La CREG, al garete

La propia CREG se pronunció a través de una circular, en la cual advierte que “en este momento no se cumplen los requisitos para emitir conceptos y responder peticiones de interés general y particular relacionados con la regulación de los servicios públicos”.

Por: AMYLKAR D. ACOSTA

La Comisión de Regulación de Energía, Gas y Combustibles (CREG) es el órgano colegiado rector de la regulación del sector energético en Colombia y fue creada mediante la Ley de servicios públicos 142 de 1994, como parte esencial de la institucionalidad, vigente hace casi 30 años.

El desempeño de esta arquitectura ha merecido las más altas calificaciones del Foro Económico Mundial y gracias a ella el sector eléctrico ha sido capaz de soportar tres fenómenos de El Niño sin verse abocado a la necesidad de racionar el servicio de energía. El último de ellos en 2015.

En 2022, frente a la escalada alcista de las tarifas de energía y en respuesta al descontento a las protestas de los usuarios, el presidente Gustavo Petro, en septiembre del año anterior, en el marco del Congreso de la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Públicos y Comunicaciones (ANDESCO), anunció su intervención de la CREG con el objeto de asumir sus funciones.

En efecto, en febrero de este año procedió a expedir el Decreto 0227, mediante el cual “retomó” varias de las funciones y competencias de la CREG, con tan mala suerte que a poco andar el Consejo de Estado lo suspendió, al considerar que las mismas no son delegadas por parte del presidente, sino que son propias de la CREG por ministerio de la Ley que la creó.

Pero, posteriormente, el mismo Consejo de Estado terminó anulando el nombramiento de varios de los expertos comisionados que integraban la CREG, quedando ésta prácticamente desmantelada y en manos del presidente Petro. No obstante, éste en lugar de proceder a nombrar en propiedad y por el período de 4 años, como lo manda la Ley sus reemplazos, dispuso encargar a funcionarios del despacho del Ministerio de Minas y Energía. Y cuando a estos se les terminó el encargo la CREG quedó sumida en interinidad y hasta la fecha sólo a uno de ellos se reemplazó con el nombramiento de Omar Prías Caicedo.

Lo cierto es que la CREG se tornó inoperante desde el 5 de octubre por no contar con el quorum suficiente para tomar decisiones. Esta situación llevó a afirmar su director Eecutivo José Fernando Prada que “tenemos un apagón regulatorio, porque no tenemos capacidad de tomar ninguna decisión”. Ello es muy grave, porque, como se lo hizo saber oportunamente la CREG al ministro de Minas y Energía Omar Andrés Camacho “la Comisión tiene en proceso de estudio y aprobación varias medidas regulatorias, las cuales consideramos relevantes para el funcionamiento de los sectores regulados”.

Y para rematar, luego vendría lo peor, José Fernando Prada, habiéndosele vencido su período, renunció ante el despacho del ministro de Minas y Energía y nunca le contestaron, transcurrido el tiempo dispuesto por la Ley sin que se la aceptaran, apelando al silencio administrativo, hizo efectivo su retiro el 6 de noviembre por vencimiento de términos. De esta manera, la desmantelada e inoperante CREG ahora quedó acéfala y a la deriva, al garete.

Hasta ahora sólo se ha hecho efectivo el nombramiento en propiedad de uno sólo de los 6 expertos comisionados que integran la CREG, al ingeniero Omar Prías, prolongando la parálisis de la CREG por cuenta de la desidia y el desdén del Gobierno.

En un hecho sin precedentes, la propia CREG se pronunció a través de una circular, cuyo texto más parece el canto del cisne, en el cual advierte que “en este momento no se cumplen los requisitos para emitir conceptos y responder peticiones de interés general y particular relacionados con la regulación de los servicios públicos”. Algo inaudito. 

Y ello ocurre en momentos en los que el propio Gobierno Nacional, a través del IDEAM, oficializó la llegada de El Niño, cuya amenaza no es menor para el sector energético, urgido de medidas que solo la CREG puede tomar porque son de su competencia, para conjurarla.

Las consecuencias de esta abulia gubernamental no se han hecho esperar. Al expirar el Pacto Tarifario firmado entre el Ministerio de Minas y Energía en septiembre pasado, tendiente a pausar las alzas tarifarias, ya las empresas operadoras de red quedaron con las manos libres para incrementarlas e iniciar la recuperación por esa vía de los saldos por concepto de la opción tarifaria, que ya superan los $5 billones. El proyecto de Resolución de la CREG que contempla un mecanismo alternativo, que procura limitar dichos aumentos se quedó en el tintero.

Como lo denunció el delegado para Minas y Energía de la Contraloría General Germán Castro, “al no determinarse ese tipo de ajustes, los incrementos imprevistos en el costo unitario del servicio de energía eléctrica en promedio y en especial en la costa Caribe puede superar el 15%.

Y mientras tanto, el ministro, que dice estar “del lado de los usuarios”, se hace el de la vista gorda, afirmando que “los altos precios de la energía son el resultado de la crisis estructural del modelo neoliberal de desarrollo en los últimos años”. ¿Será esta una de esas profecías autocumplidas? ¡No hay derecho!

*Exministro de Minas y Energía y miembro de Número de la ACCE.

Gremios alertan al gobierno por ‘apagón regulatorio’

Seis gremios del sector energético colombiano le solicitan al presidente, de manera urgente, que se proceda a la designación en propiedad de los seis cargos de Expertos Comisionados que integran la CREG, con dedicación exclusiva y el conocimiento especializado requerido.

Agremiaciones de las empresas de servicios públicos y entidades representadas en ANDESCO, ACOLGEN, ANDEG, ASOCODIS, NATURGAS y SER-COLOMBIA, expresaron su preocupación, no solo por las dificultades que trae la situación climática actual, sino por la grave situación institucional que enfrenta el sector energético del país, dada la inoperancia de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG), debido a la falta de expertos comisionados nombrados en propiedad.

“Esta inoperancia reviste una inusitada gravedad porque se trata de la parálisis de la institución que profiere la reglas y decisiones técnicas y operativas necesarias para la prestación continua del servicio público domiciliario de energía eléctrica y del mercado de gas natural”, expresan los gremios en una carta enviada al presidente Petro.

En la actual coyuntura por la que atraviesa el país, en el sector eléctrico existen dos situaciones relevantes que demandan una pronta decisión del regulador, como son la falta de liquidez de las empresas comercializadoras y las medidas necesarias para enfrentar el periodo seco por el Fenómeno de El Niño.

“En caso de mantenerse la situación anterior, se pone en riesgo la prestación del servicio públicos de energía eléctrica, máxime en estos momentos cuando el sector energético se enfrenta a retos de gran relevancia y trascendencia que demandan una alta producción regulatoria. Así mismo, es importante resaltar que para la industria del gas natural también hay decisiones urgentes pendientes por parte del regulador”, agregan los gremios en la misiva.

En tal sentido es que los gremios hacen un llamado al presidente para que tome una decisión urgente y definitiva frente al nombramiento de los expertos comisionados de la CREG pues, tal como lo reconoció el director saliente de la entidad, José Fernando Prada, “estamos en un apagón regulatorio”.

La CREG se encuentra inoperante pues no es materialmente posible integrar el quorum exigido para adoptar sus decisiones, esto es, para expedir la regulación a su cargo. Esta inoperancia va en contravía de los principios que regulan las actuaciones y procedimientos administrativos contenidos en el artículo 3 de la Ley 1437 de 2011.

Esta situación la hizo evidente la propia entidad en la Circular CREG 086 de 2023, donde indica que “…dado la separación del cargo del director ejecutivo de la entidad, José Fernando Prada y la falta de los expertos comisionados que conforman la Comisión de Regulación de Energía y Gas, en este momento no se cumplen los requisitos para emitir conceptos y responder peticiones de interés general y particular relacionadas con la regulación de los servicios públicos”.

“Es verdaderamente lamentable que hoy en día una institución tan respetable y que tanto le ha aportado al país, como lo es la CREG, no tenga la capacidad para emitir ni siquiera un concepto técnico, tal y como se reconoce en la referida circular”, concluyen los gremios firmantes.

Colombia le dice sí a la Transición Energética, pero con seguridad energética

La Transición Energética está en cuidados intensivos. La apuesta del actual Gobierno no avanza en los frentes de adicionar energía renovable.

Por: JUAN ESPINAL*

La Transición Energética ha sido una decisión de Estado, que se inició en el gobierno del presidente Uribe con el primer parque eólico Jepirachi en La Guajira, pasando por la aprobación de la Ley 1725 de 2014 en el gobierno Santos, y generando avances significativos que fueron reconocidos en la COP 26 como la Ley de Transición Energética, la Ley de Cambio Climático y la Hoja de Ruta del Hidrógeno liderada por el presidente Duque; lo que significa que ni Petro ni sus fanáticos ministros están descubriendo algo nuevo.

La constante ha sido avanzar con la Transición Energética de la mano de la Seguridad Energética. Parte de esta Transición, es darle complementariedad a los recursos hídricos por la exposición de efectos climáticos, como el Fenómeno de El Niño, con más fuentes de energías renovables, además, continuar  aprovechando los recursos no renovables, que en su mayoría, son exportados y buscan cerrar brechas energéticas con el gas natural en el mercado doméstico.

Lo he manifestado, la Transición Energética está en cuidados intensivos. La apuesta del actual Gobierno no avanza en los frentes de adicionar energía renovable. Quieren dejar de explorar y explotar recursos no renovables, al parecer pretenden que nuestro país dependa de países como Venezuela, decisión que generaría una gran afectación económica en materia fiscal y de balanza comercial. El plan de Petro no es proteger al mundo del cambio climático, sino destruir a Colombia.

Si importamos gas desde Venezuela, la factura del gas para estratos 1, 2 y 3 aumentaría hasta por 5 veces; no podemos olvidar que en Colombia 37 millones de ciudadanos consumimos el gas que producimos y que el 67% son estratos bajos. La pregunta para el presidente Petro es, ¿cómo sustituir el 54% de las exportaciones que dependen del petróleo y el carbón?

El Gobierno del “Cambio” tiene en riesgo la Transición Energética, la CREG está desmantelada, en el Plan Nacional de Desarrollo aumentaron las transferencias del 1% al 6% para los proyectos de energías renovables no convencionales. La inseguridad jurídica está generando parálisis de los proyectos eólicos y solares, ENEL suspendió la construcción de uno de los parques eólicos más importantes y otras empresas han tomado la decisión de desmontar proyectos similares en el país.

No se puede desconocer que el sector minero energético genera 500 mil empleos directos en el país, fondea el Sistema General de Regalías, que es fundamental para la construcción de colegios, vías, parques y que además, financia proyectos ambientales y en materia de ciencia, tecnología e innovación.

De acuerdo con un estudio realizado por la Universidad Nacional y Acolgen, para el cual tomaron la información de proyecciones a futuro de la UPME, se estiman crecimientos de la demanda de electricidad entre el 2,2% y el 3,4% anualmente. Hoy el consumo real está creciendo por encima del 5%, es decir, el doble de lo que proyectó la UPME, lo cual representa un reto aún mayor para el mercado, porque de mantener ese ritmo el sistema no estaría preparado para atender a todos los colombianos años antes de lo presentado por el estudio.

Presidente Petro, no permita que la Transición Energética fracase, no someta a los colombianos a un apagón, a quemar más leña y a depender energéticamente de otro país. Presidente, no debilite  a ECOPETROL, la empresa más importante de los colombianos.

Lamentablemente hoy los colombianos estamos viendo las consecuencias del decrecimiento al que están dedicados en el gobierno nacional. Ojalá no dejen perder el país, aunque como vamos, el resultado no será el mejor.

*Segundo vicepresidente de la Cámara de Representantes.

Municipios productores de hidrocarburos registran mayores índices de bienestar

El Monitor de Desarrollo Territorial (MDT), iniciativa de Jaime Arteaga & Asociados, analizó los cambios identificados en las regiones productoras de petróleo y gas del país, en 12 dimensiones relacionadas con aspectos sociales, económicos y ambientales, durante los últimos 10 años.

Los municipios donde se desarrolla la industria de hidrocarburos presentan un mejor índice de bienestar y desarrollo económico. Esta es una de las principales conclusiones del Monitor de Desarrollo Territorial (MDT), el cual hace una radiografía de los territorios productores de petróleo y gas, en donde viven más de 6,8 millones de colombianos, para evaluar cómo han avanzado estos municipios en comparación con el resto del país.

El Monitor muestra información histórica del desarrollo que han tenido los municipios productores de hidrocarburos en los últimos diez años, a través de una serie de indicadores distribuidos en 12 dimensiones: análisis de población, desempeño municipal, desarrollo económico, sector agropecuario, turismo, sector minero energético, inclusión financiera, educación, salud, seguridad y convivencia, y violencia de género.

En el marco del lanzamiento del MDT, Jaime Arteaga de Brigard, director de Jaime Arteaga y Asociados, resaltó que “las cifras muestran de manera clara que los municipios productores de petróleo y gas han alcanzado grandes logros en materia no sólo económica sino también social. Los datos también expresan que la industria del petróleo y gas no compite con otras actividades como la agrícola: por el contrario, la industria del petróleo y gas es el motor del desarrollo agropecuario”.

De acuerdo con el análisis, los niveles de pobreza multidimensional en los municipios productores de petróleo y gas están por debajo del nivel nacional: el promedio es 40,8% mientras que a nivel nacional es de 41,8%. Además, estos municipios tienen mayores niveles de recaudo de impuestos, como el predial e industria y comercio, cuyo recaudo promedio per cápita en los municipios productores de petróleo y gas es casi un 80% más que el promedio nacional.

«Teniendo en cuenta los resultados del Monitor, se evidencia que la industria de hidrocarburos desempeña un papel fundamental en la reducción de las desigualdades y la mejora del bienestar de la población colombiana. Por ello, es imperativo que el país incremente la producción y las reservas de hidrocarburos aprovechando los actuales precios del petróleo, al mismo tiempo que se trabaja en mejorar su competitividad y atraer inversiones”, mencionó Nelson Castañeda, presidente ejecutivo de Campetrol.

Así mismo, el MDT muestra que el PIB per cápita de los municipios productores es mayor que el promedio nacional. No obstante, la dependencia de las regalías en los municipios productores de petróleo duplica el promedio nacional.

“La industria del petróleo y gas en Colombia está comprometida con seguir siendo forjadora de una mejor calidad de vida para los colombianos; sabemos que la pobreza en la que viven millones de colombianos es el tema que hay que resolver para avanzar hacia la transición energética y el desarrollo sostenible; y el sector hidrocarburos es el que más puede contribuir a lograr una sociedad equitativa. Este monitor nos muestra que hemos contribuido y que aún tenemos muchos desafíos para alcanzar el cierre de brechas sociales”, destacó Carolina Rojas, vicepresidente de Comunicaciones y Estrategia de la Asociación Colombiana de Petróleo y Gas (ACP).

Los mejores índices de desempeño que muestra el estudio permiten concluir que la transición productiva ya se está dando en los territorios productores, pese a que actualmente se produce un 24% menos de petróleo y 43% menos de gas que hace diez años.

Municipios productores sobresalen en agricultura y financiación

Entre otros resultados, el Monitor destaca que, entre 2013 y 2022, los municipios productores de petróleo y gas han experimentado un desarrollo agrícola significativo. El área sembrada de los principales cultivos del país creció un 27,7% en los municipios productores de hidrocarburos, en contraste con el crecimiento registrado a nivel nacional, que fue del 7,4%.

Según se evidencia en el informe, si bien el aceite de palma ha sido el cultivo agrícola dominante en los municipios productores de petróleo y gas, los cultivos de soya y limón están experimentando un crecimiento significativo; también muestra que, en 2022 el 96% de la producción nacional de soya provenía de estas localidades.

Además, más de la mitad de las áreas destinadas al cultivo de aceite de palma y arroz en todo el país se ubicaron en municipios productores. Mientras que la participación de los productores de petróleo y gas en la producción pecuaria de bovinos a nivel nacional aumentó en un 12,4% entre el 2018 y el 2024. “La industria de petróleo y gas no compite con el agro sino que es su motor. El sector agropecuario depende de la industria de los hidrocarburos”, señala Arteaga.

De la misma manera, son notables los avances de los municipios en materia de educación y salud. Mientras que a nivel nacional la cobertura neta en educación fue del 86,9% en 2021, en los municipios productores de petróleo y gas la tasa de cobertura neta fue del 91,3%. Por su parte, estos municipios demuestran una medición en desempeño municipal (MDM) en salud de 85,2 puntos, superior al promedio nacional (84,5).

Finalmente, es necesario señalar los retos que, de acuerdo con el Monitor, persisten en estos municipios, particularmente en materia de seguridad. La tasa de homicidios en los municipios productores de petróleo y gas (31 por cada 100.000 habitantes) está por encima del promedio nacional (26 por cada 100.000 habitantes). Así mismo, la tasa de secuestros y la tasa de desplazamiento en estos municipios está por encima del doble del promedio nacional.

 Cabe señalar que el estudio fue hecho con base en información de entidades oficiales.

Actualizan subsidios al GLP en cilindros para los estratos 1 y 2

Se trata de la actualización del precio-techo del subsidio que se otorga a más de 200 mil hogares de estratos 1 y 2 en los departamentos cobijados por el ‘Plan piloto de subsidios al consumo de GLP en cilindros’: Amazonas, Archipiélago de San Andrés, Caquetá, Cauca, Nariño y Putumayo.

El Ministerio de Minas y Energía confirmó que desde el 8 de noviembre de 2023 queda actualizado el precio-techo del programa “Plan piloto de subsidios al consumo de GLP en cilindros», que descuenta el valor del 50% del cilindro para los usuarios de estrato 1 y del 40% para el estrato 2, cuyo cálculo se basaba en los precios de 2014 y desde entonces no se había modificado. 

La actualización del precio-techo se realiza con enfoque diferencial en los departamentos beneficiarios, conforme al promedio anual de los precios presentados en el mercado del GLP en el año inmediatamente anterior. Es decir, el precio-techo de 2023 ha sido calculado conforme al promedio de los precios de mercado en 2022 en cada uno de los territorios beneficiados y así para los años posteriores.

De acuerdo con cifras del Ministerio de Minas y Energía, el gobierno nacional ha otorgado en promedio $3.900 millones mensuales en subsidios a familias de menores ingresos. Con la actualización del precio-techo el promedio en subsidios ascenderá a $8.400 millones mensuales.

El GLP como combustible de bajas emisiones hace parte del programa de Transición Energética Justa, enfocado en disminuir la pobreza energética en los estratos 1 y 2, sector rural y población étnica de escasos recursos.

Para el presidente de la Asociación Colombiana del GLP (GASNOVA), Alejandro Martínez Villegas, esta medida adoptada por el Ministerio es importante ya que beneficiará a más de 200 mil hogares de estratos 1 y 2 en esas regiones, y evitará que muchos de estos usuarios migren a combustibles altamente contaminantes como la leña, que ocasiona cada año miles de decesos por causas de enfermedades agudas respiratorias.

Vanti expande su red de gas natural en la Sabana de Bogotá y Boyacá

Más de 100 empresas de sectores como alimentos y bebidas, fundición, agroindustria, manufactura y cultivos de flores, entre otros, ubicadas en los sectores del Puente Guadua, Funza, Siberia, Duitama, Paipa y el occidente de la Sabana de Bogotá se beneficiarán con la llegada del gas natural.

Los nuevos polígonos empresariales y logísticos, así como una amplia presencia de empresas del sector agroindustrial no contaban con acceso al servicio de gas natural, por ello Vanti decidió realizar la construcción de 58 mil metros de redes, con una inversión por más de 16 mil millones de pesos.

El proyecto se inició en 2019 cuando Vanti identificó el potencial existente e inició el proceso de evaluación, permisos y construcción de nuevos sistemas de distribución de gas natural y que tiene un avance del 80% a la fecha con la conexión efectiva de cerca de 60 nuevos usuarios.

Dentro del proyecto en general se destaca el Parque Industrial Celta (ubicado en el corredor Funza – Siberia, Cundinamarca) que tuvo una inversión de 4.700 millones de pesos por parte de Vanti, que incluye la construcción de 16 mil metros de redes de gas natural para un potencial de 33 clientes del sector metalmecánico, alimentos, logística, restaurantes, centro de eventos y una plazoleta para eventos.

Además de las industrias también existe un alto potencial en el sector floricultor que ha existido por décadas en la región, que no era usuario del servicio de gas pero con los desarrollos tecnológicos y nuevas aplicaciones del gas ha viabilizando su utilización, buscando otras formas de eficiencia energética y generación de energía eléctrica en proyectos de cogeneración.

Finalmente, Vanti sigue desarrollando estos proyectos en más zonas de la Sabana de Bogotá, como es el caso del Parque Industrial Gran Sabana ubicado en Tocancipá, para abastecer un potencial de 60 bodegas que estaban utilizando otros energéticos, logrando conectar cuatro clientes pertenecientes al sector cementero, manufactura, plásticos y petróleo.

Energía nuclear, el poder del átomo versus el temor de la humanidad

La energía nuclear ha sido una fuente de energía controvertida desde sus inicios, en la década de 1950. Hay pros y contras del uso de la energía nuclear que deben sopesarse a medida que planificamos las necesidades energéticas futuras.

Por: JUAN SZABO y LUIS PACHECO

Por un lado, las centrales nucleares generan electricidad sin emitir gases de efecto invernadero (GEI), como las plantas de combustibles fósiles. Por otro lado, las preocupaciones por la seguridad y los desechos radiactivos han limitado el crecimiento de la energía nuclear a nivel mundial.

La historia de la energía nuclear comienza a finales del siglo XIX con el descubrimiento de la radiactividad por parte de Henry Becquerel físico francés, en 1896. Comienza así la física nuclear, que busca entender las propiedades de los núcleos atómicos.

En 1905, el físico alemán Albert Einstein publicó su revolucionaria teoría de la relatividad especial. Esto sentó las bases de la famosa ecuación E=m.c2, que propuso en un artículo posterior ese mismo año. Esta ecuación muestra que masa y energía son intercambiables: una pequeña cantidad de masa se puede convertir en una inmensa cantidad de energía, la base teórica para las posibilidades de la energía nuclear.

En 1932, James Chadwick, físico británico, descubrió el neutrón, lo que reveló el potencial de la fisión nuclear: dividir los núcleos atómicos para liberar enormes cantidades de energía. De 1939 en adelante, las teorías de Einstein ayudaron a inspirar a otros científicos a comenzar a explorar las reacciones nucleares en cadena. Esta investigación condujo finalmente al desarrollo de reactores nucleares y bombas atómicas durante el Proyecto Manhattan en la década de los 40.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la atención se centró en las aplicaciones civiles de la fisión nuclear. En 1954, la central nuclear de Óbninsk, en la URSS, produjo por primera vez electricidad para uso comercial a partir de un reactor nuclear. Apenas tres años después, se inauguró la planta Calder Hall en el Reino Unido como la primera central nuclear a gran escala que alimenta una red eléctrica pública.

Durante las décadas de 1960 y 1970 se construyeron rápidamente reactores nucleares en todo el mundo, especialmente en Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia y Japón.

La energía nuclear se consideraba una fuente abundante de electricidad constante y fiable para satisfacer la creciente demanda. Sin embargo, algunos accidentes importantes, en particular la fusión de Three Mile Island en 1979 en Estados Unidos, comenzaron a hacer tambalear la confianza del público en la seguridad nuclear. Esta preocupación aumentó exponencialmente después del desastre de Chernóbil en la Ucrania soviética en 1986, todavía considerado el peor accidente nuclear de la historia.

En la década de los 90, el crecimiento de la energía nuclear se desaceleró sustancialmente en muchos países debido a factores económicos y la oposición pública. Pero la tecnología nuclear siguió avanzando y los nuevos diseños de reactores se centraron en la eficiencia y la seguridad.

Bases de la energía nuclear

La energía nuclear se basa en el proceso de fisión nuclear: los átomos se dividen para liberar enormes cantidades de energía. Esto ocurre dentro del núcleo del reactor, que contiene barras de combustible de Uranio-235 sumergidas en agua. Los átomos de uranio se dividen cuando son bombardeados por neutrones. Estos neutrones chocan con otros átomos de U-235, provocando que se divida en una reacción en cadena. Cada fisión libera 200 MeV (1 MeV = 106 eV = 1.6 x 10-13 Joules) de energía -no es mucho, pero claro, las partículas elementales son bastante pequeñas. La energía calórica así generada se utiliza para calentar el agua y convertirla en vapor, que hace girar un turbogenerador para producir electricidad. Después de pasar por la turbina, el vapor se condensa nuevamente en agua y se recicla a través de la planta.

La reacción en cadena está vigilada por barras de control, que absorben el exceso de neutrones. El agua que circula alrededor del núcleo también regula la temperatura. En caso de parada, todas las barras de control caen completamente dentro del núcleo para detener la fisión. El calor restante se elimina mediante circulación de refrigerante.

La principal ventaja de la energía nuclear es su capacidad para generar grandes cantidades de electricidad continua de forma fiable. Las centrales nucleares no dependen de fuentes variables como el viento o la luz solar, lo que les otorga factores de capacidad del 90% o más. Esto significa que pueden funcionar las 24 horas del día de manera constante y casi a plena potencia.

Por el contrario, las fuentes renovables como la solar y la eólica solo pueden generar electricidad entre el 10% y el 30% del tiempo. La energía nuclear también es extremadamente densa: la cantidad de electricidad producida a partir de una determinada cantidad de combustible es mucho mayor que la de cualquier otra fuente. Por ejemplo, una pastilla de uranio del tamaño de una goma de borrar puede producir tanta energía como 149 galones de petróleo. Con suministros finitos de combustibles fósiles, el uranio proporciona una solución energética a largo plazo más sostenible.

El riesgo de accidentes es muy bajo y los diseños de reactores modernos cuentan con múltiples sistemas de seguridad. Las tasas de mortalidad por accidentes de energía nuclear son órdenes de magnitud más bajas que las muertes por carbón, gas natural, energía hidroeléctrica e incluso energía solar y eólica (por unidad de electricidad generada).

El lado negativo es que la disposición de residuos nucleares sigue siendo un desafío. Las barras de combustible usadas contienen isótopos radiactivos con vidas medias largas, que requieren aislamiento durante miles de años. Ningún país ha establecido todavía un depósito permanente para estos desechos.

Los protocolos actuales implican un almacenamiento in situ durante años, que luego son enterrados a gran profundidad. Los críticos argumentan que esto es simplemente pasarles el problema a las generaciones futuras. Una mayor investigación sobre ciclos de combustible reutilizables y reactores reproductores podría ayudar a mitigar el problema de los residuos a largo plazo.

La proliferación nuclear es otra preocupación común: que un mayor acceso a la tecnología nuclear pueda conducir al desarrollo de armas nucleares. Sin embargo, los reactores modernos tienen salvaguardias incorporadas, como combustible de uranio poco enriquecido, que hace que desviar material para armas sea casi imposible; aunque estas salvaguardias no son insalvables.

Los altos costos iniciales de la construcción de plantas nucleares también limitan su adopción, ya que una planta puede costar entre 5.000 y 9.000 millones de dólares. Sin embargo, una vez construidos, tienen bajos costos de combustible y operación y tienen una vida útil de 40 a 60 años. Los incentivos políticos como garantías de préstamos y créditos fiscales han tenido como objetivo facilitar la financiación. Algunos diseños de reactores de próxima generación también están diseñados para ser más pequeños y económicos.

La energía nuclear suministra hoy alrededor del 10% de la electricidad mundial, encabezada por Estados Unidos, Francia y una creciente plantilla nuclear en China. Sin embargo, el desastre nuclear de Fukushima en 2011, tras un tsunami en Japón, recordó al mundo los riesgos que corren si las cosas salen mal.

El uso de la energía nuclear sigue siendo controvertido. Sin embargo, todavía genera enormes cantidades de electricidad libre de carbono en muchos países. Ante el aumento de la preocupación por el cambio climático, algunos consideran que la energía nuclear está regresando gracias a su papel como fuente estable de energía limpia.

En términos de impacto ambiental, la energía nuclear tiene ventajas y desventajas frente a los combustibles fósiles. No emite gases de efecto invernadero, pero la extracción y el enriquecimiento de uranio sí requieren energía. Las centrales nucleares también utilizan grandes cantidades de agua para enfriar. Sin embargo, los nuevos reactores pueden reutilizar y reciclar el agua para reducir el consumo. En general, la energía nuclear tiene una huella hídrica y terrestre mucho menor que alternativas como el carbón o el gas natural.

De acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía (AIE), La energía nuclear, con alrededor de 413 gigavatios (GW) de capacidad operativa en 32 países, contribuye a la mitigación del cambio climático al evitar 1,5 giga toneladas (Gt) de emisiones globales y ciento ochenta mil millones de metros cúbicos (bcm) de demanda global de gas al año.

En resumen, la energía nuclear es una cuestión compleja con argumentos razonados por ambas partes. La energía atómica suministra electricidad abundante y confiable, sin emisiones de carbono. Pero los desafíos en torno al desperdicio, la seguridad, los costos y la proliferación de armas siguen siendo obstáculos. Como ocurre con la mayoría de los problemas, existen compensaciones.

Pero la tecnología nuclear continúa mejorando y la mayoría de los expertos coinciden en que la energía nuclear deberá desempeñar algún papel en un futuro energético libre de carbono. ¿Cuál será ese equilibrio? Sigue siendo una cuestión abierta.

Cualquier estrategia energética inteligente a largo plazo probablemente implicará una combinación diversa de fuentes de generación, incluida la nueva energía nuclear, para garantizar la asequibilidad, la confiabilidad y la sostenibilidad, mientras trabajamos hacia una sociedad con neto cero emisiones de CO₂.

Crece la incertidumbre en el sector energético

Aún la más necesaria y sabia de las reformas afecta la confianza del mundo empresarial y debilita los motivos para su acción, esto es, para invertir.

Por: AMYLKAR D. ACOSTA*

La incertidumbre es el signo de los tiempos en el sector energético. Llama poderosamente la atención el reciente pronunciamiento de Brookfield Corporation, el accionista mayoritario de ISAGEN, en carta abierta que le dirigió al ministro de Hacienda Ricardo Bonilla, en la cual manifiesta su preocupación porque “el decreto 929 de 2023 “emite unas directrices de política pública que afectan la autonomía de las compañías para evaluar sus riesgos a la hora de ofrecer energía en el mercado en Bolsa”. Su reparo obedece a que le están cambiando las reglas en mitad del partido, y no hay nada que le cause más desazón a los inversionistas.

Además, en menos de dos días dos firmas calificadoras de riesgo, Moody´s y Fitch Rating, dieron su campanazo de alerta, haciendo eco a la percepción por parte de las empresas de la falta de seguridad jurídica en el país.

Mientras la primera dejó sentado que “la incertidumbre política de Colombia seguirá frenando la inversión en proyectos relacionados con el transporte y la energía”, la segunda fue aún más categórica al señalar que “las medidas regulatorias adversas adoptadas por el Gobierno colombiano desde finales de 2022 han debilitado la confianza de los inversores en el sector, desalentado las inversiones en nueva capacidad de generación de electricidad necesaria para satisfacer el crecimiento futuro de la demanda”.

Poco contribuyen a disipar las dudas y preocupaciones tanto de los gremios del sector como de los inversionistas que quieren apostarle al desarrollo de proyectos de generación, transmisión y distribución en el país ciertas afirmaciones del ministro de Minas y Energía Omar Andrés Camacho.

Anuncios tales como que se tomarán “medidas regulatorias y económicas para que no se cargue el costo del mercado a los usuarios, que es lo que viene pasando históricamente”. Cabe preguntarse qué quiso decir con esta aseveración. O su afirmación según la cual la privatización del sector “ha llevado a una crisis tarifaria que afecta especialmente a los usuarios” y va más lejos cuando afirmó sin pestañear que “los altos precios de la energía son el resultado de la crisis estructural del modelo neoliberal de desarrollo en los últimos años”.

No sé cómo va a hacer el ministro para que el costo en que incurren los agentes de la cadena no se refleje en las tarifas que pagan los usuarios sin poner en riesgo la prestación del servicio de energía, eso sí bajos los principios de suficiencia financiera y costos eficientes que rigen el sistema en virtud las leyes 142 y 143 de 1994.

De dónde saca el ministro que es la privatización del sector la causante de la “crisis tarifaria” y que los altos precios de la energía obedecen a otra crisis macro, la del “modelo neoliberal”. Porque, de ser así, para poner correctivos al alza inmoderada de las tarifas que se han experimentado en los último años, habría que esperar hasta que, mediante una reforma constitucional, se modifique el artículo 365  de la Carta, el cual  dispuso que los servicios públicos “podrán ser prestados por el Estado, directa o indirectamente, por particulares o por comunidades organizadas”, que es lo que ahora llaman comunidades energéticas.

Pero, mientras tanto aplica el aforismo de que dura lex sed lex. De todas maneras, se reservó el Estado su capacidad regulatoria, que debe ejercer a través de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG), así como el control y vigilancia de la prestación del servicio a través de la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios, la única con rango constitucional.

Cuando el titular de la cartera de Minas y Energía, luego de declararse “un ministro del lado de los usuarios”, para asegurar que “no vamos a permitir que las tarifas sigan subiendo” y amenaza con que “se tomarán medidas regulatorias” para impedirlo, todos los agentes de la cadena quedan en ascuas. Sobre todo, en momentos en los que la inoperante CREG prolonga su interinidad a pesar del llamado de la Procuradora General de la Nación Margarita Cabello para que se disponga la provisión de los cargos vacantes de los expertos comisionados para que por lo menos tenga quórum para decidir. Bien dijo el supérstite director de la CREG José Fernando Prada “estamos en un apagón regulatorio”.

Por lo demás, el ministro no necesita estar del lado de los usuarios, porque las leyes 1715 de 2014 y 2099 de 2021 los empoderan. Por ministerio de estas leyes, el consumidor dejó de ser un agente pasivo. Dos de las 4D (Digitalización, Descarbonización, Descentralización y Democratización), que comporta la Transición Energética, la descentralización y la democratización ponen al usuario en el centro.

No hay que perder de vista que el Sistema Interconectado Nacional (SIN) opera como una partida de ajedrez, en la que el movimiento de cualquiera de las piezas, así sea un peón, altera todo el juego.

El SIN es una cadena con múltiples agentes (generador, transportador, comercializador, distribuidor y el usuario), por lo tanto cualquiera de ellos que falle puede provocar una falla sistémica, que puede comprometer la prestación del servicio con eficiencia, calidad y continuidad, como lo manda le Ley 143 de 1994, abocándonos a un eventual apagón.

Cada vez que el Gobierno anuncia cambios normativos y/o regulatorios debe tener en cuenta el consejo que le dio John Maynard Keynes al presidente de EEUU Franklin D. Roosevelt, cuando apenas se reponía la economía global del gran crac de 1929: “Aún la más necesaria y sabia de las reformas afecta la confianza del mundo empresarial y debilita los motivos para su acción”, esto es, para invertir.

*Exministro de Minas y Energía y miembro de Número de la ACCE.

Colombia estaba en mora de tener una Ley de Pasivos Ambientales

Colombia es el segundo país más megadiverso del mundo por metro cuadrado, representa el 10% de la flora y fauna mundial, a pesar de ocupar menos del 1% de la superficie terrestre y, cuenta con una importante riqueza geológica.

Por: MARÍA DEL PILAR PARDO, miembro del GDIAM Nacional

En el caso del sector minero, históricamente han existido actores que no han hecho un cierre apropiado de las faenas mineras, llevando a la acumulación de pasivos ambientales, es decir, zonas degradadas por la minería para las que no se puede identificar un responsable.

En efecto, el 45% de las licencias ambientales vigentes corresponden a extracción de materiales de construcción, cuyas minas se caracterizan por permanecer abiertas durante la vida útil del proyecto y, en muchos casos, carecer de planes de cierre anticipado y han enfrentado históricamente enfrentan un débil seguimiento por parte de las autoridades ambientales y mineras. Como consecuencia, el país desconoce el total de sus pasivos ambientales, ubicación y el responsable.

Por otro lado, tanto el cierre de minas como la gestión de pasivos ambientales comparten una característica: la falta de participación efectiva de las comunidades locales, pueblos étnicos y autoridades territoriales, a la hora de definir el uso futuro de las áreas intervenidas y su reincorporación al territorio.

En este sentido, el Grupo de Diálogo sobre Minería en Colombia (GDIAM) no sólo ha insistido en la necesidad de tener una claridad conceptual y jurídica de los pasivos ambientales, así como un sistema de información que permita su ubicación y gestión, sino también en la necesidad de que los planes de cierre estén definidos por los contextos físico, ambiental, social, cultural y económico, en los que se desarrolla la actividad.

Así mismo, el GDIAM ha reiterado que estos planes de cierre deben estar orientados por los instrumentos de ordenamiento territorial, a partir del entendimiento de las zonas y la definición del uso del suelo, una vez culminado el proyecto minero, de acuerdo con las particularidades del lugar y la participación de las comunidades y los gobiernos locales, así como los planes de desarrollo de los municipios.

Para que esto sea posible, se debe garantizar la disponibilidad de recursos financieros que permitan adelantar cierres de minas de manera responsable. Es por esto que el GDIAM ha insistido, para el cierre de minas: el registro de pólizas constituidas para la fase de cierre y abandono y un mecanismo financiero tipo patrimonio autónomo, conformado desde el comienzo del proyecto y; para el caso de pasivos mineros, explorar el uso de los recursos del Sistemas General de Regalías para financiar un Fondo de Pasivos Ambientales y, utilizar las zonas mineras, coloniales y ancestrales, como minas de escuela para propiciar buenas prácticas y recomendaciones de cómo manejar los pasivos existentes.

En este sentido, desde el GDIAM celebramos la Ley 2327 de Pasivos Ambientales, expedida el pasado 13 de septiembre de 2023, con la que, no sólo se presentó una definición legal de este fenómeno y los lineamientos para su gestión, sino que también se habilitaron instrumentos tan importantes como el Comité Nacional para la Gestión de Pasivos Ambientales, responsable de hacer seguimiento a la política pública en relación con este fenómeno, asegurar la coordinación entre las instituciones nacionales y territoriales para su gestión y viabilizar el mecanismo de pago por impuestos para la financiación de pasivos ambientales por parte de terceros interesados NO responsables.

Finalmente, desde GDIAM consideramos que esta Ley es un importante paso en la dirección correcta y que, en el futuro, puede acompañarse de disposiciones y estrategias adicionales como las propuestas por GDIAM.

Hay riesgo de racionamiento eléctrico a partir de 2025: U. Nacional

Un estudio de oferta y demanda de electricidad elaborado por la Universidad Nacional y financiado por Acolgen, da cuenta de que a partir de 2025 el suministro de electricidad estaría comprometido, si no se expande el sistema de transmisión nacional.

El estudio ‘Desafíos y Oportunidades en la Generación y Transmisión de Energía Eléctrica en el SIN’, elaborado por la seccional Medellín de la Universidad Nacional, y contratado por la Asociación Colombiana de Generadores de Energía Eléctrica (Acolgen), concluye que, en el escenario más crítico pero más realista, a partir de 2027 comenzaría un déficit de energía en el país. Pero si las obras de transmisión contratadas no se terminan antes, la seguridad en el suministro eléctrico estaría comprometida a partir de 2025.

El estudio sobre el balance de oferta y demanda de energía hace especial énfasis en la energía firme y en las necesidades de expansión de generación y transmisión en el Sistema Interconectado Nacional (SIN).

El estudio se realizó con base en la información oficial de la UPME y XM, entidades que estiman un crecimiento de la demanda entre el 2,2 y el 3,4%, aunque los investigadores señalaron que el consumo real está creciendo al doble, al 5%.

Por el lado de la oferta, el estudio tomó como base los proyectos de generación que están aprobados, que contemplan 19,3 GW, que es el doble de los 19 GW actuales de capacidad que tiene el parque eléctrico nacional.

El estudio analizó cinco escenarios, entre el más optimista, donde entran todos los proyectos de generación aprobados, y el más pesimista, donde solo ingresan los proyectos que tienen contratos y puntos de conexión aprobados.

En el escenario más optimista, si todos los proyectos entran en operación, el país comenzaría a tener déficit de energía en el 2034. Pero en el escenario más pesimista, pero al mismo tiempo más realista, si entran solo los 26 proyectos que tienen compromisos y que corresponden al 19% del total (3,6 GW), la energía firme no sería suficiente para abastecer toda la demanda a partir de 2027.

“De esos 26 proyectos, 17 están ubicados en la región Caribe, incluidos los de La Guajira, que dependen del desarrollo de la línea de transmisión Colectora para iniciar operación. Esta línea tenía fecha de entrada inicial en 2022; ahora se espera que finalice entre 2025 y 2027”, señala el estudio.

Y ahí está precisamente el otro corto circuito del sistema eléctrico nacional. El retraso de los proyectos actuales y la falta de nuevos proyectos de expansión de la red de transmisión.

“Las redes, que son el esqueleto del sistema, no han crecido como se necesita. No se han podido conectar nuevos proyectos de energía (proyectos renovables en La Guajira que representan más de 2 GW, casi el 17% de la capacidad actual) y, sin esto, se tiene menos oferta en el mercado”, dice el estudio.

Pero no solo existen retraso en La Guajira, en áreas como Chocó, Cundinamarca, Meta y el resto del Caribe, al menos 51 proyectos de generación (de un total de 437 de la muestra) dependen de obras de transmisión para ser viables.

Así, el 90% de los proyectos eólicos y el 55% del total de los proyectos están condicionados a la finalización de obras de expansión de la red de transmisión nacional.

Según la información recolectada de la UPME, se encuentran 21 convocatorias de transmisión en ejecución, tres abiertas y once en publicación.

Frente a un posible déficit de energía en los próximos años, preocupa que el gobierno no haya nombrado en propiedad a los nuevos comisionados de la Comisión Reguladora de Energía y Gas (CREG) y que la Hoja de Ruta de la transición energética y la convocatoria de una nueva subasta de energía se hayan aplazado hasta 2024.

“El mercado necesita señales de estabilidad y de promoción desde el Ministerio de Minas y Energía, para que se puedan desarrollar nuevos proyectos de generación y transmisión, o se pondría en riesgo la atención de los colombianos desde 2025 en adelante”, concluye el estudio.

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