Una falsa disyuntiva

Colombia debería imitar a Brasil, que ha creado un Fondo para financiar la transición energética, el cual se nutre de las utilidades que le reporta su industria petrolera.

Por: AMYLKAR D. ACOSTA*

La convocatoria impulsada por la ministra encargada de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible Irene Vélez, bajo el sugestivo lema de “la transición más allá de los combustibles fósiles”, plantea una discusión necesaria, pero mal encuadrada.

No porque la transición energética carezca de urgencia —todo lo contrario—, sino porque se presenta como una disyuntiva excluyente: o fósiles o futuro. Y la realidad, terca como siempre, se mueve en zonas grises y tiene sus viceversas.

El mundo atraviesa por un punto de inflexión en la manera de entender e interpretar la transición energética. Lo que durante años se concibió como una ruta lineal hacia la descarbonización, hoy se redefine bajo el peso de nuevas realidades geopolíticas, económicas y tecnológicas. La transición energética ya no es únicamente una carrera por reducir emisiones, sino un delicado equilibrio entre sostenibilidad, seguridad y soberanía energética.

La disrupción causada por eventos como la invasión a Ucrania puso en evidencia la vulnerabilidad de los sistemas energéticos altamente dependientes de fuentes externas. Europa, por ejemplo, comprendió que la dependencia del gas ruso no solo era un problema ambiental, sino un riesgo estratégico. A partir de entonces, el abastecimiento seguro de energía dejó de ser un asunto técnico para convertirse en una prioridad de Estado.

En este nuevo contexto, la seguridad energética —entendida como la garantía de suministro continuo, confiable y a precios razonables— ha recobrado centralidad. Países que antes apostaban por el desmonte acelerado de los combustibles fósiles ahora revisan sus cronogramas, reactivan proyectos de exploración o prolongan la vida útil de sus activos energéticos tradicionales. No se trata de un retroceso, sino de una adaptación pragmática frente a un entorno incierto.

Al mismo tiempo, la soberanía energética ha ganado protagonismo. Las naciones buscan reducir su exposición a mercados volátiles y a decisiones externas, fortaleciendo su capacidad interna de generación. Esto incluye desde el impulso a las energías renovables hasta el aprovechamiento de recursos propios, sean estos hidrocarburos, potencial hidroeléctrico o minerales estratégicos para la transición.

Ese viraje no implica abandonar los compromisos climáticos, sino reconocer que su cumplimiento depende de sistemas energéticos resilientes. Los principios hay que modularlos con el pragmatismo. Sin seguridad ni soberanía, la transición pierde viabilidad política y social. La verdadera transformación energética será aquella que logre armonizar estos tres pilares: sostenibilidad ambiental, seguridad del suministro y autonomía estratégica.

En suma, el mundo no está renunciando a la transición energética; la está madurando. La está llevando del terreno de las aspiraciones al de las realidades, donde las decisiones no solo se miden en toneladas de CO₂ evitadas, sino en su capacidad de sostener economías, garantizar bienestar y preservar la estabilidad de las naciones.

Colombia no enfrenta una elección binaria, sino un desafío de sincronización. Pretender un salto abrupto hacia una economía post-fósil, sin las condiciones técnicas, fiscales y sociales adecuadas, equivale a desmontar el puente antes de haber cruzado el río. La transición energética no es un acto de fe; es un proceso de ingeniería económica, institucional y tecnológica que exige tiempos, inversiones y, sobre todo, realismo.

El país sigue dependiendo de los hidrocarburos no solo como fuente de energía, sino como columna vertebral de sus finanzas públicas y su balanza externa. El petróleo y el gas aportan una fracción significativa de las exportaciones, de los ingresos fiscales y de la estabilidad macroeconómica. Desconocer esta realidad en nombre de un horizonte deseable, pero aún distante, puede resultar más costoso que virtuoso.

La verdadera discusión no es si Colombia debe ir más allá de los combustibles fósiles —eso es inevitable—, sino cómo y a qué ritmo hacerlo sin sacrificar crecimiento, empleo y estabilidad.

La electrificación del transporte, la expansión de las energías renovables, el fortalecimiento de las redes de transmisión y la promoción de la eficiencia energética son piezas claves, pero requieren financiamiento, planeación y continuidad en las políticas públicas.

Contrariamente a lo planteado por el presidente Gustavo Petro en los prolegómenos de tan publicitado como cuestionado evento, pensando con el deseo, en el sentido que “el petróleo y el gas ya no se van a vender en el mundo” y por lo tanto hay que abandonarlo cuanto antes, porque, según él, además “si exportamos petróleo, gas y carbón matamos a la humanidad”, el mundo sigue consumiéndolos y la demanda tanto por petróleo como de carbón viene de récord en récord.

Las cifras no mienten. En el caso del petróleo la demanda, por primera vez superó la barrera de los 100 millones de barriles/día y el año anterior registró los 104 millones, otro tanto ocurre con el carbón, cuya demanda pasó de los 8.700 millones de toneladas en 2023 a 8.845 millones de toneladas en 2025.

Por lo demás, Colombia depende del petróleo y del carbón, ya que son los dos principales renglones de exportación y como tales los mayores generadores de divisas, y son, además, las dos principales fuentes de ingreso tanto para la Nación, que recauda el impuesto de renta y recibe de manos de ECOPETROL ingentes recursos por concepto de dividendos, como de las entidades territoriales, que tienen en el Sistema General de Regalías (SGR) su principal fuente de financiación de proyectos y programas de inversión.

Además, la transición energética demanda recursos que sólo ellos pueden proporcionar. Colombia debería imitar a Brasil, que ha creado un Fondo para financiar la transición energética, el cual se nutre de las utilidades que le reporta su industria petrolera.

*Exministro de Minas y Energía y miembro de Número de la ACCE.

Superservicios multa a Enel por distorsiones en formación de precio

De acuerdo con la entidad de vigilancia, la empresa incumplió las reglas del Mercado de Energía Mayorista al presentar ofertas de precios elevadas, forzando la entrada de plantas térmicas más costosas para cubrir la demanda.

Tras un proceso administrativo de investigación, la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios (Superservicios) sancionó a la empresa de energía Enel Colombia por $2.847 millones por irregularidades detectadas en las ofertas de precio de bolsa, afectando el costo del servicio para el usuario final.

De acuerdo con la Superservicios, durante el proceso de control se puedo evidenciar que la conducta de Enel Colombia tuvo tres efectos concretos sobre el sistema:

  1. Betania, el embalse operado por Enel, quedó fuera del despacho económico, aunque estaba lleno y tenía capacidad para generar.
  2. Entraron plantas térmicas más costosas para cubrir la demanda que Betania podría haber atendido.
  3. Como consecuencia, el precio de bolsa de energía subió artificialmente. Las simulaciones realizadas por XM, el operador del sistema a solicitud de la Superservicios, confirmaron que, si la Central Hidroeléctrica Betania hubiera ofertado a un precio acorde con sus condiciones reales de operación, el precio de bolsa habría sido inferior en todos los períodos analizados.

De acuerdo con la investigación, la Superintendecia determinó que la Central Hidroeléctrica Betania incurrió en conductas que distorsionaron el Mercado de Energía Mayorista (MEM) en tres aspectos:

Desconexión de la realidad operativa: Se evidenció que la empresa presentó ofertas de precios elevadas que no guardaban relación con los costos variables (costo de oportunidad) de dicho recurso hídrico. Para el periodo evaluado, la planta operaba con niveles de embalse cercanos a su cota máxima y se encontraba realizando vertimientos, condición que, bajo los principios de eficiencia económica, debió traducirse en precios de oferta significativamente inferiores a los registrados para priorizar el despacho de energía más económica, en lugar de los precios ofertados, equiparables a los de las plantas térmicas en ese momento.

Alteración del orden de mérito: Al ofertar precios que no reflejaban sus costos variables, la planta Betania fue desplazada del despacho nacional por unidades de generación de mayor costo. Esta conducta impidió que el mercado operara bajo el principio de «menor costo de prestación del servicio», forzando la entrada de plantas térmicas más costosas para cubrir la demanda.

Distorsión del precio de bolsa: La investigación técnica confirmó que este comportamiento generó una señal de precio artificial en el Mercado de Energía Mayorista. A través de simulaciones, la Superservicios comprobó que el precio de bolsa real fue superior al precio que se habría formado en un escenario de competencia eficiente, impactando los costos sistémicos de la energía.

“Esta actuación administrativa no busca limitar la autonomía empresarial, sino garantizar que los precios reflejen las condiciones reales de escasez o abundancia de los recursos”, expresó el Superintendente de Servicios Públicos Domiciliarios, Felipe Durán Carrón.

Además, hizo un llamado a todos los agentes generadores para que fortalezcan sus protocolos de cumplimiento regulatorio y adopten prácticas de oferta basadas en criterios técnicos verificables. Los generadores deben estructurar sus ofertas con base en los costos reales de operación, especialmente el valor del agua cuando el embalse está lleno. Usar precios que no reflejan esa realidad, distorsiona el mercado y eleva los costos del servicio.

“Los usuarios siempre están en el centro de nuestra gestión, tal y como lo ha solicitado el presidente de la República, Gustavo Petro. Estamos fortaleciendo nuestras funciones de inspección, vigilancia y control a las empresas prestadoras para garantizar que no se generen costos ineficientes a los usuarios”, concluyó Durán.

Respuesta de Enel

Frente a la sanción impuesta por la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios, Enel emitió un comunicado, en el que expresa:

“Esta decisión de la Superservicios se da en el marco de una investigación relacionada con la oferta de energía en bolsa presentada por la Central Hidroeléctrica Betania entre el 17 y el 22 de octubre de 2022 y no tiene ninguna relación con la tarifa reflejada en la factura del mes de marzo de 2026.

“La Compañía atendió de manera oportuna todos los requerimientos de la autoridad y reafirma que en sus decisiones de operación aplica la regulación vigente y cumple con las reglas establecidas para la actividad de generación, buscando siempre una operación confiable, económica y segura.

“Enel reitera que es respetuosa de las decisiones de las autoridades y que, como siempre lo hace, continuará actuando con transparencia, en el marco de la normativa vigente.”

Colombia necesita 6.000 MW adicionales de energía en los próximos años

En la apertura del Encuentro y Feria Renovables Latam, expertos advirtieron que el país necesitará al menos 6.000 MW adicionales para evitar un mayor déficit que ya se evidencia desde 2026, en medio de cuellos de botella en redes, inversión y regulación.

Con un llamado a acelerar decisiones estructurales para garantizar la seguridad energética del país, se instaló en Barranquilla el 9° Encuentro y Feria Renovables Latam, el principal espacio del sector en la región que reúne a líderes, empresas, inversionistas y autoridades del sector.

El evento se da en un momento clave: Colombia necesitará al menos 6.000 MW adicionales en los próximos cinco años para evitar un déficit energético que ya se aprecia en 2026, en un contexto donde el crecimiento de las energías renovables avanza, pero no al ritmo que exige la demanda.

Actualmente, el país suma más de 3.000 MW en operación o en pruebas de energía renovable y cerca de 1.200 MW en generación distribuida, con un portafolio en desarrollo que supera los 5.800 MW. Sin embargo, gran parte de estos proyectos enfrenta barreras que retrasan su ejecución.

El principal desafío es estructural: la expansión de las redes de transmisión, identificada como el cuello de botella que definirá el éxito o fracaso de la transición energética. Sin esta infraestructura, la energía no puede integrarse a gran escala ni garantizar confiabilidad en el suministro.

Para Alexandra Hernández, presidente Ejecutiva de SER Colombia “Colombia ya demostró que la transición energética es posible, pero ahora el desafío es acelerar. Si no resolvemos los cuellos de botella regulatorios, financieros y de infraestructura, el ritmo no será suficiente para garantizar seguridad energética y competitividad en los próximos años”.

El impacto de lograrlo es significativo: de destrabarse los proyectos, el país podría incorporar hasta 9.500 MW adicionales, generar ahorros en tarifas de hasta 7 billones de pesos y reducir emisiones de forma sustancial.

Por su parte, Ana Cristina Rendón, gerente de FISE, señaló que “hoy la transformación del sector dejó de ser una aspiración para convertirse en una realidad que exige decisiones oportunas, inversión, innovación y, sobre todo, articulación entre todos los actores. Las energías renovables son fundamentales para la confiabilidad, competitividad y diversificación del sistema, y espacios como este permiten conectar la oferta con la demanda y traducir esas conversaciones en proyectos concretos y oportunidades de negocio”.

A nivel global, el panorama añade presión. Factores como la volatilidad en precios de combustibles, la concentración de minerales críticos y el crecimiento acelerado de la demanda, impulsado por tecnologías como la inteligencia artificial y los centros de datos, están redefiniendo las prioridades del sector energético.

“Durante años la transición energética se abordó principalmente como una agenda ambiental, pero hoy el mundo tiene su mirada puesta en la seguridad energética. El reto no es escoger una tecnología sobre otra, sino integrarlas: todas suman y deben trabajar de manera complementaria para garantizar confiabilidad y competitividad. Este Encuentro de Renovables responde precisamente a ese momento, aportando soluciones concretas para el país y la región”, afirmó Daniel Díaz, director Ejecutivo del Consejo Mundial de Energía, WEC Colombia.

En Colombia, la transición ya tiene resultados visibles

La capacidad instalada de energías renovables no convencionales ha crecido de manera exponencial en los últimos años, consolidando un cambio estructural en la matriz energética del país.

“Hoy contamos con más de 4 gigavatios instalados en fuentes no convencionales, lo que refleja un crecimiento significativo. Estas son cifras tangibles que evidencian cómo se ha multiplicado la capacidad instalada en los últimos años y cómo la transición energética ya es una realidad que exige mantener el impulso para seguir superando los retos del sector”, afirmó Víctor José Paternina, viceministro de Energía.

En un contexto de alta presión sobre la demanda energética, el mensaje central del encuentro es claro: la transición no depende de una sola fuente, sino de la capacidad de integrar todas las tecnologías disponibles para garantizar energía suficiente, confiable y competitiva para el país.

Acuerdo por el uso legal de los servicios públicos en Bogotá

El Distrito Capital, la EAAB, Enel Colombia y Vanti firmaron un memorando para analizar, diagnosticar y definir acciones conjuntas frente al uso irregular de los servicios públicos en asentamientos de origen informal en Bogotá.

La Secretaría Distrital del Hábitat y las empresas de servicios públicos: Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), Enel Colombia y Vanti suscribieron un Memorando de Entendimiento para fortalecer el trabajo conjunto frente al uso irregular de los servicios públicos en asentamientos humanos de origen informal de la ciudad.

El acuerdo se desarrolla en el marco de la alianza “Unidos por la Legalidad”, una iniciativa liderada por las empresas prestadoras de servicios públicos que busca promover el uso responsable del agua, la energía y el gas.

Para ello, se analizan las condiciones de prestación de los servicios en asentamientos legalizados, en proceso de legalización y en zonas ubicadas en áreas de riesgo no mitigable o sobre la estructura ecológica principal, con el fin de contar con una visión integral que permita actuar de manera oportuna, proteger a las comunidades y al entorno ambiental, prevenir el fraude y salvaguardar la infraestructura de los servicios públicos.

A través de este memorando, las entidades acordaron mecanismos de coordinación para analizar la informalidad en los servicios públicos y desarrollar acciones conjuntas entre el Distrito y las empresas prestadoras.

Estas acciones permitirán mejorar el acceso a los servicios donde sea viable, reducir los riesgos y mitigar las pérdidas asociadas a las conexiones ilegales, fortaleciendo la sostenibilidad de los sistemas.

Como parte del acuerdo, se desarrollará un diagnóstico integral que permita identificar tipologías de uso irregular, condiciones sociales y territoriales, así como las limitaciones técnicas y jurídicas para la prestación de los servicios. Con base en ese análisis, se priorizarán asentamientos donde sea posible explorar alternativas de acceso, teniendo en cuenta criterios técnicos, sociales, ambientales y de ordenamiento territorial.

El memorando también contempla la evaluación de soluciones alternativas para garantizar el acceso a servicios públicos básicos en zonas urbanas de difícil gestión y áreas rurales, sin que ello implique procesos de legalización de asentamientos informales.

Con esta alianza, el Distrito y las empresas de servicios públicos reafirman su compromiso con la seguridad de las comunidades, el uso responsable de los recursos y una gestión coordinada de los servicios públicos en Bogotá.

Gas natural: Riesgos para la seguridad energética

En su Comentario Económico de abril, la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF) analiza la coyuntura energética que atraviesa Colombia.

Por: ANIF

Colombia enfrenta un deterioro creciente de su seguridad energética, donde la menor disponibilidad de gas natural comienza a comprometer la confiabilidad del sistema eléctrico y la capacidad de respuesta ante choques climáticos.

El riesgo de desabastecimiento energético en el corto y mediano plazo se ha convertido en una posibilidad concreta en el país, impulsada por una combinación de factores internacionales y estructurales internos. Entre ellos se destacan las tensiones geopolíticas globales, las presiones inflacionarias, la disminución sostenida de las reservas nacionales de gas natural, el aumento de la dependencia de importaciones y la intensificación prevista del Fenómeno de El Niño en el país.

En el contexto internacional, el conflicto entre Estados Unidos e Irán ha reavivado el riesgo de un nuevo choque energético global con implicaciones sensibles para el mercado de gas natural.

Las eventuales disrupciones en el Estrecho de Ormuz —corredor estratégico por donde transita cerca del 20% del gas natural comercializado a nivel mundial— han generado choques que tienden a traducirse en mayores precios y volatilidad en el gas natural licuado (GNL).

Aunque Colombia no depende físicamente de este corredor, sí se ve afectada de manera indirecta a través del encarecimiento del GNL en los mercados internacionales, aumentando el costo de las importaciones. Esto resulta relevante si se tiene en cuenta que la participación de las importaciones de gas en el país pasó de menos del 3 % entre 2016 y 2023 a más del 23% en el primer trimestre de 2026.

Colombia se ha consolidado históricamente como un país con estabilidad en su abastecimiento energético, sin embargo, los indicadores recientes muestran un deterioro acelerado del balance entre oferta y demanda. Un estudio del Centro Regional de Estudios de Energía (CREE) advierte que el abastecimiento de gas natural entrará en una fase crítica a partir de 2026. Las probabilidades de déficit alcanzarían el 39% en 2026 y el 58% en 2027. Esta tendencia ya encuentra respaldo en los datos recientes: la producción nacional de gas cayó 17,1% en 2025, y en febrero de 2026 se registró uno de los niveles más bajos desde 2009.

Esta situación tiene implicaciones directas en un contexto en el que el sistema eléctrico en Colombia depende en gran medida de la generación hidroeléctrica. No obstante, cuando hay sequías, esa fuente pierde capacidad y el sistema recurre a las plantas térmicas, cuyo principal combustible es el gas natural. Así, la menor disponibilidad de este insumo, sumada a la necesidad de importar GNL en condiciones de alta volatilidad, incrementa los costos de generación y re- duce el margen de maniobra del sistema.

De acuerdo con cifras de XM, el país presentaría un déficit cercano al –2,3% en la energía que puede asegurar, reflejando una menor capacidad de respuesta ante escenarios críticos de demanda (ver gráfico). Este deterioro se ve agravado por el retraso en la entrada de nuevos proyectos de generación. En particular, frente a la energía esperada, solo se incorporó el 28% en 2022, mientras que, en 2026, en lo corrido del año apenas ha ingresado el 0,6% de la capacidad proyectada.

Ante el creciente riesgo de desabastecimiento en el corto plazo, se requieren medidas inmediatas como preservar los niveles de los embalses, garantizar la operación de las plantas térmicas, asegurar el suministro de gas y acelerar nuevos proyectos de generación.

De no adoptarse medidas oportunas, el país podría enfrentar un deterioro significativo del sistema energético, con efectos negativos en la economía y el bienestar de los hogares.

El hidrógeno podría reducir costo de los fertilizantes

La volatilidad internacional de los fertilizantes vuelve a poner presión sobre el agro colombiano y reabre el debate sobre la necesidad de producir insumos estratégicos dentro del país.

En los últimos meses, factores como tensiones geopolíticas, disrupciones logísticas y cambios en el comercio global han impactado el precio y la disponibilidad de fertilizantes. Para Colombia, esto tiene efectos directos sobre la economía, el agro y el costo de vida.

Actualmente, el país importa cerca de 2 millones de toneladas de materias primas para fertilizantes (830 millones de dólares), lo que representa el 83% de la demanda total del agro colombiano. Esta alta dependencia expone al sector agrícola a variaciones constantes, afectando la competitividad y generando presión sobre la seguridad alimentaria.

El impacto es significativo si se tiene en cuenta que los campesinos representan el 28,2% de la población, es decir, cerca de 14,6 millones de personas. En este contexto, el acceso a fertilizantes se convierte en un factor crítico no solo para la productividad, sino también para la estabilidad económica y social del país. Frente a este panorama, el hidrógeno empieza a posicionarse como una alternativa estratégica.

“Más allá de su papel en la transición energética, el hidrógeno es un insumo clave en la producción de amoníaco, base de los fertilizantes nitrogenados. Su desarrollo, especialmente a partir de fuentes renovables, abre la posibilidad de producir fertilizantes en Colombia, reduciendo la dependencia externa y fortaleciendo capacidades industriales,” dijo Brayaham Villa, presidente de la Asociación Colombiana de Hidrogeno.

Algunos países de América Latina ya avanzan en esta dirección. En Paraguay, el proyecto Villeta, financiado por la Corporación Financiera Internacional (IFC) y la Green Climate Fund, busca consolidar una de las primeras plantas industriales de fertilizantes basados en hidrógeno verde, utilizando energía hidroeléctrica para producir sin combustibles fósiles y reducir la dependencia de importaciones.

En Colombia, el sector también muestra avances. Actualmente existen más de 40 proyectos de hidrógeno en desarrollo y se trabaja en una ley que permitirá que cadenas como fertilizantes, combustibles sostenibles y transporte accedan a beneficios regulatorios para acelerar su implementación.

Después de varios años de desarrollo, el hidrógeno comienza a consolidarse en aplicaciones donde su impacto es más tangible. El caso de los fertilizantes se posiciona como uno de los más relevantes, al conectar una necesidad estructural del país con una solución industrial viable.

Este será uno de los temas centrales del Quinto Congreso Internacional del Hidrógeno, que se realizará el 13 y 14 de mayo en Bogotá, y que reunirá a líderes del sector, empresas, gobierno e inversionistas para analizar cómo acelerar la implementación de estas soluciones en el país.

Colgas y Ladrillera Santafé inauguran parque solar en Soacha

El sistema solar fotovoltaico, con una capacidad instalada de 5,4 MWp —equivalente al consumo anual de energía de más de 4.000 hogares— se posiciona entre los desarrollos de autogeneración industrial más grandes de Colombia.

La industria ladrillera es una de las más intensiva en energía, pues esta representa cerca del 25 por ciento de los costos de producción. Por eso, la diversificación de fuentes representa una actividad estratégica.

En el caso de Ladrillera Santafé, la matriz energética está conformada en un 30% por gas natural, 30% por carbón y 40% por electricidad.

Con una inversión de $13.800 millones de pesos, Colgas y Ladrillera Santafé pusieron en operación uno de los parques solares más grandes de Cundinamarca, en la planta de Soacha.

Este desarrollo se posiciona como referente de autogeneración en la industria colombiana al reducir significativamente las emisiones de CO2, equivalentes a 1.330 toneladas anuales, con lo cual aporta a la transición energética, disminuye costos energéticos y aporta a la competitividad de la ladrillera más grande de América Latina, con una tradición de 70 años.

“Con este desarrollo, Colgas reafirma su liderazgo en soluciones energéticas renovables, consolidándose como un actor fundamental en la transformación del sector industrial colombiano hacia energías más eficientes y de menor impacto ambiental. El proyecto representa un hito trascendental que refleja nuestra capacidad técnica, nuestro compromiso con la innovación y nuestra visión para impulsar desarrollos solares de gran escala que aporten al progreso del país”, explicó Didier Builes, presidente de Colgas.

Hay que señalar que Colgas es el mayor distribuidor de GLP en Colombia, y con su división Energía incursiona desde hace varios años en la implementación de energías alternativas.

El parque solar de Soacha cuenta con una capacidad instalada de 5,4 MWp, equivalente al consumo anual de más de 4.000 hogares. Su generación promedio permite evitar la emisión de 1.330 toneladas de CO₂ cada año, impacto comparable a la siembra de más de 60.000 árboles o al retiro de circulación de aproximadamente 290 vehículos.

“Para Santa Fe este parque solar es un paso más que nos confirma como la ladrillera más sostenible de Colombia y un referente en América Latina. Utilizar fuentes no convencionales de energía renovable nos ayuda a operar reduciendo nuestra huella de carbono. La experiencia de Colgas en el desarrollo de proyectos energéticos y su profesionalismo fueron decisivos para tener éxito en el objetivo que buscabamos”, explicó Juan Fermín Restrepo, gerente General de Ladrillera Santafé.

Si bien el parque solar remplaza un 25% del consumo de energía de la ladrillera, la escasez de gas natural la ha impactado significativamente, pues han tenido que remplazar esta fuente por carbón, dando un paso atrás en la transición energética.

“Estamos retrocediendo en un cambio tecnológico que habíamos hecho. Nosotros habíamos incrementado sustancialmente el consumo de gas natural y la respuesta ha sido retroceder, incrementar el consumo de carbón, aunque aprovechamos los sistemas de mitigación: filtros de mangas y depuradores de gases para garantizar una emisión limpia. Pero trabajamos en un proyecto adicional donde la energía eléctrica juga un papel fundamental para continuar mitigando ese consumo de carbón”, concluyó Restrepo.

GASNOVA rechaza prohibición de ventas callejeras en Bogotá

La Asociación Colombiana del GLP (GASNOVA) manifestó su desacuerdo tras la expedición del Decreto 117 de 2026 por parte de la Alcaldía Mayor de Bogotá.

La nueva normatividad prohíbe las ventas ambulantes de alimentos que utilizan el GLP en cilindros, afectando de manera directa a miles de familias vulnerables que encontraron en esta actividad su única fuente de ingresos.

Según el gremio, esta medida vulnera el derecho constitucional a los servicios públicos y el derecho fundamental al trabajo de más de 10.000 venteros, poniendo en riesgo el sustento económico de miles de familias pobres que dependen de la denominada «economía popular» en la capital.

El presidente de GASNOVA, Alejandro Martínez Villegas, dijo que el cilindro de GLP es usado de manera segura y eficiente desde hace más de 80 años, por ello hoy 12 millones de usuarios en el país, entre ellos los trabajadores informales del sector de alimentos acceden a este servicio público.

“Gracias a su portabilidad y sus propiedades como energético limpio, al uso de cilindros cumpliendo los lineamientos técnicos establecidos por el Ministerio de Minas y acogidos por la anterior administración distrital en la Resolución 1207 de 2020 expedida por la Secretaría de Gobierno de Bogotá, permiten el uso seguro de GLP en cilindros sin representar riesgo para la comunidad”, aseguró.

El dirigente gremial hizo un llamado a la Administración Distrital para que, en lugar de recurrir a la prohibición con difíciles probabilidades de implementarse en las actuales circunstancias económicas y sociales de la capital, se trabaje activamente en desarrollar un programa integral con los vendedores ambulantes que utilizan el servicio púbico de GLP, con el fin de que sean capacitados y organizados en una solución concertada.

La propuesta busca construir sin estigmatizar el acceso al servicio público de GLP, ni a sus usuarios de venta ambulante.

GASNOVA recordó que el Ministerio de Minas y Energía emitió un concepto oficial el pasado 26 de diciembre de 2025, en el cual señaló que: “En este marco constitucional y legal los vendedores ambulantes o informales corresponden a usuarios finales del servicio público de GLP en cilindros, al igual que lo hace cualquier otro usuario, ya sea que se encuentre ubicado en zonas urbanas o rurales.”

Martínez explicó que este respaldo jurídico es fundamental, pues el Artículo 365 de la Constitución Política de Colombia estipula que los servicios públicos son inherentes a la finalidad social del Estado, y es deber de este asegurar su prestación a todos los habitantes del territorio nacional.

En ese sentido, GASNOVA aclara que las empresas prestadoras de este servicio público están obligadas por ley a suministrar el GLP, y que la reglamentación técnica dictada por el Ministerio ya contempla las normas necesarias para garantizar el uso seguro del cilindro en ventas ambulantes.

De acuerdo con cifras de la Secretaría de Gobierno y el Instituto para la Economía Social (IPES), en Bogotá existen 10.331 puestos de comida en el espacio público que emplean GLP. Para estos ciudadanos, el cilindro representa el «motor» de su economía familiar.

Martínez destacó que el acceso al GLP ha sido un avance social significativo, promovido incluso por los programas de sustitución de combustibles contaminantes desarrollados por la UPME y el MME, permitiendo que poblaciones vulnerables abandonen el uso de leña y carbón, combustibles altamente contaminantes que, con la prohibición de la Alcaldía, van a volver a ser utilizados por los vendedores ambulantes.

GASNOVA también argumentó que Bogotá está actuando en contravía de las tendencias globales. En las grandes metrópolis, las ventas callejeras son promovidas por las autoridades para ofrecer sabores auténticos a precios accesibles.

Debido a su alta capacidad calorífica y portabilidad, el GLP es el combustible estándar en todo el mundo para cocinas móviles. Ejemplo de ellos son los famosos carritos de perros calientes en Nueva York que utilizan cilindros de GLP diariamente en Manhattan, los carritos de crepes en Paris y casos latinoamericanos como los de Ciudad de México y Lima, con sus puestos de comidas típicas que hacen parte del turismo gastronómico.

Incluso en Colombia, Medellín cuenta con un modelo exitoso de plazoletas de food trucks que están replicando modelos de Miami y otras ciudades.

Finalmente, Martínez reiteró la disposición de GASNOVA para trabajar de manera articulada con la Alcaldía de Bogotá, con el objetivo de construir una experiencia gastronómica urbana ordenada y segura, que le dé un valor agregado a la capital colombiana.

El dirigente gremial concluyó que la prohibición no es el camino; por el contrario, el servicio público de GLP debe ser visto como una herramienta que genera empleo, fomenta el turismo gastronómico y ofrece opciones de alimentación asequibles a millones de bogotanos.

“Prohibir su uso discrimina y deja sin opciones a miles de personas que han encontrado en esta actividad su única fuente de ingresos”, dijo.

Energía: ¿Qué proponen los candidatos?

Con la notable ausencia de Iván Cepeda y Abelardo de La Espriella, se realizó el primer debate de los candidatos a la presidencia, denominado ‘Colombia decide su energía’, realizado por Caracol Noticias en el marco del Congreso de Naturgas.

A pocos meses de dejar el mandato Gustavo Petro, el sector energético está en estado crítico. Proyectos de exploración paralizados por razones ideológicas, empresas ahogadas por una exagerada carga tributaria, pérdida de autosuficiencia en gas natural y un sistema eléctrico al borde de una crisis ante un eventual fenómeno de El Niño, que devolvería al país a la oscuridad del apagón de hace treinta y cuatro años.

Todos esos factores han creado una tormenta perfecta, por lo que el sector energético es uno de los temas prioritarios que deberá abordar el próximo gobierno. De ahí que este primer debate se haya centrado en la energía.

Para destacar la importancia del gas natural gas natural, 36 millones de colombianos cocinan con este energético, la mayoría, el 85%, de los estratos 1, 2 y 3. Además, unos 645 mil vehículos han sido convertido a GNV, amén de las miles de industrias y comercios que lo utilizan en sus actividades productivas.

No obstante, desde diciembre de 2024 el país perdió la autosuficiencia y enfrenta un creciente déficit, que deberá ser atendido por nuevos proyectos de importación de gas natural licuado (GNL), con la consecuente alza en las tarifas.

Por el lado de la energía eléctrica el panorama no es menos alentador. Deudas con las empresas generadoras y distribuidoras que ya superan los nueve billones de pesos, parece ser la misma receta que el gobierno le aplicó al sector salud: asfixiarlo económicamente para provocar una quiebra en serie del sistema.

En ese entorno, veamos las primeras opiniones de los candidatos frente al sector energético:

PALOMA VALENCIA

Yo creo que lo primero que tenemos que entender es que esta transición energética que nos propusieron es una ridiculez. ¿Quién dejó de cocinar con gas en Colombia? ¿Quién dejó de usar vehículos de diésel o de gasolina? Todo lo contrario, terminamos usando lo mismo, solo que importado.

¿Y cuál es la consecuencia? Menos empleo para los colombianos y ausencia de regalías para el país. Aquí lo que tenemos que entender es que la gran batalla por la transición energética no es la salida de los combustibles fósiles, es detener la deforestación en el Amazonas. Por eso tenemos que sacar nuestro gas, tenemos que hacer fracking.

Y necesitamos una modificación de las licencias ambientales, no para que sean flojas, sino para que sean rápidas, ordenando el territorio y una modificación de las consultas previas para que las comunidades reciban beneficios, pero que no detengan los proyectos.

En cuanto al tema de las tarifas de energía, especialmente en la costa Caribe, lo primero es que vamos a enfrentar el tema de las tarifas de energía de la costa de frente, para resolverlo. Eso va a necesitar, seguramente, una tarifa diferenciada para la costa Caribe.

Se va a necesitar un cambio de electrodomésticos que permitan ahorros en consumo. Necesitamos, además, que esas pérdidas que hoy se están haciendo y que encarecen las facturas, tengan estímulos para que las empresas las empiecen a corregir. Seguramente se va a necesitar una gran inversión del gobierno nacional, pero las pérdidas no pueden estar apalancando el 30% de la factura que se está pagando, esa energía que se perdió.

Pero lo más importante es una solución estructural a largo plazo. La costa Caribe necesita una nueva línea de transmisión que le permita traer energías más baratas que las térmicas y que podamos, incluso, si construimos más hidroeléctricas, como lo necesita el país, traer energías hídricas.

Estoy totalmente de acuerdo con los subsidios de energía, pero mucho más allá de eso, tenemos que hacer una sustitución de los electrodomésticos y tenemos que lograr que la costa Caribe pueda tener suficiencia de la energía más barata.

Hay un problema en Colombia, es que como hay poquita energía, se ha ido volviendo cara. Hay que tener mucha energía de diferentes fuentes para que vuelva a estar barata.

SERGIO FAJARDO.

Llegando a la presidencia, lo primero que tenemos que atender es una emergencia, porque sabemos que viene el fenómeno de El Niño, y este gobierno no va a hacer nada de acá hasta ese momento.

Viene un apagón con una probabilidad muy alta. Esa película ya la hemos visto. Entonces, ya tiene que estar preparándose el país para ese apagón. Yo estaría como presidente en este momento, verificando y trabajando con todas las hidroeléctricas del país, todas las térmicas, averiguando todas las condiciones para que el gas pueda llegar de manera que las térmicas puedan funcionar, tener disposición del carbón.

Eso se llama planear. Por eso es que gobernar es muy difícil. Ser capaz de armar los equipos, anticipar los problemas, dar soluciones para llegar a resolverlo.

Tenemos que prepararnos para importar gas, tener las plantas regasificadoras listas, porque las vamos a necesitar para poder generar energía térmica, y eso va a significar unas tarifas que probablemente pueden ser más altas por la irresponsabilidad de no haber atendido los que nosotros sabemos desde hace tiempo.

Lo paradójico es que enfrente de La Guajira y del departamento de Magdalena tenemos la gran riqueza, los pozos Sirius, donde tenemos gas suficiente para cubrir nuestra demanda por más de diez años.

Entonces vamos a avanzar en la exploración, pero lo primero que tenemos que hacer es atender el fenómeno de El Niño, que la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo y este gobierno no se ha preparado, y significa importar gas, tener regasificadoras y atender el problema.

En cuanto a los subsidios, hay una cantidad que no está llegando a quienes tiene que llegar. Tenemos que garantizar un mínimo vital de energía para las personas más pobres de este país. Y eso lo podemos hacer redefiniendo la combinación de Estrato y el Sisben 4.

ROY BARRERAS

Yo tengo que decir que la transición energética no es una ridiculez, es una realidad, es una necesidad global. Lo escribí hace tres años y medio en una columna del diario El Tiempo: sin petróleo no hay paraíso, dije entonces. Y sin gas no hay transición ni tampoco hay fertilizantes ni hay urea.

Sin gas tampoco hay esa transición necesaria. Si no sacamos el petróleo, si no sacamos el gas, para financiar las energías limpias, que además solo pueden ser la mitad de la matriz energética, necesitamos 900 megavatios más en los próximos años, y la mitad tiene que ser energía firme. Eso significa que, si no sacamos el petróleo, si no sacamos el gas, nos quedamos sin petróleo y sin energías limpias.

La transición es programarla en el tiempo. Cuando se hace abruptamente caemos en el absurdo de pagar hoy el triple del precio del gas importado cuando tenemos recursos suficientes.

Está claro que se necesitan fuentes de energía urgentes. Colombia tiene hoy una sola regasificadora operativa en Cartagena y tiene solamente tres días de reserva, pero hay proyectos en La Guajira, la Regasificadora del Pacífico, hay que garantizar el transporte también de ese gas.

El gas es hoy un elemento fundamental para evitar ese apagón y claro, hay que transformar el sistema eléctrico, hay que pagar las deudas con el sistema, hay que garantizar un mínimo vital eléctrico y hay que garantizar que llegue la energía al sitio correcto y eso se llama proyectos estratégicos nacionales, zonas de inversión estratégica, decisiones económicas que implican que el nuevo gobierno pueda tomar decisiones de unidad nacional que no van a ser fáciles, por ejemplo, aumentar en 3 pesos por kilovatio una tarifa solidaria nacional por 36 meses, que significan 5,1 billones de ingresos.

La gente se imagina cómo sería su vida sin electricidad. Hay que hacer los esfuerzos para que eso no ocurra y puede evitarse.

CLAUDIA LÓPEZ

El desafío, en mi opinión, es tener energía barata, sin apagón y tan limpia como se pueda. Eso es lo que le conviene al bolsillo de las familias, de los hogares y de las empresas de Colombia.

Sin duda, todos vemos el problema del cambio climático, del calentamiento de la tierra, del exceso de lluvia o de sequía, y nos preocupa y nos lo tenemos que tomar en serio. Pero Colombia no es el principal causante de ese problema.

El problema de Colombia no es que contamina, el problema es que todavía es pobre, es que no tiene suficientes empleos bien pagos para sus jóvenes, es que sus empresas viven en el rebusque y la informalidad. Y para salir de eso necesitamos educación de calidad y energía muy barata.

Pero este gobierno decidió parar la exploración de petróleo y gas de un sopetón y nos puso a importar gas. Un gas que hubiéramos podido producir aquí generando empleo, nos puso a importar gas tres o cuatro veces más caro.

Hay que cambiar esa política, volver a explorar, volver a explotar, tener un sistema energético que no dependa solo del agua. Tenemos que equilibrar con todas las fuentes de energía nuestro sistema eléctrico.

Todos los jóvenes quieren tener un buen teléfono, con un internet rapidísimo, usar chat GPT, inteligencia artificial, y se lo merecen y lo necesitan para el siglo XXI, pero eso necesita energía barata.

Así que lo que tenemos que hacer es usar todos los recursos disponibles que tenemos en Colombia: gas, petróleo, sol, viento, todas las formas de energía, explotarlas con licencia ambiental, con participación de las comunidades, tener energía barata y tan limpia como se pueda.

Sobre los subsidios, claro que hay que tenerlos, si no la gente se revienta en el bolsillo, pero entre más alta la tarifa, pues más subsidios tenemos que pagar. Entonces, paga más el usuario y paga más el Estado.

Lo que necesitamos es tener tarifas baratas, y para eso aquí hay gas, sol, petróleo, viento. El Caribe tiene que usar esas cuatro formas de generación, que se exploten todas, que se exploren todas, que se den reglas claras de juego.

Ecopetrol invertirá USD 625 millones en proyectos de gas en 2026

Al cierre del Congreso de Naturgas, Juan Carlos Hurtado, gerente encargado de Ecopetrol, señaló que la compañía invertirá en este año cerca de 625 millones de dólares en proyectos de exploración y desarrollo de gas.

Entre los proyectos que están contemplados están la perforación de cinco pozos en el Pidemonte llanero, 3 pozos en el norte del país y dos costa fuera, de los cuales uno ya fue ejecutado y resultó exitoso, Copoazú-1, en compañía con su socia Petrobras.

Hay que señalar que el Grupo Ecopetrol proveyó en 2025 el 66% de la demanda de gas natural en Colombia, con un promedio de 633 giga BTU día (GBTUD).

Igualmente, en 2026, Ecopetrol es la única empresa que ha ofrecido cantidades de gas en firme de largo plazo, con un total de 270 GBTUD, aunque es un 32% menos de lo ofertado en 2025, cuando comercializó 396 GBTUD.

Sobre la comercialización del gas de Sirius, Hurtado dijo que en diciembre de 2025 se firmaron 66 contratos, por un total de 249 GBTUD, que entrarían en 2030, de un total de 470 GBTUD que se espera sea la producción del campo off shore.

Importaciones, otro frente que abre Ecopetrol

Ante la creciente escasez de gas nacional, la compañía entrará este año en el negocio de importación a través de dos proyectos: Pacífico con 60 GBTUD y Puerto Bahía, con Frontera Energy como socio, con 126 GBTU iniciales, que pueden llegar hasta 370 GBTUD en una etapa posterior.

En el proyecto de Buenaventura-Buga, Ecopetrol ya comercializó los 60 GBTUD contratados con la empresa PIO, que es la operadora del proyecto. Hurtado dijo que se suscribieron 18 contratos que cubren toda la capacidad, por lo que desde marzo pasado abrieron el proceso competitivo para comprar el gas natural licuado en el mercado internacional, con lo cual el proyecto estaría entrando en operación en octubre de 2026.

Otro proyecto de regasificación a mediano plazo es el de Coveñas, con una capacidad estimada de 400 MPCD, pero está determinado por la reconversión en gasoducto del Oleoducto de Colombia, de propiedad de su filial Cenit, por lo que se estima su entrada en operación a finales de 2029.

“Este proyecto será posible si logramos una articulación sectorial que promueva los incentivos adecuados desde la remuneración de la infraestructura, así como la pronta asignación del proyecto dentro del Plan de Abastecimiento de Gas Natural”, concluyó Hurtado.

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