ACGGP: Proteger la Amazonía con realismo y participación

Colombia necesita abrir ventanas de conocimiento, fortalecer la investigación científica, el monitoreo ambiental y el relacionamiento con las comunidades, para diseñar políticas que armonicen conservación, desarrollo y bienestar social.

El Bioma Amazónico colombiano vuelve al centro del debate nacional tras la discusión de un proyecto de resolución que busca declarar más de 483.000 km² del bioma amazónico como Reserva de Recursos Naturales Renovables, lo que equivaldría a cerca del 43% del territorio nacional.

“Esto significaría la prohibición de exploración y producción de hidrocarburos y minerales en esta región, que, en el papel, pretende blindar la Amazonía, apostando por la conservación y la bioeconomía. Sin embargo, este tema merece un análisis más profundo y técnico, que despierta al menos tres inquietudes que vale la pena analizar”, dijo Flóver Rodríguez, director de la Asociación Colombina de Geólogos y Geofísicos (ACGGP).

Las inquietudes del gremio son:

1. Un diagnóstico incompleto del problema amazónico

La resolución prohíbe nuevas actividades de exploración y explotación de hidrocarburos y minería como si fueran la principal amenaza del bioma. Pero el deterioro de la Amazonía se explica en gran medida por la deforestación asociada a economías ilícitas, cultivos de uso ilícito, acaparamiento de tierras y extracción ilícita de minerales.

“Ignorar este hecho es simplificar el debate y desplazar la atención del verdadero desafío: cómo enfrentar las dinámicas ilegales que destruyen el bosque”, dice Rodríguez.

2. Una visión descontextualizada del territorio

El proyecto de resolución plantea blindar un 43% del país sin reconocer que gran parte de esa extensión ya ha sido históricamente intervenida por actividades humanas y productivas.

Además, es importante precisar que no todos los departamentos amazónicos tienen potencial de hidrocarburos, sino algunos como Putumayo, Caquetá y Meta, donde existen bloques y contratos vigentes, así como comunidades estrechamente vinculadas a esa actividad. Ignorar este hecho es desconocer la realidad productiva de esas regiones y los impactos económicos y sociales que una prohibición total generaría.

“Nadie duda de la necesidad de proteger la Amazonía. Pero hacerlo con diagnósticos incompletos, medidas desproporcionadas y sin participación genuina de quienes habitan el territorio puede ser contraproducente. En la discusión ambiental de Colombia es común que surjan propuestas de prohibición total como “solución rápida” a problemas complejos. Sin embargo, la experiencia muestra que prohibir sin conocer a fondo suele llevar a decisiones desproporcionadas y, muchas veces, ineficaces”, indicó Rodríguez Portillo.

3. Déficit democrático y de participación

La propuesta busca materializarse vía resolución ministerial, lo que evita el debate democrático en el Congreso y deja de lado la consulta previa con comunidades indígenas y afrodescendientes que habitan la región. Una medida de semejante envergadura debería pasar por una discusión pública amplia y por la construcción de consensos sociales, no imponerse desde un acto administrativo que además carece de jerarquía suficiente para alterar contratos vigentes de hidrocarburos.

“En Colombia, el sector de hidrocarburos no está en contra del ambiente; por el contrario, ha demostrado que es posible combinar la exploración responsable con la gestión ambiental y social. Pero el país necesita un debate de raíz, uno que reconozca que proteger la Amazonía es también entenderla desde la ciencia, la geología y la planificación territorial, no desde el miedo ni la desinformación”, agregó.

Avanzar en conocimiento detallado del territorio y el subsuelo, basado en ciencia y en diálogo social, no solo permite tomar mejores decisiones, sino que también otorga legitimidad.

Pero, una prohibición sin diagnóstico puede terminar castigando actividades legales, reguladas y con aportes sociales, mientras deja intactas las verdaderas amenazas: la deforestación y las economías ilícitas.

TGI reitera su disposición para dar soluciones al déficit de gas natural

Sin perjuicio de que Ecopetrol adelante el proyecto de regasificación en Coveñas, la Transportadora de Gas Internacional (TGI) reitera que el país necesita soluciones inmediatas con visión de largo plazo que suplan el faltante de gas natural entre 2027 y 2030.

De acuerdo con las cifras oficiales del Gestor del Mercado de Gas Natural, Colombia enfrentará un déficit proyectado de 117 millones de pies cúbicos diarios (MPCD) en octubre de 2026, cifra que, según estimaciones, aumentaría a 220 MPCD hacia finales de 2027.

En ese sentido, TGI manifestó su voluntad de cooperación con Ecopetrol para superar los desafíos técnicos del Proyecto de Regasificación en Coveñas para entregar 110 MPCD de gas natural al Sistema Nacional de Transporte en el primer trimestre del 2027, lo cual requiere una conexión en el punto denominado Ayacucho sobre el gasoducto Ballena- Barranca propiedad de TGI.

Según la transportadora, el proyecto representa entregar el gas en condiciones de presión a 1.200 PSIG, además de la limpieza del ducto, el cambio de válvulas, pruebas de integridad mecánica de la infraestructura y la adecuación de facilidades para recepción de gas a alta presión.

Para la segunda fase del proyecto, en la que se entregarían hasta 400 MPCD en 2030 a través de la conversión del Oleoducto de Colombia (ODC), entre Coveñas y La Belleza, según TGI, se requieren cuatro estaciones compresoras con cerca de 58.200 caballos de potencia, lo que supone diseño e ingeniería, fabricación de equipos, modificaciones o solicitudes de licencias y construcción de instalaciones, más la consecución de los compresores y la habilitación regulatoria para su funcionamiento.

La opción de Ballena

TGI señaló que ha desarrollado estudios de ingeniería con la firma Moffatt & Nichol, que concluyen, con base en análisis metaoceánicos, “que la instalación de una unidad flotante de regasificación (FSRU) en el área de Chuchupa es completamente factible y viable, sin afectaciones de confiabilidad ni costos de estabilización.”

Teniendo en cuenta los diferentes componentes de una solución de regasificación, la propuesta planteada por TGI en Ballena, La Guajira tiene las siguientes ventajas:

  1. Disponibilidad de Unidad Flotante de Regasificación y Almacenamiento: TGI cuenta con la exclusividad de la embarcación que estará disponible en diciembre de 2026, lo que representa una ventaja competitiva para entrar en operación en enero del 2027.
  2. Nueva Infraestructura submarina de conexión en menor tiempo: La solución de TGI propone tender una nueva línea de 2 a 3 km, lo que representa menor tiempo de instalación.
  3. Infraestructura existente hacia el interior del país: TGI cuenta con la infraestructura disponible y operativa del gasoducto Ballena-Barranca de 579km y 7 estaciones de compresión existentes, que permiten inyectar de manera inmediata hasta 300 MPCD hacia el interior del país.
  4. TGI cuenta con todas las autorizaciones regulatorias para regasificar y transportar gas natural, lo cual asegura la puesta en marcha del proyecto.
  5. La solución planteada por TGI permite que el usuario final tenga una reducción en su factura de al menos el 20% frente a los precios actuales.

Finalmente, TGI invitó a Ecopetrol y a todos los agentes de la cadena para avanzar ágilmente en el desarrollo de ambos proyectos, Coveñas y Ballena, para asegurar un suministro asequible, confiable y oportuno de gas natural al país.

Megaproyecto eólico Camelias recibe Licencia Ambiental

La Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) dio el visto bueno a la integración de expedientes y la modificación de la licencia ambiental del Parque Eólico Camelias, el cual se consolida como el proyecto eólico con mayor capacidad en La Guajira y uno de los más grandes de Colombia.

Impulsado por Celsia, el megaproyecto tendrá con una capacidad de 436,6 megavatios (MW), lo que representa un avance para la Transición Energética.

El Parque Eólico Camelias estará ubicado al sur del municipio de Uribia, en el departamento de La Guajira. El área de desarrollo cubrirá aproximadamente 320 hectáreas en las que se instalarán 72 aerogeneradores de última generación para inyectar energía limpia al Sistema Interconectado Nacional (SIN).

La luz verde de la ANLA se otorga tras un proceso técnico y participativo que implicó la integración de tres proyectos eólicos previamente licenciados a Begonia Power, que sumaban cerca de 297 MW, y que posteriormente fueron adquiridos y optimizados por Celsia. La modificación de la licencia ambiental fue el paso definitivo para concretar el diseño actual del parque con la nueva capacidad de 436,6 MW.

Licenciamiento y participación comunitaria

Uno de los aspectos clave destacados por la ANLA fue el rigor en el proceso de licenciamiento. La entidad contó con un equipo interdisciplinario de más de 20 profesionales para evaluar la viabilidad ambiental del proyecto.

Además, la aprobación se dio tras la protocolización de 15 consultas previas con comunidades étnicas Wayuu localizadas en el área de influencia. Según la directora general de la ANLA, Irene Vélez Torres, este proceso fue «más allá de cumplir con un requisito legal» y buscó integrar los saberes y prácticas culturales de las comunidades indígenas, fortaleciendo la confianza entre Estado, empresa y ciudadanía.

“La Guajira se consolida como el corazón de la Transición Energética Justa. El Parque Eólico Camelias demuestra que este cambio se hace realidad en las regiones. Desde la ANLA garantizamos un licenciamiento riguroso, técnico y participativo que reconoce el valor de las comunidades en la construcción de un futuro energético más limpio”, afirmó Vélez Torres.

Los acuerdos alcanzados con las comunidades indígenas, según los reportes, contemplan medidas ambientales, sociales y culturales orientadas a asegurar beneficios para los habitantes locales.

Se estima que la construcción del megaproyecto tendrá una duración aproximada de dos años, y su operación se extenderá por un periodo de 30 años. Las autoridades y la empresa Celsia destacan que la operación del parque eólico contribuirá a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y a mitigar los efectos del cambio climático, mientras que su construcción y posterior operación generarán empleo local y aportarán al desarrollo de la economía guajira.

S.O.S. por los biocombustibles

En los últimos 20 años, la ampliación de la frontera agrícola y del área sembrada en Colombia se debe a los cultivos de caña de azúcar y palma aceitera, insumos de los biocombustibles, generando más de 90.000 empleos formales.

Por: AMYLKAR D. ACOSTA*

La mezcla de los biocombustibles en Colombia podemos considerarla como un caso de éxito. Hace 20 años, desde el 1 de noviembre de 2005, merced a la Ley 693 de 2001, de mi autoría, entró en vigor y desde entonces ha sido obligatoria.

El espíritu de la misma y la del legislador era y sigue siendo alcanzar varios propósitos: contribuir a la seguridad energética, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y las de material particulado, que tanto afecta la salud, amén del impulso a la agricultura y con ella la generación de empleo formal e ingresos en el campo.

Colombia importa el 40% de la gasolina y el 10% del diésel que se consume en el país, ello a causa de las limitaciones que acusan sus dos refinerías, Barrancabermeja y Cartagena, que opera ECOPETROL. De modo que el 10%, en promedio, de la mezcla del etanol y el biodiesel, es el mismo porcentaje en el que se reduce la dependencia de las importaciones.

De acuerdo con los registros, en Colombia los biocombustibles contribuyen a alcanzar la meta de reducir en un 51% las emisiones de GEI hacia el 2030 reduciendo 2.5 millones de toneladas de CO2 y 130 toneladas de material particulado anualmente.

Al reducir las emisiones de material particulado se está mitigando su impacto sobre la morbilidad y mortalidad, las cuales, según el DNP, le cuestan al país $12 billones, aproximadamente, 1.5% del PIB.

Los biocombustibles son mucho más que un aditivo o mezcla con el combustible motor, para constituirse en una cadena productiva agroindustrial, en la que el etanol y el aceite es un componente más de la misma. La del etanol involucra a 2.000 pequeños cañicultores y la del biodiesel a 6.000 palmeros a pequeña y mediana escala.

Es de resaltar que en los últimos 20 años la ampliación de la frontera agrícola y del área sembrada en Colombia se debe a los cultivos de la caña de azúcar y la palma aceitera, insumos de los biocombustibles, generando más de 90.000 empleos formales y bien remunerados, sobre todo en el campo, que es en donde es más intensiva en mano de obra.

Por todo ello es que el Panel de Expertos de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático afirma que “los biocombustibles son una medida determinante en la mitigación de la emergencia climática”.

Todo ello es lo que se podría poner en riesgo si llega a quedar en firme dos resoluciones que fueron publicadas para comentarios por parte del Ministerio de Minas y Energía a través de las cuales se pretende cambiar la fórmula vigente para la fijación del precio de los biocombustibles.

Como lo plantea el experto Iván Darío Arroyave, “en la práctica Colombia pasaría a fijar los precios de sus biocombustibles como si fueran importados, aunque se produzcan con materias primas nacionales, reduciendo en ingreso a los productores de etanol y biodiesel en un porcentaje del 14.5% y 23.9%, respectivamente”.

Las nuevas fórmulas reemplazarían el esquema vigente, que combina referencias internacionales con los costos reales de producir en el país, por un modelo basado en la paridad de importación, lo cual llevaría al marchitamiento de estas dos cadenas productivas con todas sus consecuencias. Por ello, coincido con Arroyave en que “resulta contradictorio que el mismo Gobierno que promulgó el COMPES 4062 de 2023 de reindustrialización debilite el sector que mejor la representa. El llamado es a evitar semejante exabrupto.

Supuestamente, con la nueva metodología se pretende “alinear”, sin lograrlo, los precios internos con los precios internacionales. Según el ministro de Minas y Energía Edwin Palma, “este es un paso hacia un mercado de biocombustibles más justo, eficiente y alineado con la realidad internacional. Modernizamos las reglas para proteger el bolsillo de los colombianos, reducir la presión fiscal y dar señales claras de competitividad al sector productivo nacional”.

A diferencia de lo que ocurre con el Ingreso al Productor (IP) en la fórmula del precio de la gasolina y el diésel, en el cual el precio paridad importación le sirve de base, que toma como referencia el mercado del Golfo de México, en donde están instaladas las mayores refinerías del mundo y por lo tanto la formación del precio refleja la de un mercado competitivo, las referencias de Houston, como lo pretende el Gobierno no es el más apropiado, dado que en EEUU la cadena de los biocombustibles está subsidiada en todos sus eslabones, desde el agricultor hasta las plantas que producen el etanol, el cual además es protegido con impuestos a las importaciones.

Y de contera la materia prima, el maíz, no se compara con la caña de azúcar, que es considerada la más eficiente energéticamente, la de mayor productividad por hectárea y, sobre todo, reduce en una mayor proporción las emisiones de GEI. Lo propio puede decirse con respecto a la palma africana cuando se la compara con otras materias primas para producir biodiesel, como la colza o la soya.

De llegar a aplicarse la nueva fórmula se daría al traste con todo lo que ha significado para el país en progreso de la agricultura, la generación de empleo e ingresos en los territorios, en ahorro fiscal y en divisas para el Estado.

Además, sería un duro revés para la Transición Energética justa que tanto pregona el Gobierno.

*Exministro de Minas y Energía y miembro de Número de la ACCE.

Atera, nueva multilatina especializada en eficiencia energética industrial

Celsia y Brookfield crearon Atera, combinando su experiencia regional y global, así como el compromiso de inversión para construir sobre la base de clientes y el portafolio de activos que tiene Celsia actualmente.

En un entorno empresarial marcado por la volatilidad de los precios de la energía, los retos en disponibilidad y el aumento de los costos operativos, la eficiencia energética se perfila como una estrategia clave para promover la competitividad.

La Agencia Internacional de la Energía (IEA) estima que el sector industrial representa el 39% del consumo energético global y que alrededor del 50% de esa energía se pierde por ineficiencias en motores, procesos térmicos, climatización y sistemas de aire comprimido. Frente a esa realidad, la eficiencia energética es una opción para reducir las emisiones y, al mismo tiempo, mejorar productividad industrial.

En esa dirección, Atera quiere consolidarse como la compañía líder en eficiencia energética para el sector industrial en América Latina. Con presencia en Colombia, Panamá, Honduras y Perú, y planes de expansión hacia México y Ecuador, demuestra que la energía es un factor determinante de competitividad, productividad y reducción de emisiones.

Tras su presentación oficial por parte de Celsia, cuenta con un portafolio que supera los USD 150 millones en activos, más de 500 clientes industriales y una proyección de inversiones por USD 500 millones hacia 2030.

Según Banco Interamericano de Desarrollo, la eficiencia energética es crítica para América Latina y el Caribe, una región históricamente caracterizada por un alto consumo de energía y una baja productividad, lo que abre una ventana de oportunidad para mejorar la rentabilidad de los procesos de manufactura.

“Atera nace con el propósito que la energía deje de ser un costo y se convierta en una fuente de competitividad y transformación para las industrias latinoamericanas. Nuestro compromiso es acompañarlas en su transición hacia operaciones más eficientes, sostenibles y rentables, impulsando la acción frente al cambio climático y la construcción de un futuro energético más sostenible para la región”, asegura Luis Felipe Vélez Restrepo, director General de Atera.

Eficiencia energética, un camino hacia la descarbonización

La prioridad de la compañía se centra en proyectos de energía solar y almacenamiento, optimización de procesos térmicos, modernización de sistemas de aire comprimido y soluciones integrales de eficiencia energética. Hasta la fecha, sus implementaciones han generado ahorros superiores a USD 33 millones en sus clientes industriales, contribuyendo a la reducción de su huella de carbono y fortaleciendo su resiliencia energética.

Atera responde a esta realidad con su modelo de Energy as a Service (EaaS), que permite a las empresas reducir su consumo sin necesidad de invertir capital propio. Primero realiza un diagnóstico de la operación y los procesos productivos de cada cliente para identificar oportunidades reales de mejora; después mide el desempeño energético con datos confiables y trazables; finalmente diseña planes personalizados que apuntan a ahorros sostenibles y a garantizar un suministro continuo y confiable de energía.

“En sectores como alimentos, minería, manufactura, agroindustria y transporte, los costos energéticos pueden representar entre el 20% y el 40% de los gastos operativos. Con soluciones escalables, tecnología avanzada y un modelo financiero innovador, la compañía impulsa la adopción de renovables y prácticas de eficiencia que contribuyen al cumplimiento de compromisos globales como Net Zero 2050 y al crecimiento económico sostenible de la región”, concluye Vélez.

Colombia: Sector del gas natural redujo huella de carbono en 27%

La Asociación Colombiana de Gas Natural (Naturgas) presentó los resultados del Informe de Huella de Carbono 2024 de la industria del gas natural en Colombia, que evidencian una reducción del 27,1% en las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), frente a la línea base registrada en 2022.

El reporte destaca que, gracias a la implementación de medidas como la reducción de quemas y venteos, la detección y cierre sistemático de emisiones fugitivas, así como las mejoras en eficiencia energética, permitieron que la participación del gas natural en las emisiones totales de Colombia pasara del 1% en 2022 al 0,75% en 2024, que se traducen en menos emisiones y un mayor aporte a la meta nacional de reducción de GEI.

El informe contempla toda la cadena de valor del gas natural: producción, transporte y distribución, y cubre el 98% de la producción de gas nacional, que corresponden a las 29 compañías afiliadas a Naturgas.  

“Estos resultados confirman que la industria del gas natural está avanzando con paso firme hacia la descarbonización, demostrando que es posible reducir emisiones mientras garantizamos energía confiable y accesible para los colombianos. Este es el fruto del compromiso de las empresas del sector, que innovan, invierten y trabajan de manera articulada para contribuir a la meta de carbono neutralidad del país y mejorar la calidad de vida de las personas”, aseguró Luz Stella Murgas, presidente de Naturgas.

Por otra parte, la publicación confirma que la intensidad de emisiones de metano disminuyó un 33%, al igual que las emisiones de dióxido de carbono por cada metro cúbico de gas producido se redujeron 29%, ofreciendo un energético cada vez más limpio. Asimismo, señala que la industria colombiana del gas natural representa el 0,16% de las emisiones globales del sector, comparado con datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA).

Durante la presentación del informe se reveló que gracias al uso del gas natural en Colombia fue posible evitar la emisión de cerca de 27 millones de toneladas de CO₂ (e) en 2024, que equivalen a lo que absorberían más de 1.227 millones de árboles en un año, es decir un poco más tres millones de hectáreas de bosque amazónico colombiano.

El gas natural se consolida como el energético de la transición, toda vez que es el menos contaminante de las fuentes fósiles, por lo que ayuda a reducir emisiones en la industria y el transporte, principalmente.

En ese mismo sentido, la cadena del gas natural trabaja en aportar a la descarbonización de la industria con metas en materia de eliminación de fugas, quemas y venteos, al tiempo que su infraestructura se utilizaría para transportar biogás, biometano e hidrógeno, cuando estos sectores lo requieran.

“Esto demuestra que el gas natural es y sigue siendo un aliado clave para la sostenibilidad, la competitividad del país y la mejora de la calidad del aire que respiran millones de colombianos”, concluyó Luz Stella Murgas.

Descubren fraude de gas natural en Bogotá

Empresa textil robaba más de 14.000 m³ de gas al mes, equivalentes al consumo de 580 hogares capitalinos.

Un grave caso de fraude de gas natural fue descubierto en la zona industrial de Montevideo, en Bogotá. La intervención ilegal fue detectada en una empresa dedicada a la elaboración de textiles, donde se manipuló clandestinamente la red de distribución de gas para alimentar directamente los equipos de producción, evadiendo el medidor oficial.

Por el ilícito, se estima una pérdida mensual superior a 14.000 m³ de gas natural, equivalente al consumo de más de 580 hogares. Además, durante el mismo operativo, se detectó un fraude también en el suministro de agua, evidenciando una práctica sistemática de evasión de servicios públicos por parte de la empresa textilera.

Gracias al uso de inteligencia artificial y al trabajo articulado entre la empresa de energía, el Acueducto de Bogotá y personal técnico especializado de Vanti, se logró identificar una acometida fraudulenta oculta a más de 1,60 metros de profundidad, camuflada con lonas y materiales de construcción.

De acuerdo con las investigaciones, los fraudes de gas natural son realizados por organizaciones criminales quienes ofrecen estas prácticas a industrias, comercios y residencias, exponiendo a la comunidad a un peligro inminente ya que estas bandas manipulan e intervienen las redes e instalaciones de gas natural de forma irregular y sin cumplir con protocolos mínimos de seguridad.

Las penas máximas de prisión a las que se pueden ver sometidos los usuarios que acceden a dichas prácticas y los capturados van desde los 6 hasta los 12 años de cárcel.  También se expondrán a procesos de extinción de dominio respecto de los bienes en los que se está cometiendo el fraude, así como a los adquiridos a través de dichas prácticas ilegales.

Estos delitos se han identificado especialmente en negocios de tintorería, fábricas de vidrios, hoteles, pizzerías, fábricas de tamales y lechona, asaderos, fábricas de látex y detergentes, restaurantes, lavanderías, panaderías y moteles, entre otros establecimientos.

Ecopetrol se decide por una regasificadora en Coveñas

La decisión, respaldada en estudios técnicos de expertos internacionales realizados por Ecopetrol en 2025 y con la autorización de la ANLA a Cenit para el desarrollo de actividades de recibo e internación de GNL, representa la alternativa con menores riesgos constructivos, más eficiente y con menor tiempo de entrada en operación.

Cenit, filial del Grupo Ecopetrol, obtuvo autorización de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) para desarrollar actividades de recibo e internación de Gas Natural Licuado (GNL) mediante el uso de la infraestructura offshore existente en el Terminal Marítimo de Coveñas, en el departamento de Sucre.

Esta aprobación se suma a los resultados de los estudios técnicos adelantados por Ecopetrol en conjunto con expertos internacionales durante 2025, que evaluaron la profundidad, condiciones metaoceánicas, configuración de los cuerpos de agua, la topografía del área y las condiciones de operación, entre otras variables para un proyecto de una planta de regasificación.

En ese sentido, Ricardo Roa, presidente de Ecopetrol, dijo que la compañía se decantó por este proyecto para ingresar al país 110 millones de pies cúbicos diarios (MPCD) en la primera etapa, y 400 MPCD en una siguiente fase.

Así, quedó descartado el proyecto que en los últimos días venía socializando la transportadora TGI, filial del Grupo Energía Bogotá, que pretendía instalar una unidad flotante de almacenamiento y regasificación (FSRU, por su sigla en inglés) anclada a la plataforma de Chuchupa B y que conectaría con las instalaciones de Ballena, con una capacidad de 250 MPCD.

“Los análisis confirmaron que Coveñas ofrece ventajas competitivas en tiempos de entrada y viabilidad técnica, frente a otras alternativas de importación en infraestructura del mismo Grupo Empresarial”, dijo Roa.

El proyecto, liderado por Ecopetrol, contempla el anclaje de una FSRU a las facilidades que posee Cenit, filial del Grupo, en Coveñas.

Con el aval de la ANLA a la infraestructura del puerto de Coveñas, Cenit realizará los ajustes necesarios en la infraestructura existente —originalmente destinada operaciones de crudo— que permitirá habilitar el recibo y manejo de gas natural en el mar Caribe, para su posterior entrega al Sistema Nacional de Transporte (SNT) hacia el interior del país.

El proyecto contempla la construcción de un gasoducto submarino de 16 kilómetros y 24 pulgadas de diámetro, entre la FSRU y el puerto de Coveñas. Desde este punto se reconvertiría un oleoducto para llevar el gas hasta la estación de Ayacucho, en el sur de Cesar, donde se conectaría al SNT.  

Con esta solución se habilitará un punto de internación adicional al de SPEC entre la costa Caribe y el interior del país, que permita superar las actuales restricciones de transporte en algunos puntos del SNT.

Roa señaló que el 19 de octubre próximo se abrirá la convocatoria para por lo menos 20 empresas que han mostrado interés en el proyecto de la unidad flotante de regasificación, el cual estaría listo en el primer trimestre de 2027, y se estima que antes de finalizar el 2025 se inicie la comercialización del gas natural destinado a atender la demanda nacional.

El proyecto de Coveñas (110 MPCD) se suma al proyecto de importación por Buenaventura (60 MPCD), el cual se prevé entre en operación en el segundo semestre de 2026, con lo cual se aportarían 170 MPCD para atender el déficit de gas, estimado en 160 MPCD para finales de 2026.

El Caribe no aguanta otro fracaso eléctrico

El fantasma de un apagón financiero y eléctrico ronda muy de cerca al Caribe colombiano.

Por: JUAN ESPINAL*

Han pasado ya cinco años desde que el Gobierno entregó la operación eléctrica del Caribe a dos nuevos actores, con la promesa de una salvación definitiva a la histórica crisis en la prestación del servicio.

Hoy, la realidad golpea de nuevo: la región con mayor potencial energético y de crecimiento económico del país sigue caminando sobre la cuerda floja.

De esa “solución empresarial” surgieron dos compañías: Air-e, intervenida y en proceso de liquidación, terminó hundida en la misma espiral de inviabilidad que debía resolver; y Afinia, filial del Grupo EPM, que pese a haber invertido más de $3 billones en modernizar la red heredada de Electricaribe, carga ahora con una cartera superior a $5,3 billones. Solo las entidades públicas le deben más de $373 mil millones. La paradoja es evidente: quienes deberían dar ejemplo de responsabilidad son los primeros en incumplir.

Pero el problema es aún más grave. Cada mes, Afinia debe destinar cerca de $400 mil millones en compras de energía, mientras recauda apenas el 80% de su facturación y sufre pérdidas cercanas al 28% por robo de energía.

Aunque la calidad del servicio ha mejorado más de un 60%, el hueco financiero se profundiza. Es un callejón sin salida: invertir para mejorar, pero perder cada vez más.

La fragilidad de las empresas energéticas amenaza la competitividad y el futuro de la región Caribe. Sin energía no hay turismo, no hay puertos, no hay agroindustria, ni manufactura.

La crisis no es técnica: es política, social y fiscal. Y está siendo agravada por un Gobierno que retiene los recursos de los subsidios (más de $413 mil millones en el caso de Afinia), y no presiona a las entidades oficiales para que paguen lo que deben.

El Caribe no puede ser condenado, otra vez, a la inestabilidad eléctrica por falta de liderazgo. Petro está jugando con fuego: si Afinia cae, el país perderá su mejor gestor de energía en la región. Sería como suspender un partido de fútbol en el entretiempo, cuando lo que se necesita es resistir y sostener la estrategia.

La única salida es un cambio profundo en la relación con el servicio: sistemas de prepago, disciplina de pago y corresponsabilidad de usuarios, gobiernos locales y nacionales. Sin eso, ninguna empresa sobrevivirá.

La pregunta es: ¿El Gobierno está dispuesto a actuar o seguirá dejando que la energía del Caribe se nos vaya de las manos?

*Representante de la Cámara por Antioquia.

El salvavidas de Chuchupa

Dado que las necesidades de importación de gas natural serán crecientes, ha surgido una iniciativa prometedora por parte de la Transportadora de Gas Internacional, filial del Grupo Energía Bogotá.

Por: AMYLKAR D. ACOSTA*

Después de muchas idas y venidas, vueltas y revueltas, el Gobierno Nacional ha terminado por aceptar que en Colombia sí hay una escasez de gas, que esta es creciente, que la producción nacional es insuficiente para satisfacer la demanda esencial y que por lo tanto se requiere importarlo para conjurar un eventual racionamiento.

Luego de admitir, por fuerza de las circunstancias, la imperiosa necesidad de importar gas vendría el embeleco de traerlo desde Venezuela primero y desde Catar después, al tiempo que el presidente Petro, en una actitud errática primero le recrimina a Ecopetrol por estarle “mamando gallo en el tema”, porque “este Gobierno dijo: transición energética significa reemplazar, no acompañar los combustibles fósiles”  e interpeló a su presidente Ricardo Roa con este interrogante: “¿por qué vamos a promover el uso de gas natural si eso es muerte?”.

Pero ello no fue óbice para posteriormente, en medio de un Consejo de Ministros el 7 de abril, manifestarle que no entendía “por qué Ecopetrol no está importando gas. El simple hecho que Ecopetrol no importe el gas como sí importa gasolina no permite negociación con los colombianos (…) la orden que yo le doy al ministro de Minas es que mire a ver qué pasa en Ecopetrol y por qué no importa el gas” que requiere el país.

En el entretanto, Ecopetrol, consciente de la necesidad de su aprestamiento para importar gas, había dado los pasos conducentes para ello. En efecto, contrató los servicios de la empresa Puertos Inversiones y Obras (PIO SAS) para la instalación de una Unidad Flotante de Almacenamiento (FSU, por su sigla en inglés) en Buenaventura y una planta regasificadora en Buga (Valle del Cauca), hasta donde se transportará en isocontenedores, en estado líquido, a falta de un gasoducto, con el que no se cuenta. Operación esta compleja y costosa.

La planta tendrá una capacidad muy limitada, de sólo 60 MMPCD, si se compara con la de Sociedad Portuaria del Cayao (SPEC), instalada en Cartagena, con una capacidad de 450 MMPCD, y estará disponible en el segundo trimestre de 2026.

Es de anotar que la planta de SPEC fue instalada gracias a la iniciativa del denominado Grupo Térmico de la Costa, integrado por tres plantas generadoras (TEBSA, Termocandelaria y Celcia) y me correspondió como ministro de Minas y Energía licenciar su proyecto mediante las resoluciones 062 de 2013 y 022 de 2014.

Fue inaugurada finalizando el 2016 y desde entonces le ha servido de fuente de abastecimiento del combustible a dicho parque térmico y así poder cumplir con sus obligaciones de Oferta de Energía en Firme (OEF) adquiridas por el Cargo por Confiabilidad.

De no haber sido por SPEC el país se habría apagado el año pasado cuando la sequía que trajo el fenómeno de El Niño puso a prueba el respaldo del parque térmico, operando a su máxima capacidad, hasta cubrir el 58% de la demanda de energía.

En este contexto, y dado que las necesidades de importación serán crecientes, ha surgido otra iniciativa muy prometedora por parte de la transportadora de gas TGI, filial del Grupo Energía Bogotá (GEB).

Así lo anunció su residente Juan Ricardo Ortega. Según sus declaraciones, la misma consiste en conectar una FSRU con la plataforma de Chuchupa, en La Guajira, utilizando la licencia ambiental de una infraestructura ya existente, lo cual abreviaría los términos para su entrada en operación.

Tiene además la ventaja de contar con la infraestructura del gasoducto que opera HOCOL, empresa del grupo Ecopetrol, hoy subutilizado, pues de su capacidad de transporte de 500 MMPCD sólo transporta 70 MMPCD.

Según la compañía, esto permitiría arrancar operaciones en un año. Como lo manifestó Ortega, “contamos con el barco, el capital y la capacidad técnica para poner en marcha esta solución”.

Queda en manos del Gobierno nacional apoyar esta iniciativa para garantizar el abastecimiento en los próximos años contando con esta otra regasificadora, que tendría una capacidad mucho mayor que la de Buga, pues estamos hablando de 260 MMPCD para el primer trimestre de 2027, justo cuando el país podría afrontar una crisis de desabastecimiento, la cual se escalaría hasta los 400 MMPCD para 2029.

El proyecto anunciado por Ortega es de tal importancia y urgencia para el país que amerita ser considerado como de interés nacional estratégico (PINE) y ser tratado como tal, en aplicación del Documento CONPES 3762 de 2013, en orden a agilizar sus trámites y poder contar más pronto con tarde con esta regasificadora. Tanto más en cuanto que, según el Gestor del Mercado de Gas, Colombia tendrá una creciente necesidad de importar gas, con un déficit que pasará de 117 millones de pies cúbicos diarios en 2026 (16% de la demanda) a 224 millones en 2027 (37%) y 260 millones en 2028 (43%). 

Yo insistiría en que, pensando en el mediano y largo plazo, se contemple instalar allí un complejo bidireccional, de tal suerte que lo urgente, que es ampliar la capacidad regasificadora, no impida que se disponga también de una planta de licuefacción, previendo que, cuando sea declarada la comercialidad de Sirius y recuperemos la autosuficiencia de provisión de gas natural, dispongamos de la facilidad para exportar los excedentes.

*Exministro de Minas y Energía y miembro de Número de la ACCE.

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