representan una intervención desproporcionada en el mercado que atenta contra la libre competencia, la eficiencia del sistema y la seguridad jurídica, poniendo en riesgo la sostenibilidad financiera de las empresas y la confiabilidad energética del país a largo plazo.

En un comunicado a la opinión pública, Acolgen señaló los motivos de alerta sobre los siguientes aspectos:

  1. Intervención excesiva y anulación de la libertad de mercado. La medida más perjudicial del Decreto es la obligación impuesta a los generadores hidráulicos de vender «al menos el 95% de la generación horaria» mediante contratos. Esta disposición es, en la práctica, un atentado a la libertad de empresa y contratación de las empresas, que se opone en forma directa a la Ley 143 de 1994, según la cual las transacciones en el mercado de energía mayorista son libres y que, adicionalmente, elimina la capacidad de los generadores de optimizar su recurso y cubrirse eficientemente ante fluctuaciones hidrológicas.
  2. Vulneración del principio de igualdad ante la Ley y distorsión de la competencia en el mercado. La norma establece un trato regulatorio desigual que afecta la libre competencia entre tecnologías. Específicamente, se impone una obligación de contratación únicamente a la tecnología hidráulica, excluyendo a las demás fuentes de generación (solar, eólica y térmica). Dicha diferenciación genera una significativa ventaja competitiva para unas tecnologías sobre otra, un punto que la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) ya había señalado y que fue omitido en la versión final del decreto.
  3. Riesgos para la sostenibilidad financiera y futuras inversiones. El decreto crea un entorno de alta incertidumbre regulatoria y financiera que desincentiva la inversión en el sector, afectando la rentabilidad de los agentes al obligar a los generadores a comprometer su energía en contratos, estableciendo barreras para nuevos proyectos. Una intervención tan drástica y con un plazo de implementación de tan sólo tres meses envía una señal negativa a los inversionistas, quienes percibirán a Colombia como un mercado de alto riesgo regulatorio, frenando la construcción de nuevos proyectos, los cuales son fundamentales para garantizar que haya suficiente energía para cubrir el consumo del país.
  4. Desconocimiento de la naturaleza técnica del recurso hídrico. La norma ignora la naturaleza variable de la hidrología (lluvias). Forzar una contratación del 95% a nivel horario es operativamente inviable y riesgoso. Un generador no puede prever con total certeza cuánta agua tendrá disponible en una hora específica. El incumplimiento de estos contratos forzados podría traer sanciones y sobrecostos que no han sido medidos. La bolsa de energía es el mecanismo idóneo para gestionar esta variabilidad, y el decreto la neutraliza.
  5. Soluciones ineficientes y complejidad regulatoria. El decreto ordena a la CREG diseñar en tiempo récord «mecanismos de contratación flexibles». Esto, en lugar de simplificar, añade una capa de complejidad regulatoria que puede resultar ineficiente y burocrática. El gobierno diagnostica una falla de mercado y, en lugar de corregirla con incentivos, opta por una sobrerregulación que podría generar mayores distorsiones. Su texto menciona análisis técnicos y consultas con la Superintendencia de Industria y Comercio, pero la medida final (el umbral del 95%) es una regla rígida que no parece considerar las alternativas de mercado que la propia SIC sugirió, como los esquemas voluntarios o con incentivos.

En conclusión, el gremio señala que el Decreto 1072 de 2025, bajo la justificación de proteger a los usuarios vulnerables, impone una camisa de fuerza a los generadores hidráulicos que debilita los principios de un mercado competitivo y eficiente.

Las consecuencias a mediano y largo plazo serán contraproducentes y se reflejarán en menores inversiones en generación, poniendo en riesgo la cantidad de energía disponible a futuro, y estableciendo riesgos financieros para las empresas generadoras, que son el pilar del sistema eléctrico, y para los consumidores por la desarmonización del mercado.

Finalmente, Acolgen hace un llamado urgente al Gobierno Nacional para suspender la aplicación de este decreto y abrir un diálogo técnico y constructivo con los agentes del mercado.

«Existen mecanismos más eficientes para proteger a los usuarios sin destruir la estructura del mercado que ha garantizado la confiabilidad energética de Colombia durante décadas», concluye el comunicado.

Sirius entra en fase 3, pero requiere estabilidad jurídica

Si se cumple el cronograma, Sirius podría entrar en producción entre 2030 y 2031, de acuerdo con estimaciones de Petrobras.

El campo Sirius en el mar Caribe es el gran hito sobre el cual están puestas todas las esperanzas de que Colombia vuelva a ser autosuficiente en gas natural, pues con un potencial de reservas estimado en 6 terapiés cúbicos (TPC), podría triplicar las actuales reservas probadas del país, de 2,1 TPC.

El proyecto entró en la etapa 3, que consiste en la preparación de las contrataciones de todos los servicios: ingeniería submarina, pozos y todo lo que está involucrado en el proceso de desarrollo de producción. No obstante, requiere estabilidad jurídica para que los tiempos se cumplan.

Durante el segundo Congreso de la ANH, realizado en Cartagena el 15 y 16 de octubre, Alcindo Moritz, presidente de Petrobras Colombia, expresó su preocupación por sentencias judiciales que puedan aumentar el número de comunidades. Una preocupación que no es menor pues están en juego inversiones que llegan a los 3.000 millones de dólares, donde Petrobras, que es el operador, tiene una participación del 44,44 %, y Ecopetrol del 55,56 %.

“Necesitamos estabilidad, la certeza de que nos quedaremos con las 120 comunidades, porque si empieza a aumentar el número, ahí sí puede impactar en el cronograma del proyecto”, dijo Moritz.

Y es que, aunque el proceso de consultas previas ya lleva unos dos años con un cincuenta por ciento de avance, a las 116 comunidades iniciales se le sumaron otras cuatro. La preocupación es fundamentada con la tutela macondiana que obligó a Petrobras a cambiar el nombre del pozo Uchuva por Sirius y el del bloque Tayrona por GUA-OFF 0 o con lo que pasó con el proyecto de transmisión eléctrica de Colectora, donde el número de comunidades creció casi al doble, extendiendo los plazos del proyecto.

Moritz dijo que si ese proceso no se dilata, el proyecto podría estar produciendo gas entre 2030 y 2031.

Superado el proceso de las consultas previas, vendrían las solicitudes de licencias ambientales, que involucra un gasoducto desde el campo hasta la costa, que va a conectar cuatro pozos hasta la estación de Ballena, en La Guajira, para que el gas sea procesado allí y conectado al Sistema Nacional de Transporte.

El gasoducto tendría un diámetro de doce pulgadas y una capacidad de 470 millones de pies cúbicos, con lo cual cubriría el 50 por ciento de la demanda nacional y Colombia recuperaría la autosuficiencia en gas natural.

Programa Gas Social superó las 100 mil conexiones

En lo que va de 2025 se han conectado 29 mil 850 viviendas al servicio de gas natural, mediante este programa.

El Programa Gas Social completó este viernes 17 de octubre un total de 105 mil 115 familias de estrato 1 y 2 de 20 departamentos, conectadas al servicio de gas natural gracias a esta iniciativa.

La cifra se alcanzó luego de entregar 13 mil 700 nuevas conexiones para usuarios de Atlántico, Cesar y Magdalena, mediante un proyecto desarrollado en alianza entre Ecopetrol, su filial Hocol y Gases del Caribe. La entrega se oficializó en la comunidad de la vereda Villa Herrera, municipio de Malambo, Atlántico.

Este proyecto de las 13 mil 700 conexiones tuvo una inversión superior a $20 mil millones de pesos. Hocol, filial de Ecopetrol, aportó los cargos por conexión, lo que equivale a cerca de 1 millón de pesos por vivienda beneficiada; Gases del Caribe contribuyó con descuentos en la instalación de redes internas y una estufa para cada beneficiario, mientras que las alcaldías de Juan de Acosta, Atlántico; Algarrobo, Zona Bananera, Pivijay, Santa Bárbara de Pinto, Salamina, El Retén y San Sebastián de Buenavista, Magdalena, financiaron las redes internas y apoyaron con la estratificación, nomenclatura y evaluación de riesgos para la instalación en los hogares.

“Con el programa Gas Social transformamos vidas al promover la transición del uso de la leña y el carbón a llevar un servicio de gas natural seguro y continuo a miles de hogares en la región Caribe. Esta iniciativa reduce los gastos de las familias, al tiempo que protege la salud de las personas, disminuye la tala de árboles y contribuye a la sostenibilidad ambiental al reducir emisiones contaminantes”, señaló Ricardo Roa Barragán, presidente de Ecopetrol.

“El trabajo conjunto con nuestros aliados demuestra el compromiso con el bienestar de las comunidades y el desarrollo de soluciones que promueven el acceso a servicios básicos de calidad, fortaleciendo la economía local y garantizando un suministro seguro frente a alternativas no reguladas”, afirmó Luis Eduardo Parra, presidente de Hocol.

“En Gases del Caribe nos enorgullece ser parte de esta alianza que lleva el gas natural a miles de hogares en la región Caribe, cerrando las brechas de pobreza energética. Nuestro compromiso es garantizar un servicio confiable y seguro que contribuya al desarrollo sostenible del país”, expresó Ramón Dávila Martínez, gerente general de Gases del Caribe.”

El programa Gas Social es una iniciativa en la que participan distintos aliados, que se han unido para llevar gas natural a 105 mil 115 familias de estratos 1 y 2 en los departamentos de Antioquia, Arauca, Atlántico, Boyacá, Caquetá, Casanare, Cauca, Córdoba, Cundinamarca, Huila, La Guajira, Magdalena, Meta, Nariño, Norte de Santander, Santander, Sucre, Tolima y Valle del Cauca, con una inversión de más de $77 mil millones de pesos.

En lo que va del 2025 se han instalado 29 mil 850 conexiones en el mismo número de viviendas. La meta al año 2040 es alcanzar 320 mil nuevos usuarios.

Ecopetrol sacrifica producción para suministrar gas al país

El mantenimiento de la única planta de regasificación de Colombia, demuestra que la caída en la producción de gas nacional tiene al borde de un ataque de nervios al sector energético del país.  

Frente a la entrada fallida en operación de la planta de regasificación de SPEC, luego de cuatro días de mantenimiento, el presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa, dijo que la empresa trabaja a marchas forzadas, estresando sus activos, “quizás como nunca antes en la historia de Ecopetrol, sacrificando producción, apagando unidades en nuestras refinerías para no consumir gas y haciendo esfuerzos importantes para abastecer de electricidad campos que en otros momentos se abastecían de gas para asegurar la producción”.

Las declaraciones las hizo Roa en la apertura del Segundo Congreso de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), en Cartagena.

Hay que recordar que Ecopetrol entró a suministrar el gas faltante para la generación de electricidad del parque térmico de la Costa: TEBSA, Termocandelaria y Termoflores, para que la región no se apagara. Con la implementación de ese plan de contingencia, Ecopetrol liberó 71 giga BTU día, sacrificando, según Roa, entre 5 y 7 mil barriles de producción de petróleo y el 25% de consumo de gas en las refinerías..

Roa dijo que, en este plan, la Empresa adoptó medidas como reducción de inyección de gas en los campos, la reducción de consumo de gas en los campos propios, además de aprovechar como piloto la prueba de la conexión de abastecimiento de una de las líneas de distribución en el Meta, que abastece eléctricamente a algunos pozos productores del departamento, los cuales fueron aplicados como medida excepcional.

“Pero esto no puede seguir siendo una normalidad. Esto es excepcional. Ecopetrol está poniendo su cuota de sacrificio, está atendiendo con rigor y con total capacidad, para afrontar situaciones como estas”, dijo Roa.

La situación demuestra la fragilidad de los sistemas de abastecimiento de electricidad y gas del país, por lo que se han puesto sobre la mesa dos proyectos regasificación en el Caribe. Uno propuesto por Ecopetrol en Coveñas, y otro propuesto por TGI en Ballena.

ACGGP: Proteger la Amazonía con realismo y participación

Colombia necesita abrir ventanas de conocimiento, fortalecer la investigación científica, el monitoreo ambiental y el relacionamiento con las comunidades, para diseñar políticas que armonicen conservación, desarrollo y bienestar social.

El Bioma Amazónico colombiano vuelve al centro del debate nacional tras la discusión de un proyecto de resolución que busca declarar más de 483.000 km² del bioma amazónico como Reserva de Recursos Naturales Renovables, lo que equivaldría a cerca del 43% del territorio nacional.

“Esto significaría la prohibición de exploración y producción de hidrocarburos y minerales en esta región, que, en el papel, pretende blindar la Amazonía, apostando por la conservación y la bioeconomía. Sin embargo, este tema merece un análisis más profundo y técnico, que despierta al menos tres inquietudes que vale la pena analizar”, dijo Flóver Rodríguez, director de la Asociación Colombina de Geólogos y Geofísicos (ACGGP).

Las inquietudes del gremio son:

1. Un diagnóstico incompleto del problema amazónico

La resolución prohíbe nuevas actividades de exploración y explotación de hidrocarburos y minería como si fueran la principal amenaza del bioma. Pero el deterioro de la Amazonía se explica en gran medida por la deforestación asociada a economías ilícitas, cultivos de uso ilícito, acaparamiento de tierras y extracción ilícita de minerales.

“Ignorar este hecho es simplificar el debate y desplazar la atención del verdadero desafío: cómo enfrentar las dinámicas ilegales que destruyen el bosque”, dice Rodríguez.

2. Una visión descontextualizada del territorio

El proyecto de resolución plantea blindar un 43% del país sin reconocer que gran parte de esa extensión ya ha sido históricamente intervenida por actividades humanas y productivas.

Además, es importante precisar que no todos los departamentos amazónicos tienen potencial de hidrocarburos, sino algunos como Putumayo, Caquetá y Meta, donde existen bloques y contratos vigentes, así como comunidades estrechamente vinculadas a esa actividad. Ignorar este hecho es desconocer la realidad productiva de esas regiones y los impactos económicos y sociales que una prohibición total generaría.

“Nadie duda de la necesidad de proteger la Amazonía. Pero hacerlo con diagnósticos incompletos, medidas desproporcionadas y sin participación genuina de quienes habitan el territorio puede ser contraproducente. En la discusión ambiental de Colombia es común que surjan propuestas de prohibición total como “solución rápida” a problemas complejos. Sin embargo, la experiencia muestra que prohibir sin conocer a fondo suele llevar a decisiones desproporcionadas y, muchas veces, ineficaces”, indicó Rodríguez Portillo.

3. Déficit democrático y de participación

La propuesta busca materializarse vía resolución ministerial, lo que evita el debate democrático en el Congreso y deja de lado la consulta previa con comunidades indígenas y afrodescendientes que habitan la región. Una medida de semejante envergadura debería pasar por una discusión pública amplia y por la construcción de consensos sociales, no imponerse desde un acto administrativo que además carece de jerarquía suficiente para alterar contratos vigentes de hidrocarburos.

“En Colombia, el sector de hidrocarburos no está en contra del ambiente; por el contrario, ha demostrado que es posible combinar la exploración responsable con la gestión ambiental y social. Pero el país necesita un debate de raíz, uno que reconozca que proteger la Amazonía es también entenderla desde la ciencia, la geología y la planificación territorial, no desde el miedo ni la desinformación”, agregó.

Avanzar en conocimiento detallado del territorio y el subsuelo, basado en ciencia y en diálogo social, no solo permite tomar mejores decisiones, sino que también otorga legitimidad.

Pero, una prohibición sin diagnóstico puede terminar castigando actividades legales, reguladas y con aportes sociales, mientras deja intactas las verdaderas amenazas: la deforestación y las economías ilícitas.

TGI reitera su disposición para dar soluciones al déficit de gas natural

Sin perjuicio de que Ecopetrol adelante el proyecto de regasificación en Coveñas, la Transportadora de Gas Internacional (TGI) reitera que el país necesita soluciones inmediatas con visión de largo plazo que suplan el faltante de gas natural entre 2027 y 2030.

De acuerdo con las cifras oficiales del Gestor del Mercado de Gas Natural, Colombia enfrentará un déficit proyectado de 117 millones de pies cúbicos diarios (MPCD) en octubre de 2026, cifra que, según estimaciones, aumentaría a 220 MPCD hacia finales de 2027.

En ese sentido, TGI manifestó su voluntad de cooperación con Ecopetrol para superar los desafíos técnicos del Proyecto de Regasificación en Coveñas para entregar 110 MPCD de gas natural al Sistema Nacional de Transporte en el primer trimestre del 2027, lo cual requiere una conexión en el punto denominado Ayacucho sobre el gasoducto Ballena- Barranca propiedad de TGI.

Según la transportadora, el proyecto representa entregar el gas en condiciones de presión a 1.200 PSIG, además de la limpieza del ducto, el cambio de válvulas, pruebas de integridad mecánica de la infraestructura y la adecuación de facilidades para recepción de gas a alta presión.

Para la segunda fase del proyecto, en la que se entregarían hasta 400 MPCD en 2030 a través de la conversión del Oleoducto de Colombia (ODC), entre Coveñas y La Belleza, según TGI, se requieren cuatro estaciones compresoras con cerca de 58.200 caballos de potencia, lo que supone diseño e ingeniería, fabricación de equipos, modificaciones o solicitudes de licencias y construcción de instalaciones, más la consecución de los compresores y la habilitación regulatoria para su funcionamiento.

La opción de Ballena

TGI señaló que ha desarrollado estudios de ingeniería con la firma Moffatt & Nichol, que concluyen, con base en análisis metaoceánicos, “que la instalación de una unidad flotante de regasificación (FSRU) en el área de Chuchupa es completamente factible y viable, sin afectaciones de confiabilidad ni costos de estabilización.”

Teniendo en cuenta los diferentes componentes de una solución de regasificación, la propuesta planteada por TGI en Ballena, La Guajira tiene las siguientes ventajas:

  1. Disponibilidad de Unidad Flotante de Regasificación y Almacenamiento: TGI cuenta con la exclusividad de la embarcación que estará disponible en diciembre de 2026, lo que representa una ventaja competitiva para entrar en operación en enero del 2027.
  2. Nueva Infraestructura submarina de conexión en menor tiempo: La solución de TGI propone tender una nueva línea de 2 a 3 km, lo que representa menor tiempo de instalación.
  3. Infraestructura existente hacia el interior del país: TGI cuenta con la infraestructura disponible y operativa del gasoducto Ballena-Barranca de 579km y 7 estaciones de compresión existentes, que permiten inyectar de manera inmediata hasta 300 MPCD hacia el interior del país.
  4. TGI cuenta con todas las autorizaciones regulatorias para regasificar y transportar gas natural, lo cual asegura la puesta en marcha del proyecto.
  5. La solución planteada por TGI permite que el usuario final tenga una reducción en su factura de al menos el 20% frente a los precios actuales.

Finalmente, TGI invitó a Ecopetrol y a todos los agentes de la cadena para avanzar ágilmente en el desarrollo de ambos proyectos, Coveñas y Ballena, para asegurar un suministro asequible, confiable y oportuno de gas natural al país.

Megaproyecto eólico Camelias recibe Licencia Ambiental

La Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) dio el visto bueno a la integración de expedientes y la modificación de la licencia ambiental del Parque Eólico Camelias, el cual se consolida como el proyecto eólico con mayor capacidad en La Guajira y uno de los más grandes de Colombia.

Impulsado por Celsia, el megaproyecto tendrá con una capacidad de 436,6 megavatios (MW), lo que representa un avance para la Transición Energética.

El Parque Eólico Camelias estará ubicado al sur del municipio de Uribia, en el departamento de La Guajira. El área de desarrollo cubrirá aproximadamente 320 hectáreas en las que se instalarán 72 aerogeneradores de última generación para inyectar energía limpia al Sistema Interconectado Nacional (SIN).

La luz verde de la ANLA se otorga tras un proceso técnico y participativo que implicó la integración de tres proyectos eólicos previamente licenciados a Begonia Power, que sumaban cerca de 297 MW, y que posteriormente fueron adquiridos y optimizados por Celsia. La modificación de la licencia ambiental fue el paso definitivo para concretar el diseño actual del parque con la nueva capacidad de 436,6 MW.

Licenciamiento y participación comunitaria

Uno de los aspectos clave destacados por la ANLA fue el rigor en el proceso de licenciamiento. La entidad contó con un equipo interdisciplinario de más de 20 profesionales para evaluar la viabilidad ambiental del proyecto.

Además, la aprobación se dio tras la protocolización de 15 consultas previas con comunidades étnicas Wayuu localizadas en el área de influencia. Según la directora general de la ANLA, Irene Vélez Torres, este proceso fue «más allá de cumplir con un requisito legal» y buscó integrar los saberes y prácticas culturales de las comunidades indígenas, fortaleciendo la confianza entre Estado, empresa y ciudadanía.

“La Guajira se consolida como el corazón de la Transición Energética Justa. El Parque Eólico Camelias demuestra que este cambio se hace realidad en las regiones. Desde la ANLA garantizamos un licenciamiento riguroso, técnico y participativo que reconoce el valor de las comunidades en la construcción de un futuro energético más limpio”, afirmó Vélez Torres.

Los acuerdos alcanzados con las comunidades indígenas, según los reportes, contemplan medidas ambientales, sociales y culturales orientadas a asegurar beneficios para los habitantes locales.

Se estima que la construcción del megaproyecto tendrá una duración aproximada de dos años, y su operación se extenderá por un periodo de 30 años. Las autoridades y la empresa Celsia destacan que la operación del parque eólico contribuirá a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y a mitigar los efectos del cambio climático, mientras que su construcción y posterior operación generarán empleo local y aportarán al desarrollo de la economía guajira.

S.O.S. por los biocombustibles

En los últimos 20 años, la ampliación de la frontera agrícola y del área sembrada en Colombia se debe a los cultivos de caña de azúcar y palma aceitera, insumos de los biocombustibles, generando más de 90.000 empleos formales.

Por: AMYLKAR D. ACOSTA*

La mezcla de los biocombustibles en Colombia podemos considerarla como un caso de éxito. Hace 20 años, desde el 1 de noviembre de 2005, merced a la Ley 693 de 2001, de mi autoría, entró en vigor y desde entonces ha sido obligatoria.

El espíritu de la misma y la del legislador era y sigue siendo alcanzar varios propósitos: contribuir a la seguridad energética, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y las de material particulado, que tanto afecta la salud, amén del impulso a la agricultura y con ella la generación de empleo formal e ingresos en el campo.

Colombia importa el 40% de la gasolina y el 10% del diésel que se consume en el país, ello a causa de las limitaciones que acusan sus dos refinerías, Barrancabermeja y Cartagena, que opera ECOPETROL. De modo que el 10%, en promedio, de la mezcla del etanol y el biodiesel, es el mismo porcentaje en el que se reduce la dependencia de las importaciones.

De acuerdo con los registros, en Colombia los biocombustibles contribuyen a alcanzar la meta de reducir en un 51% las emisiones de GEI hacia el 2030 reduciendo 2.5 millones de toneladas de CO2 y 130 toneladas de material particulado anualmente.

Al reducir las emisiones de material particulado se está mitigando su impacto sobre la morbilidad y mortalidad, las cuales, según el DNP, le cuestan al país $12 billones, aproximadamente, 1.5% del PIB.

Los biocombustibles son mucho más que un aditivo o mezcla con el combustible motor, para constituirse en una cadena productiva agroindustrial, en la que el etanol y el aceite es un componente más de la misma. La del etanol involucra a 2.000 pequeños cañicultores y la del biodiesel a 6.000 palmeros a pequeña y mediana escala.

Es de resaltar que en los últimos 20 años la ampliación de la frontera agrícola y del área sembrada en Colombia se debe a los cultivos de la caña de azúcar y la palma aceitera, insumos de los biocombustibles, generando más de 90.000 empleos formales y bien remunerados, sobre todo en el campo, que es en donde es más intensiva en mano de obra.

Por todo ello es que el Panel de Expertos de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático afirma que “los biocombustibles son una medida determinante en la mitigación de la emergencia climática”.

Todo ello es lo que se podría poner en riesgo si llega a quedar en firme dos resoluciones que fueron publicadas para comentarios por parte del Ministerio de Minas y Energía a través de las cuales se pretende cambiar la fórmula vigente para la fijación del precio de los biocombustibles.

Como lo plantea el experto Iván Darío Arroyave, “en la práctica Colombia pasaría a fijar los precios de sus biocombustibles como si fueran importados, aunque se produzcan con materias primas nacionales, reduciendo en ingreso a los productores de etanol y biodiesel en un porcentaje del 14.5% y 23.9%, respectivamente”.

Las nuevas fórmulas reemplazarían el esquema vigente, que combina referencias internacionales con los costos reales de producir en el país, por un modelo basado en la paridad de importación, lo cual llevaría al marchitamiento de estas dos cadenas productivas con todas sus consecuencias. Por ello, coincido con Arroyave en que “resulta contradictorio que el mismo Gobierno que promulgó el COMPES 4062 de 2023 de reindustrialización debilite el sector que mejor la representa. El llamado es a evitar semejante exabrupto.

Supuestamente, con la nueva metodología se pretende “alinear”, sin lograrlo, los precios internos con los precios internacionales. Según el ministro de Minas y Energía Edwin Palma, “este es un paso hacia un mercado de biocombustibles más justo, eficiente y alineado con la realidad internacional. Modernizamos las reglas para proteger el bolsillo de los colombianos, reducir la presión fiscal y dar señales claras de competitividad al sector productivo nacional”.

A diferencia de lo que ocurre con el Ingreso al Productor (IP) en la fórmula del precio de la gasolina y el diésel, en el cual el precio paridad importación le sirve de base, que toma como referencia el mercado del Golfo de México, en donde están instaladas las mayores refinerías del mundo y por lo tanto la formación del precio refleja la de un mercado competitivo, las referencias de Houston, como lo pretende el Gobierno no es el más apropiado, dado que en EEUU la cadena de los biocombustibles está subsidiada en todos sus eslabones, desde el agricultor hasta las plantas que producen el etanol, el cual además es protegido con impuestos a las importaciones.

Y de contera la materia prima, el maíz, no se compara con la caña de azúcar, que es considerada la más eficiente energéticamente, la de mayor productividad por hectárea y, sobre todo, reduce en una mayor proporción las emisiones de GEI. Lo propio puede decirse con respecto a la palma africana cuando se la compara con otras materias primas para producir biodiesel, como la colza o la soya.

De llegar a aplicarse la nueva fórmula se daría al traste con todo lo que ha significado para el país en progreso de la agricultura, la generación de empleo e ingresos en los territorios, en ahorro fiscal y en divisas para el Estado.

Además, sería un duro revés para la Transición Energética justa que tanto pregona el Gobierno.

*Exministro de Minas y Energía y miembro de Número de la ACCE.

Atera, nueva multilatina especializada en eficiencia energética industrial

Celsia y Brookfield crearon Atera, combinando su experiencia regional y global, así como el compromiso de inversión para construir sobre la base de clientes y el portafolio de activos que tiene Celsia actualmente.

En un entorno empresarial marcado por la volatilidad de los precios de la energía, los retos en disponibilidad y el aumento de los costos operativos, la eficiencia energética se perfila como una estrategia clave para promover la competitividad.

La Agencia Internacional de la Energía (IEA) estima que el sector industrial representa el 39% del consumo energético global y que alrededor del 50% de esa energía se pierde por ineficiencias en motores, procesos térmicos, climatización y sistemas de aire comprimido. Frente a esa realidad, la eficiencia energética es una opción para reducir las emisiones y, al mismo tiempo, mejorar productividad industrial.

En esa dirección, Atera quiere consolidarse como la compañía líder en eficiencia energética para el sector industrial en América Latina. Con presencia en Colombia, Panamá, Honduras y Perú, y planes de expansión hacia México y Ecuador, demuestra que la energía es un factor determinante de competitividad, productividad y reducción de emisiones.

Tras su presentación oficial por parte de Celsia, cuenta con un portafolio que supera los USD 150 millones en activos, más de 500 clientes industriales y una proyección de inversiones por USD 500 millones hacia 2030.

Según Banco Interamericano de Desarrollo, la eficiencia energética es crítica para América Latina y el Caribe, una región históricamente caracterizada por un alto consumo de energía y una baja productividad, lo que abre una ventana de oportunidad para mejorar la rentabilidad de los procesos de manufactura.

“Atera nace con el propósito que la energía deje de ser un costo y se convierta en una fuente de competitividad y transformación para las industrias latinoamericanas. Nuestro compromiso es acompañarlas en su transición hacia operaciones más eficientes, sostenibles y rentables, impulsando la acción frente al cambio climático y la construcción de un futuro energético más sostenible para la región”, asegura Luis Felipe Vélez Restrepo, director General de Atera.

Eficiencia energética, un camino hacia la descarbonización

La prioridad de la compañía se centra en proyectos de energía solar y almacenamiento, optimización de procesos térmicos, modernización de sistemas de aire comprimido y soluciones integrales de eficiencia energética. Hasta la fecha, sus implementaciones han generado ahorros superiores a USD 33 millones en sus clientes industriales, contribuyendo a la reducción de su huella de carbono y fortaleciendo su resiliencia energética.

Atera responde a esta realidad con su modelo de Energy as a Service (EaaS), que permite a las empresas reducir su consumo sin necesidad de invertir capital propio. Primero realiza un diagnóstico de la operación y los procesos productivos de cada cliente para identificar oportunidades reales de mejora; después mide el desempeño energético con datos confiables y trazables; finalmente diseña planes personalizados que apuntan a ahorros sostenibles y a garantizar un suministro continuo y confiable de energía.

“En sectores como alimentos, minería, manufactura, agroindustria y transporte, los costos energéticos pueden representar entre el 20% y el 40% de los gastos operativos. Con soluciones escalables, tecnología avanzada y un modelo financiero innovador, la compañía impulsa la adopción de renovables y prácticas de eficiencia que contribuyen al cumplimiento de compromisos globales como Net Zero 2050 y al crecimiento económico sostenible de la región”, concluye Vélez.

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