Reproducimos las palabras de Francisco José Lloreda Mera, presidente
de la Asociación Colombiana del Petróleo (ACP), durante la clausura de la Segunda
Cumbre del Petróleo y Gas, que se
realizó en Bogotá, del 13 al 15 de noviembre.
15 de noviembre de
2019. Hace un año señalé en este
escenario que Colombia parecía empeñada en dejar su petróleo y gas bajo tierra.
Y culpé de tal situación a que somos contradictorios y dubitativos. Somos un
país vergonzante de sus combustibles fósiles. Nos beneficiamos y dependemos de
estos, pero nos da pena defender su extracción y uso, como si fuese un hijo
bastardo.
Y dije que no se le podía
atribuir al gobierno del Presidente Iván Duque, pues llevaba solo cien días de
gobierno. Agregué sí, que estaba en sus manos tomar una decisión: impulsar la
industria de hidrocarburos o verla desvanecer sin pena ni gloria. Hoy puedo
decir, sin perjuicio de los desafíos que tenemos, que usted y su equipo de
gobierno, decidieron jugársela por la industria, lo cual agradecemos. Tienen
clara su importancia estratégica para el país.
La industria del petróleo y gas en Colombia está en proceso de
reactivación.Se han tomado
decisiones importantes que empiezan a surtir efecto. Se registra una
recuperación en las reservas
y un incremento en la producción. Además de nuevas
áreas, nuevos contratos de exploración y producción en
tierra firme y costa afuera, y nuevos yacimientos y técnicas en el horizonte,
para desarrollar el enorme potencial que tenemos.
Tenemos además un puñado de empresas, grandes,
medianas y pequeñas, consolidadas y en etapa
de emprendimiento que, pese a la crisis
de precios y su volatilidad y a las complejidades
de nuestro país, le han apostado y le siguen apostando a Colombia.
Apuestas exploratoriasde
empresas como Gran Tierra, Amerisur y Vetra en Putumayo; Parex, Geopark,
Frontera, Hupecol, Perenco,
Cepsa, Emerald, Tecpetrol, ONGC y Hocol,
en los Llanos Orientales, y
muchas otras empresas en las diferentes regiones, que han permitido incorporar
cerca de 800 millonesde barriles de
nuevas reservas de petróleo en la última década, fruto de inversiones que para dicho periodo superaron
10.500 millones de dólares, además de ser una fuente
importante de contratación de bienes, servicios y mano de obra. Qué decir de
aquellas que en silencio exploran o producen en pequeñas cantidades.
En gas natural, propuestas geológicas de empresas como Canacol,
Frontera, Lewis, Hocol, Petrosud, entre otras, permitieron desarrollar el Valle
Inferior del Magdalena: una frontera de gas que hoy aporta el 14%de la producción nacional y, gracias
al desarrollo de producción de más de 20descubrimientos en la Costa Atlántica, se mitigó la declinación de campos como el de Guajira, que por décadas
abasteció al país. Sin estos
esfuerzos en exploración y producción en nuevas áreas en el Caribe, y en el interior, el país hoy ya estaría
importando gas para abastecer el mercado colombiano.
A lo anterior hay que agregarel
importante aporte de empresas como Mansarovar, Oxy y Frontera, cuyo
conocimiento en recobro mejorado y extracción de crudos pesados aumentó varias
veces la producción en los campos donde éstas tecnologías se han implementado,
permitiéndole al país alcanzar el millón de barriles en 2014y, de la mano con Ecopetrol, aumentar
en más de 5.000 millonesde barriles
las reservas del país en la última década, resultado de revaluaciones de
reservas -es decir “raspando la olla”- en los campos maduros.
Mención especial
merece Ecopetrol, que de perder 3,9 billones de pesos en 2015 registró utilidades por 9,2 billones
a septiembre de este año. Un ejemplo
de resiliencia en una de las crisis de precios más
profundas, hoy con inversiones en el Golfo de México, en Brasil y en Permian (EE.UU),
uno de los campos más importantes de no convencionales
en Texas.
Pero es a
lo largo de toda la cadena que esta industria
es ejemplo de emprendimiento
y resiliencia. Ahí están Reficar y Barranca, produciendo combustibles de
excelente calidad; un sistema de oleoductos, gasoductos y poliductos
fortalecido; distribuidores mayoristas y minoristas de combustibles y
lubricantes que no paran de innovar. Hoy Terpel puso en funcionamiento la
primera de 8 estaciones de carga para vehículos eléctricos en la ruta de Bogotá
a Medellín; y Primax, Biomax, Texaco, Petrobrás, Total, Shell, Zeus y Petromil,
entre otras empresas, contribuyen a que el país se mueva por tierra, ríos, mar
y aire.
Esta
es nuestra industria del petróleo y gas, la que le ha traído progreso a
Colombia, la que nos permite aún ser autosuficiente en hidrocarburos y sostenibles
en lo fiscal. La que más recursos aporta al medio ambiente y al desarrollo de
regiones distantes y olvidadas, la única con exigencias de contratación laboral
local y que asumimos con responsabilidad y que
complementa las inversiones del Estado.
La nueva revolución energéticaes posible gracias a nuestras empresas
operadoras, a las de bienes y servicios, a nuestros ingenieros de petróleo,
ambientales, mecánicos y eléctricos, a geólogos y geofísicos; a sociólogos, abogados,
economistas y comunicadores, y de decenas
de disciplinas; a técnicos y tecnólogos que en los campos y ciudades
hacen que está industria trabaje 24 horas.
Mención especial merece la vinculación creciente de mujeres a la industria. Como lo señaló la Ministra de Energía
en la instalación, hay ocho empresas del sector, con Sello de Equidad
Laboral “Equipares” y varias en proceso de reconocimiento.
Es una gran noticia, pues permite superar la brecha salarial
entre hombres y mujeres, en especial en las zonas rurales.
Si esta industria es la que es, principalmente manejada
por hombres, imagínense como será el día, no muy lejano, en el que esté
principalmente liderada e integrada por mujeres.
Y entre las mujeres
líderes de nuestra industria, hay una a la que hoy queremos hacerle un reconocimiento especial: María Victoria
Riaño, presidente de una gran empresa, con un equipo extraordinario, Equión Energía. Le ha dado ejemplo a nuestra industria y al país de
cómo hacer las cosas pensando
en los seres humanos, con extraordinarios resultados.
La transición energética
Pero nos reúne no solo el
creer en esta industria, sino porque somos conscientes de su responsabilidad con el planeta. No tiene sentido poner en
discusión el cambio climático. Independiente de si el incremento en la
temperatura es cíclico o no y a su
sustentación, es innegable el impacto
de origen antropogénico.
Tampoco tiene
sentido negar la diversificación energética: las renovables llegaron para
quedarse. Cada región del planeta, cada país, avanzará a su propio ritmo, en
razón a sus necesidades y especificidades, en esta evolución, reconversión,
transformación o transición energética, y de si tome 25, 50 o 100 años. Dependerá
principalmente de la tecnología, de las necesidades y características de cada país:
de su cultura, sus recursos
naturales, su acceso y capacidad de pago de las
distintas fuentes de energía, y claro, del costo de las mismas. Y representa para nuestra industria del petróleo
y gas, en toda su cadena, oportunidades y desafíos. En la ACP lo
tenemos claro. Ecopetrol lo tiene claro. La industria
lo tiene claro.
Por eso, los riesgos
del cambio climático y los factores
que contribuyen a este, no son ajenos a nosotros. Varias empresas
trabajan y están comprometidas en reducir emisiones y la quema y venteo de gas;
en generar su electricidad con renovables no convencionales. Un ejemplo,
Ecopetrol pronto generará 300 MW adicionales a las 1.300 MW ya instaladas.
Fuimos además el primer sector
en comprometerse con la iniciativa de Economía Circular. Y pronto las empresas
serán de energía; el petróleo y gas serán parte de su portafolio.
Pero seamos claros,
para detener el cambio climático se requiere un esfuerzo integral.
La deforestación es la
segunda causa del calentamiento global y aporta el 24% a los Gases de Efecto Invernadero. El reto, restaurar 350 millones de hectáreas a 2030, lo que permitirá capturar una sexta parte del dióxido
de carbono. Este es un tema crítico
para Colombia, pues si
no hacemos nada, en diez años tendremos 450.000 hectáreas deforestadas. Según el Ministerio de Ambiente, seis departamentos concentran el 81% de la
deforestación y aquellos donde opera esta industria concentra el 68%. Las
causas son bien conocidas: cultivos
de coca, extracción ilícita de minerales, ganadería extensiva y la tala ilegal. Para no mencionar el impacto
del derrame de crudo de los grupos guerrilleros.
En buena hora el Gobierno
Nacional ha reducido la tasa de deforestacióny nuestra industria está comprometida con esta causa. No solo participa con el uso del 1% de inversión forzosa ambiental y recursos de
compensación, sino que tenemos empresas como Gran Tierra que invierte 10 millones de dólares en reforestación y conservación en Putumayo.
Similar labor es la de Equión Energía en Casanare con su programa Conectando Bosques.
Pero no solo debe preocuparnos los Gases de Efecto
Invernadero; Colombia solo aporta
el 0.4% de estos a nivel global y si los países que más contaminan no toman con
seriedad el Acuerdo de París, habremos hecho poco. Igual o más importante es la
calidad de aire en nuestras ciudades, que ocasiona 8.000 muertos al año por
enfermedades respiratorias y en lo que podemos hacer una gran diferencia, para lo cual es fundamental un transporte de carga
y el colectivo de pasajeros con motores de combustión eficientes con combustibles líquidos, a gas e híbridos. Lo
dijo el alcalde Enrique Peñalosa: para efectos
de impacto ambiental, de material particulado en las ciudades,
son igual de limpios
los buses a gas y los eléctricos, pero estos son más costosos.
Y de similar condición son los vehículos Euro VI que operan con diésel.
Pero la percepción es otra.
Un reciente estudio sobre externalidades
ambientales en Bogotá señala que el 79% de las
emisiones contaminantes lo ocasiona el transporte de carga y de pasajeros, en especial por la
obsolescencia de los vehículos de carga, cuya edad promedio son 21 años. En
buena hora el Gobierno Nacional con el Ministerio de Transporte lidera un ambicioso
programa de modernización que apunta al reemplazo de 50% de los vehículos de carga en el país.
Y es hora de darle atención a las motos, que representan el 8% de la contaminación en las ciudades y el 59% del
parque automotor. Su auge es resultado de fallas en el mercado. Pero crecen de manera exponencial en
medio de la anarquía, incluso en condiciones que no se corresponden con sus
externalidades negativas. A la par de la modernización del transporte de carga y de pasajeros, se requieren iniciar
la conversión de motos de combustión a motos
eléctricas, con incentivos y desincentivos. Como lo dijo el exministro Luis Ernesto Mejía, con absoluta razón: para el
transporte unipersonal de pasajeros la solución es eléctrica. Si no, la contaminación del aire en las principales ciudades del país se saldrá
de control.
Lucha contra
la deforestación y programas masivos
de reforestación, y modernización del parque automotor de
carga y de pasajeros, y el de motos,
deben ser una prioridad en el combate al cambio climático y para mejorar la
calidad del aire en nuestro país.
Demanda de energía
Debemos además
ser realistas y no pretender tapar el sol con las manos. La demanda
mundial de energía crece: para 2040 se espera un incremento entre 20% y 25% y
por más crecimiento de las energías renovables, las proyecciones indican que no
será suficiente ni siquiera para atender
el incremento en la demanda.
Similar ocurre en Colombia: si todos
los gobiernos en los próximos 20 años incrementaran las renovables al ritmo del
actual, no alcanzaría siquiera para
cubrir el crecimiento de la demanda de electricidad, ni hablar de toda la demanda de energía. Es decir, se continuarán requiriendo el petróleo y el gas, y no es
exagerado señalar que, salvo una disrupción tecnológica, que puede darse más temprano
que tarde, los fósiles
estarán presentes muchos años, más, si se avanza en la captura
de carbono.
En especial el gas, que
lidera a nivel mundial la transición energética; que en Colombia cada día gana más espacio y cuyo potencial
esperamos pronto confirmar con un estudio del Ministerio de Energía, que no
dudamos aconsejará una revisión regulatoria, que permita entre otras la inversión a riesgo en infraestructura y tarifas razonables en todas las regiones.
Los hidrocarburos no son el
enemigo, son parte de la solución. De no ser por ellos, el mundo no habría dado el salto al desarrollo que hoy conocemos, que ha permitido
a miles de millones de personas salir de la pobreza y mejoras
significativas en la calidad de vida. Igual para Colombia: el progreso del país
en los últimos cien años está íntimamente asociado a esta industria. Que
algunos no lo tengan claro o no lo
quieran aceptar, es otra cosa.
Si aprovechamos como corresponde los recursos del subsuelo, no solo en esta sino en otras actividades económicas, si los extraemos
con los más altos estándares ambientales y la mejor
tecnología disponible y responsabilidad social -como es el compromiso de la industria-y si destinamos sus rentas a proyectos estratégicos de las
regiones y del país -como lo es la
infraestructura de transporte-, podremos apalancar sectores
promisorios como el agrícola y el turismo, y diversificar nuestras
exportaciones, hoy dependientes del petróleo y la minería.
Pero eso se logra
con recursos y este sector tiene una capacidad excepcional de generar caja. Es más, la diversificación económica y la transformación energética del país serán menos complejas, si contamos con un
sector como el petrolero que pueda apalancarlas.
Tenemos una gran oportunidad,
la de ser no solo autosuficientes en petróleo y gas, sino, en aprovechar la creciente demanda
de estos combustibles en la región
y a nivel mundial. Por eso, el diversificar nuestra matriz energética y transformar la eléctrica, como lo
lidera el Gobierno Nacional, no es incompatible con aprovechar nuestros
hidrocarburos. Por eso debemos impulsar sin titubeos
el desarrollo de nuestros
yacimientos convencionales en tierra firme y costa afuera, y los no
convencionales que podrían incrementar las reservas probadas de petróleo 6.2 a 23.7 años
y de
gas de 9.8 a 25.
En el corto plazo, exprimir
al máximo los campos actuales
con técnicas de recobro mejorado e incentivar con urgencia nueva
exploración en las áreas asignadas. En el mediano plazo, incorporar nuevas
áreas por parte de Ecopetrol, la ANH o en conjunto, y desarrollar los no
convencionales, iniciando lo antes posible con los proyectos piloto. Y en el Largo
plazo, el desarrollo de gas y líquidos costa afuera, sin perjuicio de que
puedan desarrollarse antes.
Apostarle a
los diferentes tipos de yacimientos y las distintas técnicas de la industria.
Vamos en el camino correcto.
Las tres reuniones de trabajo de la ACP con el Presidente Duque y sus
principales ministros y altos funcionarios, una por semestre, así lo constatan.
El Proceso Permanente de Asignación de Áreas, la firma de seis contratos de exploración
y producción en Costa Afuera, contar con una sede neutral para arbitraje
internacional, la convocatoria y recomendaciones de la Comisión de Expertos de
los no convencionales y las condiciones tributarias, son ejemplos de las
decisiones acertadas del actual gobierno.
Como lo son, la decisión de
definir una hoja de ruta que permita atender los desafíos en el abastecimiento
de combustibles, para cerrar la brecha entre el precio de importación y el
precio interno, resolver de una vez las condiciones para la importación de
biocombustibles y mejorar cada día más la calidad
de los combustibles líquidos
refinados en Colombia.
Hay una ventaja coyuntural: una vez más, la incertidumbre regional juega a favor nuestro. Nos beneficiamos durante
década y media de la debacle del régimen de Chávez y Maduro
en Venezuela; y contrario
a lo previsto hace unos años, el giro político
en México, nos beneficia. Pero esa ventaja
no está garantizada, si la demagogia
y la politiquería logran tener eco. Con razón señaló Carlos Pascual, del
IHS-Markit, que el desafío de Colombia es convencer a un mundo convulsionado que
no se contagiará de los factores de
inestabilidad social y política que hoy afectan a varios países de la región.
Pero debemos hacer más,
todos debemos hacer más. Gobierno e Industria; empresas de régimen privado,
grandes, medianas y pequeñas, y Ecopetrol. Debemos todos hacer más en especial en
materia exploratoria. Tres años consecutivos de 50 pozos exploratorios en
promedio al año cuando el país requiere
al menos 100; una sísmica
en tierra que ligeramente
sobrepasa los 1.000 km equivalentes al año, cuando deberíamos estar en mínimo 8.000;
inversiones anuales de 5.000 millones de dólares, cuando se requieren 7.000 millones
de dólares año sostenidos, es insuficiente. Sobre el particular y con toda
razón se pronunció la Ministra de Energía. Destinar menos del 30% de los
recursos de inversión a exploración da resultados en el corto plazo, pero anticipa un escenario incierto
a mediano plazo. Más si el
70% de la inversión en exploración la realizan empresas privadas y ha sido
difícil atraer nuevas empresas y si la participación de las privadas en el mercado es cada vez menor.
Hemos iniciado con la ANH la valoración de una serie de iniciativas, que aspiramos sean de
buen recibo en su Consejo
Directivo. De los recursos por encontrar, el 50% está en cuencas con producción comercial. Debemos
buscar entonces la manera de desarrollar ese potencial: facilitar el traslado
de inversiones entre proyectos e incentivar a las que ya están operando en dichas áreas,
para que exploren. Esta es una figura que se utilizó
en el pasado, y encontrar mecanismos para desarrollar áreas que están
congeladas. Y abrirles camino a empresas emprendedoras bajo nuevas modalidades
de operación; con estándares, pero con flexibilidad. Además de las grandes empresas,
necesitamos a las medianas y pequeñas.
El
petróleo y el gas tienen futuro en la transición energética. Pero no cualquier
petróleo y gas: solo el que sea competitivo. Si es competitivo en precio y calidad,
y accesibilidad, estarán por muchísimos años junto a las fuentes renovables.
Desafíos
Hemos avanzado, pero hay
desafíos que no son menores, en los que estamos y seguiremos trabajando con las
entidades del Gobierno, la Vicepresidencia de la República en el marco del Pacto
por el Crecimiento y con el Señor Presidente. Mencionaré algunos.
Primero: Hacer menos compleja la operación de las empresas en territorio.
Operar, en muchos casos, es tarea de titanes. El país se acostumbró, en
especial en la última década, a que la ley se negocia.
Se promueven o cohonestan las vías de hecho, se pisotean los derechos
de los terceros para presionar a las empresas
y al Gobierno.
Y como poco o nada pasa,
lo hacen una y otra vez. No deben escatimarse esfuerzos para evitar llegar a vías de hecho, pero la
ley es la ley. Confiamos en que el protocolo de protesta social ayude a poner
orden y a decidir a tiempo el ingreso de la Fuerza Pública, si se requiere. La
labor de la ANH y el Ministerio del Interior en estas circunstancias ha sido muy valiosa.
Segundo: Trámites razonables en tiempos competitivos; Desde la firma de un
contrato hasta la comercialización del hidrocarburo transcurren seis a siete años: 83% de tiempo
en trámites. Eso no puede ser. La buena
noticia es que estamos trabajando con el Ministerio de Ambiente y la ANLA en la revisión
de cada caso, en criterios
de evaluación, una guía de vedas
a incluir en la licencia
ambiental y un nuevo modelo
de licenciamiento. Y el ICANH
se dispone a reglamentar sus
trámites; faltaría revisar el alcance de sus requerimientos. Lo anterior, al
tiempo de organizar la consulta previa, con su fortalecimiento institucional,
la aplicación de la tasa por expediente, la expedición de otra directiva
y la presentación de la Ley Estatutaria.
Tercero: Construcción continua de confianza y valor
compartido en el territorio. La nuestra no es una industria
infalible: acierta y también comete errores. De ahí la importancia
de fortalecer todos los días, de manera genuina, la relación con las
autoridades locales y las comunidades donde opera.
De igual a igual, como socios, con diálogo y pedagogía. Las empresas que así lo hacen, que
entienden su presencia en territorio como oportunidad de transformación, suelen
tener experiencias maravillosas y poca conflictividad. Confiamos en que una mejor asignación de regalías, los PDET, los programas de reforestación, contribuirán a construir una relación más
armónica. Ese es un desafío permanente, y vital.
Cuarto: Fortalecer la seguridad jurídica, uno de los
principales activos del país. Tres han sido los pilares para atraer inversión a
Colombia: su coherencia macroeconómica, su estabilidad política, y seguridad
jurídica. Pero se ha perdido
confianza en lo jurídico. El abuso
de los instrumentos judiciales al acceso del ciudadano, la judicialización de
decisiones de política pública, las restricciones por vía judicial de las
funciones del Ejecutivo, los cambios en posiciones jurisprudenciales, han debilitado la seguridad jurídica.
Y no se trata de repartir
culpas; cada Rama cumple con su función. Lo que a veces pareciera no darse es
aquello de que estas “deben colaborar armónicamente para cumplir los fines del Estado”.
Quinto: Revisar asimetrías. Tenemos una gran empresa de mayoría estatal de la
que nos sentimos todos orgullosos. Y día a día crece más su participación en el mercado,
y en algunos eslabones es monopólica. No entraré a juzgar si esto es
bueno o malo. Lo importante es ser conscientes
del modelo que tenemos y si responde
al espíritu de la reforma
de hace 16 años.
De introducir o no más competencia y su impacto
en la competitividad. Y tomar decisiones,
que van desde separar de verdad la producción del transporte de hidrocarburos,
proteger o no tarifas de oleoductos absurdamente costosas -que benefician a uno
de los productores a costillas de los otros-, de viabilizar o no la importación
de combustibles líquidos por parte de terceros, y facilitar o no el acceso de
todos por igual a la infraestructura de poliductos.
Estas cinco reflexiones, tienen un objetivo:
reafirmar los importantes avances en estos quince meses de gobierno, y recordar que tenemos mucho por hacer en estos años.
Nos sentimos parte de un
solo equipo. Se han tomado decisiones importantes, algunas con génesis en el
pasado, la mayoría resultado del liderazgo y la gestión
actual. Se ha logrado regresarle a la industria la
esperanza. Una esperanza no exenta de incertidumbre, pero esperanza.
El desarrollo no se logra distribuyendo pobreza sino
generando riqueza. De ahí la importancia de la Ley de Financiamiento, que le apuesta a un crecimiento a partir del sector privado
y la generación de empleo
formal. Confiamos en que el
Congreso de la República le dará pronto trámite a la reforma
tributaria, sin cambios sustanciales. No tendría sentido utilizar esta
contingencia legal para poner al Gobierno contra la pared y volver al pasado y cifrar la relación del Ejecutivo y el
Legislativo a partir de una lógica transaccional, basada en puestos y en
contratos direccionados. A una corrupción en sus justas proporciones, como lo
dijo un ex presidente de la República.
Esta situación nos debe llevar a una reflexión profunda
sobre lo que está sucediendo. Es difícil de entender
que en momentos en que la economía
crece al 3.3% y se estima crecerá al 3.4% el próximo año, por
encima de todos los países de la región e incluso del promedio mundial; cuando
los homicidios están en uno de sus momentos más bajos en años; cuando se han destrabado los proyectos de infraestructura de transporte de cuarta generación, cuya mayoría estaban enredados; cuando el sector educativo
superior recibe la mayor inyección de recursos en décadas, para citar ejemplos,
se cuestione al Gobierno Nacional, con inquina.
Más cuando la inconformidad estaría
ligada a la equidad, la bandera del Presidente Duque. Es decir, pareciera no importar si lo está haciendo bien o
mal; priman otros factores.
El nuestro es un país que ha
sorteado todo tipo de adversidades:violencia
bipartidista, dominio de carteles de la droga, aislamiento internacional, y una
guerrilla envalentonada. Y poco a poco hemos salido adelante, con el esfuerzo
de varias generaciones, que se evidencia en una mejor calidad de vida de
millones de personas y la reducción de la pobreza extrema. Por eso no podemos
ser ajenos ni callar cuando está en juego el futuro de los colombianos. Cuando
se pone en riesgo la institucionalidad y se atiza la polarización y la
violencia.
Falta muchopara que nuestro
país crezca más y de manera continua, para que crezca con mayor equidad
social, para armonizar mejor el progreso
con el medio ambiental, para que los derechos y los deberes se ejerzan
en el marco de la ley, para que el emprendimiento individual y colectivo sean nuestra impronta. Y cese la violencia y haya paz con legalidad.
Ese país no es inalcanzable. Depende de todos, lograrlo. La
Industria está dispuesta a poner su parte. Las condiciones están dadas, sigamos
adelante.