Edge: estrategias para la gestión remota y la resiliencia en TI

En un entorno cada vez más descentralizado y digitalizado, las organizaciones enfrentan un reto urgente: asegurar la continuidad, seguridad y eficiencia de sus operaciones de TI más allá de los grandes centros de datos.

En esta nueva realidad, el Edge Computing —la capacidad de procesar datos cerca del lugar donde se generan— se consolida como una pieza clave para habilitar la transformación digital en sectores como salud, banca, manufactura, petróleo y gas.

La creciente demanda de procesamiento en tiempo real, junto con el auge de tecnologías como el Internet de las Cosas (IoT), la inteligencia artificial y las aplicaciones en la nube, ha impulsado la expansión de la infraestructura edge en América Latina.

Según Statista, el mercado global de edge computing superó los USD 47.000 millones en 2023, y se espera que esta cifra se duplique para 2027.

Este crecimiento plantea un nuevo conjunto de desafíos: ¿Cómo asegurar la disponibilidad de las operaciones críticas? ¿Cómo mantener la visibilidad y el control remoto en sitios dispersos y con poca infraestructura? ¿Cómo garantizar la sostenibilidad energética en la periferia digital?

El Edge como eje de resiliencia y sostenibilidad

La respuesta está en combinar tecnología, diseño inteligente y gestión centralizada. En el edge, los sistemas suelen operar en espacios reducidos, sin personal técnico in situ y con limitaciones energéticas.

Por ejemplo, Schneider Electric ofrece soluciones que integran desde UPS monofásicas, refrigeración compacta y gestión térmica, hasta software de monitoreo, que permite visibilidad en tiempo real y diagnóstico predictivo desde una única plataforma.

Esto es especialmente relevante para sectores como la salud, donde las aplicaciones clínicas deben operar sin interrupciones; o en el sector bancario, donde los datos de las sucursales deben ser procesados con baja latencia y alta seguridad.

“Hoy, las organizaciones necesitan soluciones que garanticen continuidad operativa sin comprometer sus objetivos de sostenibilidad. El edge computing permite acercar la inteligencia al punto de uso, reduciendo latencias, costos energéticos y emisiones, para que cada empresa pueda gestionar su infraestructura de forma resiliente, eficiente y alineada con sus metas ambientales.”, afirma José Luis Leyva Mancera, Edge Computing and Alliances Specialist de Schneider Electric para Sudamérica.

En Colombia, con más del 70% de las sucursales financieras y clínicas privadas fuera de los grandes centros urbanos, las organizaciones están invirtiendo en soluciones edge para garantizar continuidad operativa en tiempo real.

Además, el auge del comercio electrónico, la telemedicina y la expansión del 5G están impulsando una nueva ola de demanda por infraestructura de borde en ciudades intermedias.

Ciberseguridad y mantenimiento predictivo

Uno de los aspectos más críticos en el edge es la seguridad. Estos entornos remotos, muchas veces no supervisados, representan puntos vulnerables para ataques cibernéticos. En este frente, Schneider Electric trabaja con protocolos de ciberseguridad en sus dispositivos, así como con sistemas de alertas remotas y recuperación ante fallos.

Otro punto esencial es la resiliencia operativa. Gracias a herramientas basadas en IA y machine learning, las soluciones de edge pueden anticipar fallos, gestionar la carga energética y extender la vida útil de los activos.

“La expansión del edge requiere una infraestructura preparada no solo para operar de forma remota, sino también para resistir amenazas cada vez más sofisticadas. Por eso combinamos innovación tecnológica con estándares globales de ciberseguridad para proteger la continuidad operativa de nuestros clientes desde el núcleo hasta la periferia digital”, concluye Leyva.

El costo de excluir al gas nacional de la agregación energética

Durante la presentación de XXVI Informe del Sector Gas Natural en Colombia, que cada año elabora Promigas, se llamó la atención sobre los desafíos que enfrenta el país en materia de abastecimiento.

Desde 2024 Colombia inició importaciones permanentes de gas natural para atender segmentos diferentes a la generación térmica. Además, en ese año las reservas probadas cayeron a 2.064 Gpc, con una disminución del 64% en 12 años, lo que equivale a apenas 5,9 años de suministro nacional parcial.

Este panorama afecta directamente el trilema energético, desequilibrando sus tres ejes fundamentales:

  • Seguridad energética, con una dependencia creciente de importaciones, incluso para el mercado no térmico.
  • Equidad, con exposición a la volatilidad de precios internacionales que lleva incrementos tarifarios.
  • Sostenibilidad, con el riesgo de que industrias y el transporte regresen al carbón y otros combustibles más contaminantes, elevando las emisiones de CO₂.

De acuerdo con el Informe del Sector Gas Natural 2025, en el próximo quinquenio las importaciones necesarias —sin incluir las del Grupo Térmico de la Costa— podrían llegar a cerca de 400 MPCD, lo que representa un costo de oportunidad de entre 7 a 15 billones de pesos en los próximos 10 años (VPN), por pagar gas natural importado más caro frente al gas nacional.

Además, cada año de atraso en la entrada del gas offshore a partir de 2031, implicaría costos adicionales de entre 4 a 5 billones de pesos anuales.

Si entre 10% y 20% de la industria y de 15% a 25% del consumo de GNV migraran a combustibles más contaminantes, por pérdida de competitividad del gas, el país enfrentaría un efecto ambiental adverso: entre 0,4 y 0,7 millones de toneladas de CO₂ al año, entre 48 y 50 toneladas de material particulado fino al año y entre 14 y 417 mil millones de pesos anuales en costos de compensación de emisiones.

Medidas para recuperar el rol del gas

Durante la presentación, Promigas señaló las medidas para recuperar y fortalecer el mercado de gas de Colombia en toda la cadena de valor.

Entre las medidas urgentes con impacto en el corto plazo, están:
  • Ajustar la regulación de comercialización para alinear los contratos de suministro de gas con las prácticas del mercado internacional, en cuanto a eventos eximentes y de fuerza mayor, de forma que puedan suscribirse contratos a largo plazo que viabilicen precios de gas importado más competitivos y estables para el país.
  • Optimizar la gestión de licencias ambientales y consultas previas para el desarrollo de infraestructura de regasificación y transporte asociada.
  • Habilitar la comercialización del suministro y transporte de gas de las plantas térmicas hacia la demanda no térmica, siempre que dicho gas no sea requerido para el despacho de energía.
Entre las medidas con impacto en el mediano y largo plazo para reducir la dependencia de gas importado, están:
  • Retomar la exploración de hidrocarburos y avanzar en pilotos de yacimientos no convencionales para asegurar nuevas fuentes de suministro.
  • Convertir los recursos contingentes en reservas y producción efectiva, especialmente en campos offshore, como Sirius, lo que exige también la conversión oportuna de infraestructura existente de hidrocarburos al transporte de gas natural, como es el caso del proyecto Jobo–Vasconia y la ampliación del gasoducto Ballena-Barranca.
  • Optimizar el licenciamiento ambiental y consultas previas, junto con un esquema fiscal competitivo que elimine sobretasas y brinde estabilidad tributaria, para dinamizar la inversión, acelerar nueva oferta y viabilizar la entrada de nuevos productores al mercado de gas.
  • Desarrollar infraestructura crítica de transporte que conecte las nuevas fuentes al mercado y proteja la demanda con señales claras de disponibilidad.
  • Promover un plan de masificación del gas para ampliar cobertura en hogares y reducir la pobreza energética.
  • Reconocer el rol del gas natural como respaldo confiable para las fuentes renovables intermitentes, consolidándolo como aliado en la agregación energética y la descarbonización.
  • Asegurar una visión de largo plazo y coordinación efectiva entre autoridades, sector privado y comunidades, para que el gas despliegue su potencial como motor de progreso y prosperidad para Colombia.

Crean capítulo especial para fortalecer regiones productoras de hidrocarburos

La Asociación Colombiana del Petróleo y Gas (ACP) y la Federación Colombiana de Municipios (Fedemunicipios) firmaron un memorando de entendimiento para crear el Capítulo de Municipios Productores de Hidrocarburos de REMEN, la Red de Municipios de Entorno Minero Energético.

La alianza busca impulsar el desarrollo sostenible de los territorios, optimizar la gestión de los recursos de regalías y otras fuentes de financiamiento, así como contribuir a la garantía de la seguridad energética del país.

Con esta iniciativa, Fedemunicipios y la ACP trabajarán de manera articulada con los mandatarios locales para fortalecer la capacidad institucional de las administraciones locales y fomentar espacios de diálogo y cooperación en beneficio de las comunidades. El acuerdo se oficializó en un evento que contó con la participación de alcaldes de municipios productores de todo el país.

Durante el encuentro, el presidente de la ACP, Frank Pearl, destacó que “el propósito de la alianza es coordinar esfuerzos para que los recursos que se derivan de los hidrocarburos se traduzcan en proyectos, más competitividad y más bienestar para las comunidades en las regiones, y se garantice la seguridad energética de los colombianos”.

Por su parte, el vicepresidente de la Federación, Campo Elías Ramírez, señaló que “el convenio es de gran importancia para los municipios petroleros del país, al permitir el fortalecimiento de capacidades de los mandatarios en su gestión local, y al facilitar espacios de diálogo y coordinación con las empresas, gremios, Gobierno y organizaciones sociales, para garantizar el aprovechamiento sostenible de los hidrocarburos en el país y afianzar la importancia económica y social de este sector”.

Geólogos le responden al ministro Palma sobre la estrategia de diálogo regional

La Asociación Colombiana de Geólogos y Geofísicos de la Energía (ACGGP) reconoció la importancia del diálogo territorial para avanzar en los grandes retos del sector energético del país, como lo mencionó recientemente el ministro de Minas y Energía, Edwin Palma.

“El diálogo como una estrategia no es una novedad: para quienes trabajamos de la mano con las comunidades, el diálogo es parte de nuestro día a día y ha sido, históricamente, la única vía para construir confianza en los territorios”, señalaron los geólogos en un comunicado.

Y resaltaron que en la ACGGP se ha desarrollado, durante más de una década, el Programa de Pedagogía Regional, una de las estrategias de diálogo social más sólidas y sostenidas que se han implementado en Colombia.

Esta iniciativa ha recorrido 21 departamentos y más de 100 municipios, con más de 1.000 actividades que comprenden talleres pedagógicos, caminatas, visitas pedagógicas a facilidades de producción, muralismo colectivo y ferias de ciencia en instituciones educativas, sobre temas energéticos, resolución de conflictos, agua, transición energética y formulación de proyectos, entre otros, con el propósito de dejar capacidades instaladas en las comunidades y construir confianza, actividades que han impactado a cerca de 40.000 personas en todo el país.

Este Programa ha sido impulsado por empresas como Ecopetrol, PAREX Resources, SierraCol Energy, Gran Tierra Energy, La Luna Captiva, ONGC Videsh y Canacol Energy, entre otras.

“El enfoque se basa en el diálogo de saberes: escuchar, reconocer y dignificar el conocimiento de las comunidades; adaptar el lenguaje técnico a realidades cotidianas sin trivializarlo; y construir juntos respuestas frente a riesgos, energía, territorio y sostenibilidad. Esta experiencia nos ha permitido constatar que cuando se comparte el conocimiento geocientífico de manera clara y cercana, se siembra confianza, se reducen los conflictos y se viabilizan proyectos” señaló el gremio.

Ejemplo de esto es el proyecto Farallones con Ecopetrol, donde tras cuatro años de presencia territorial combinando pedagogía y proyectos sociales, la conflictividad bajó de 6 eventos de oposición en 2021 a 0 en 2024.

En paralelo, se realizaron 172 actividades pedagógicas como talleres, ferias de ciencia, visitas y acciones lúdicas, que se convirtieron en un acompañamiento cercano, con lenguaje claro y diálogo de saberes, que ayudó a sembrar confianza, anticipar tensiones y viabilizar el proyecto.

“Consideramos clave que la nueva estrategia anunciada por el Ministerio no parta de cero, sino que se articule con actores y programas que ya han demostrado resultados en campo, como nuestro Programa de Pedagogía Regional. El verdadero éxito del diálogo radica en reconocer lo construido, fortalecerlo y darle continuidad, para que las comunidades sientan que no se trata de ejercicios aislados sino de un compromiso permanente del Estado y de la sociedad”, indicó Flover Rodríguez Portillo, director Ejecutivo de la ACGGP.

Finalmente, la ACGGP reiteró su disposición a ser un aliado técnico y territorial en este proceso, pues el Programa de Pedagogía Regional es un ejemplo de cómo el diálogo social puede transformar la relación entre ciencia, industria, Estado y comunidad.

Se repite la historia

Se repite la historia de hace un año, cuando se presentó el proyecto de ley de presupuesto con un desfinanciamiento de $12 billones y se intentó infructuosamente que el Congreso de la República le aprobara una ley de financiamiento por ese mismo valor para tapar el hueco.

Por: AMYLKAR D. ACOSTA*

El ministro de Hacienda Germán Ávila radicó en el Congreso de la República el proyecto del Presupuesto General de la Nación (PGN) para la vigencia 2026, aforado en un monto de $556.9 billones, equivalente al 28.9% del PIB, con un incremento del 9% con relación a los $511 billones de la actual vigencia y del 14.1%, si se excluye el rubro de servicio de la deuda.

También presentó un proyecto de ley de financiamiento, contentiva de una reforma tributaria con el fin, según el, de que “se discuta paralelamente con la propuesta de PGN”.

Se repite la historia de hace un año, cuando se presentó el proyecto de ley de presupuesto con un desfinanciamiento de $12 billones y se intentó infructuosamente que el Congreso de la República le aprobara una ley de financiamiento por ese mismo valor para tapar el hueco.

Ante la negativa del Congreso, el presidente de la República terminó decretando el PGN de la actual vigencia, viéndose compelido a decretar el congelamiento de dicha suma para equilibrar el presupuesto.

Pero esta vez el monto del faltante es más del doble de dicha suma, ahora asciende a la suma de $26.3 billones, 4.72% del monto global, los cuales se pretende recaudar con la socorrida ley de financiamiento.

Ante la reticencia del Congreso de la República de aprobar una segunda reforma tributaria en el cuatrienio, después de la de 2022, que estuvo precedida por la del presidente Duque en 2021, en este última legislatura, signada por el agitado clima pre-electoral, con la desintegración del quorum de la Comisión Tercera de la Cámara de Representantes por parte de la bancada oficialista en momentos en los que se discutían propuestas para bajar y ajustar el monto del presupuesto, acorde con la expectativa de ingresos, se le allanó el camino al presidente Petro para que este decrete, una vez más, el PGN para el año entrante, dado que se agota el 15 de septiembre el plazo para evacuarlo por parte del Congreso.

El Presidente emplazó al Congreso de la República, alegando su propia culpa del desaforado ritmo del gasto, afirmando con total desenfado que “el Estado va a quebrar si el Senado no aprueba la Ley de financiamiento”. Y fue más lejos al espetar que “todas las cifras lo dicen… nos hundiremos en la barbarie”.

En todo caso, el plazo límite para la aprobación del monto se agotó, con lo cual el Gobierno se ha salido con la suya en esta primera instancia, ahora resta saber si antes del 20 de octubre se aprueba el articulado del proyecto de PGN por parte del Congreso de la República o el Gobierno se sale con la suya, recurriendo al filibusterismo que tanto ha criticado cuando la practica la oposición.

Aunque el ministro  Ávila aduce que “no hemos evaluado un plan B”, el hecho cierto es que ello le conviene al Presidente, quien no disimula su deseo de que quede en sus manos decretarlo, pues ello le permite esquivar el debate en el Congreso de la República, el cual podría poner en riesgo la aprobación de varios artículos que le dan facultades omnímodas al ejecutivo, entre ellos la de modificar y reprogramar lo atinente a las vigencias futuros, intento que ha sido muy controvertido y cuestionado por poner en riesgo la confianza inversionista y la seguridad jurídica, al dejar en el limbo obras ya contratadas.

Y ello pese a la advertencia de que la Contraloría General le advirtiera que “las vigencias futuras son de única destinación” y, en consecuencia, “no deben ser reprogramadas ni destinadas a otros fines”.

Las críticas al proyecto de presupuesto por parte de los expertos y de los centros de pensamiento no se han hecho esperar. Como contexto es importante destacar que el mismo está precedido por la decisión del Gobierno Nacional de recurrir a la cláusula de escape de la Regla Fiscal para desembarazarse de su cumplimiento y tener las manos libres para gastar sin límites.

Según el director Ejecutivo de Fedesarrollo, Luis Fernando Mejía, lo que está pasando con el PGN refleja un grave problema de planificación financiera en el Gobierno, al presentar presupuestos que no son financiables, y remató diciendo que “hay montos desbordados y baja capacidad de recaudo” y que con el crecimiento del PGN en un 9%, el triple de la meta de inflación objetivo que se ha fijado el Banco de la República, “no se están dando señales de apretar el cinturón”, como lo aconseja la responsabilidad y la sostenibilidad fiscal.

Al escudriñar las cifras de las distintas partidas del proyecto de PGN, además del crecimiento desproporcionado del monto del mismo, que no se compadece con los precarios ingresos, llama poderosamente la atención el crecimiento de la asignación a los gastos de funcionamiento ($365.7 billones), que es del 11.1%, insuflados fundamentalmente por la hipertrofia de la burocracia, particularmente de los contratos por prestación de servicios (OPS), los cuales se incrementaron, sólo  en las entidades centralizadas, según el Sistema Electrónico de Contratación Pública (SECOP), el 40% entre 2021 y 2024, al pasar de 45.000 a 63.000, con un costo de $3.2 billones, aproximadamente.

En total, entre agosto de 2022 y julio de 2025 se han firmado 382.858 OPS, con un costo aproximado de $14.6 billones, equivalente al rubro correspondiente a la inversión.

Dicho de otra manera, si se prescindiera de tanta burocracia parasitaria y se hiciera una liposucción a ese gasto inútil, se podría reducir el desfinanciamiento a $11.7 billones, en lugar de los $26.3 billones.

Sólo en 2025 se registraron 101.120 nuevos contratos, por valor de $4.87 billones. Ello, a contrapelo de la retórica del Gobierno y su reforma laboral, las cuales propenden por la formalización laboral y en contra de la precarización del empleo.  

*Exministro de Minas y Energía y miembro de Número de la ACCE.

Digitalización y descarbonización: la dupla clave en centros de datos

Tecnologías de monitoreo en tiempo real, software inteligente y arquitecturas energéticamente eficientes, lideran la transformación hacia una infraestructura digital más limpia y resiliente.

Los centros de datos son el corazón del mundo digital. Desde el almacenamiento de información hasta el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial, estas infraestructuras son esenciales para el funcionamiento de la economía digital. Pero también son grandes consumidores de energía: a nivel global, se estima que representan entre el1.5% y el 3% del consumo eléctrico total, y su huella de carbono no para de crecer.

Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), el sector energético representa cerca del 73% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, que lo convierte en el principal responsable del cambio climático. En ese contexto, la digitalización de infraestructuras energéticas y la descarbonización de procesos industriales no son opcionales, sino esenciales.

De hecho, se estima que más del 55% de las reducciones necesarias para alcanzar el Net Zero en 2050 dependerá del uso de tecnologías ya disponibles, como la eficiencia energética, las energías renovables y la electrificación.

En este contexto, la transformación del sector ya no es una opción, sino una urgencia. Y el camino está claro: combinar digitalización con descarbonización. Dos fuerzas que, cuando se integran, permiten avanzar hacia centros de datos más sostenibles, eficientes y resilientes.

Digitalizar para tomar decisiones inteligentes

“Lo que no se mide, no se puede optimizar”, afirma Marta Sánchez, vicepresidenta de Secure Power para Sudamérica en Schneider Electric. “Esa es la base de la digitalización: dotar a los centros de datos de tecnologías de monitoreo inteligente, análisis predictivo y automatización para gestionar en tiempo real el uso de energía, la capacidad térmica, los riesgos de interrupción y los patrones de consumo.”

Así es como soluciones como EcoStruxure IT permiten a los operadores visualizar cada punto de su infraestructura, desde el borde hasta el core, anticipar fallos, balancear cargas, reducir emisiones y tomar decisiones basadas en datos.

“La digitalización convierte los centros de datos en organismos vivos, que se adaptan y responden con precisión a la demanda energética actual”, agrega Sánchez.

Descarbonizar desde el diseño

El segundo componente de la fórmula es la descarbonización, que empieza desde el diseño del centro de datos: arquitectura modular, UPS inteligentes, contención térmica eficiente y, en los casos más avanzados, sistemas de refrigeración líquida que reemplazan el aire acondicionado tradicional.

Además, la transición energética implica migrar hacia fuentes renovables, electrificación de procesos y eficiencia operativa. En el caso de Colombia, Schneider Electric ya está implementando estos principios en su planta de Funza que es un referente de sostenibilidad industrial en la región.

Un futuro energético más justo

En Colombia, el mercado de centros de datos crece a ritmos acelerados. Se proyecta que alcanzará los USD 1.160 millones en 2030, con una tasa anual del 17,5%.

La era de los centros de datos del futuro ya comenzó. Y en ella, no bastará con ser eficientes o sostenibles por separado. La verdadera innovación está en combinar digitalización + descarbonización, una dupla que redefine los límites del rendimiento energético y la responsabilidad ambiental.

Ecopetrol comercializará entre 12 y 26 GBTUD de gas de Floreña

Ecopetrol anunció el inicio de un proceso de comercialización de gas para colocar en el mercado entre 12 GBTUD y 26 GBTUD producido en el campo Floreña, departamento de Casanare, durante los años 2026, 2027 y 2028.

Por medio de esta iniciativa, Ecopetrol ofrecerán bloques anuales de largo plazo de la siguiente manera: 25 GBTUD para 2026, 12 GBTUD para el 2027 y otros 12 GBTUD para el 2028.

Los interesados en el proceso de comercialización podrán realizar las solicitudes de compra entre el 16 y 17 de septiembre, la asignación se realizará entre el 18 y el 24 de septiembre, el cierre y registro de contratos será entre el 29 de septiembre y el 3 de octubre.

Cabe recordar que en junio de 2025 la Empresa adelantó un proceso de comercialización de gas de los campos de Cusiana y Cupiagua, a través del cual asignó hasta 132 GBTUD de gas nacional e importado a empresas distribuidoras y comercializadoras que operan en el mercado colombiano.

Además, Ecopetrol asignó a 18 agentes un total de 60 GBTUD de gas importado que ingresará al país por la costa pacífica entre el segundo y tercer trimestre de 2026, para cubrir otros sectores de la cadena de suministro de gas natural.

Medidas adicionales

Con el propósito de contribuir a atender la demanda del energético, la Empresa también ha maximizado las eficiencias en su consumo de gas. A junio de 2025 logró una reducción aproximada de 8% en sus autoconsumos.

Así mismo, en el Piedemonte Llanero se perforan los pozos Floreña N18, Andina Este y FRUp16, con los cuales se busca aumentar las reservas y la producción de gas; además, están en etapa de planeación cinco pozos adicionales en la región, que se perforarían entre 2025 y 2026.

El futuro energético de Colombia depende de fortalecer el Cargo por Confiabilidad

En el marco de la transición energética, el Cargo por Confiabilidad resulta aún más estratégico, ya que asegura que las fuentes intermitentes, como la solar y la eólica, cuenten con un respaldo confiable que sostenga el sistema.

De acuerdo con Klik Energy, compañía especializada en soluciones digitales para la gestión de la energía, el Cargo por Confiabilidad se ha consolidado como una herramienta clave para proteger a Colombia frente a escenarios de escasez y asegurar la sostenibilidad del sistema eléctrico en el largo plazo, por lo que eliminarlo pondría en riesgo el abastecimiento energético del país.

El Cargo por Confiabilidad es un mecanismo regulatorio del sector eléctrico colombiano diseñado para garantizar que el país disponga siempre de la energía necesaria, incluso en situaciones críticas como sequías prolongadas asociadas al fenómeno de El Niño, fallas técnicas o incrementos inusuales en la demanda. 

Este mecanismo funciona a través de un pago fijo adicional incluido en la tarifa de energía que los usuarios pagan mes a mes. Dicho pago es entregado a los generadores de energía a cambio de un compromiso: disponer de capacidad firme de generación cuando el sistema lo requiera. En otras palabras, no se trata de un cobro directo por la energía consumida, sino de una garantía de disponibilidad futura que permite que el suministro nunca falte, incluso en momentos de alta presión sobre el sistema eléctrico.

Cuando el país enfrenta periodos de escasez energética debido a la reducción de la hidrología como sucedió en 2024 o a un incremento inesperado de la demanda, las plantas que reciben este cargo deben entregar la energía comprometida. Este esquema ha sido fundamental para mantener la estabilidad energética de Colombia durante las últimas décadas.

Su importancia radica en varios aspectos. En primer lugar, fortalece la seguridad energética del país, teniendo en cuenta que cerca del 70% de la electricidad nacional proviene de fuentes hidroeléctricas que se ven afectadas en periodos de sequía. También garantiza la estabilidad del suministro, reduciendo el riesgo de apagones o racionamientos como los que se vivieron en los años noventa. De igual forma, envía señales claras de inversión en infraestructura, lo que incentiva a construir nuevas plantas o mantener las actuales en operación. 

En el marco de la transición energética, el Cargo por Confiabilidad resulta aún más estratégico, ya que asegura que las fuentes intermitentes, como la solar y la eólica, cuenten con un respaldo confiable que sostenga el sistema.

De acuerdo con Esteban Quintana, CEO de Klik Energy, “el Cargo por Confiabilidad ha demostrado su efectividad. En 2024, durante el fenómeno de El Niño, las plantas térmicas respaldaron al sistema cuando la generación hídrica disminuyó, evitando fallas en el suministro. Sin embargo, es urgente acelerar las subastas de la CREG para atraer nuevas inversiones que permitan garantizar la energía de los próximos años”.

Actualmente, cerca del 70% de la generación nacional proviene de fuentes hidroeléctricas y el 30% de térmicas. Esta combinación ha permitido que, pese al aumento en el precio de la energía en algunos sectores, el país no haya sufrido desabastecimiento eléctrico. Sin embargo, el gran reto está en atraer nuevos proyectos que fortalezcan la capacidad instalada, especialmente ante escenarios de presión climática y creciente demanda energética.

Klik Energy ha implementado estrategias de respaldo para plantas que han enfrentado retrasos en su entrada en operación, evitando que pierdan su Cargo por Confiabilidad y asegurando que puedan aportar energía al sistema cuando más se necesite.

Actualmente, Klik Energy representa cerca del 35% de los respaldos de los generadores en el mercado. En este sentido, la eliminación del Cargo por Confiabilidad pondría en riesgo la seguridad energética nacional, por lo que, lejos de retirarlo, resulta fundamental fortalecerlo y complementarlo con nuevas inversiones que aseguren la energía que Colombia necesita.

Los costos fiscales, sociales y económicos de eliminar el carbón colombiano

La Federación Nacional de Productores de Carbón (Fenalcarbón) dio a conocer el Informe TEC “Transición Energética de los Carbones Colombianos”, elaborado junto al Centro Regional de Estudios de Energía (CREE), que concluye que el país enfrentará riesgos fiscales, sociales y económicos si la transición energética se acelera sin una estrategia clara.

El documento advierte que un proceso mal diseñado podría significar una caída de $38 billones en la economía nacional. El recaudo de las regalías y el impuesto de renta representa cerca del 95% de los ingresos que recibe el país por el desarrollo de la actividad minera de carbón, lo que lo convierte en un pilar insustituible para la financiación pública.

En departamentos como Cesar y La Guajira, las regalías por carbón representan más del 100% de sus ingresos corrientes, por lo que una transición desordenada tendría efectos devastadores en la estabilidad regional y en los recursos para educación, salud e inversión social. Lo mismo sucede en otras regiones del país como Córdoba, Cundinamarca, Boyacá, Antioquia y los Santanderes, donde la industria carbonífera no solo genera empleo, sino aportes sociales y ambientales.

“Este no es un debate sectorial, es un debate de país. El futuro fiscal de la Nación, la estabilidad laboral de miles de familias y la inversión social en 132 municipios de 11 departamentos dependen de una transición bien planificada”, afirmó Carlos Cante, presidente Ejecutivo de Fenalcarbón.

Tres escenarios de transición para Colombia

El informe presenta tres posibles rutas hacia la descarbonización del país, con sus impactos sobre el sector carbón:

• En el escenario intermedio de “referencia”, el país buscaría la carbono-neutralidad en 2060. La reducción sería del 85% en la producción de carbones, con una disminución significativa de exportaciones, aunque todavía con cierta capacidad de aprovechar reservas metalúrgicas y térmicas. Si bien los impactos sociales y fiscales serían menores que en el escenario acelerado, seguiría existiendo un riesgo importante para las finanzas de las regiones productoras.

• En el escenario de “viento de frente”, es decir el más adverso, Colombia se plantea alcanzar la carbono-neutralidad en 2050, con la electrificación más acelerada y ambiciosa. Este camino implicaría una reducción del 89% en la producción de carbones frente a 2021, una fuerte caída en la demanda interna y un golpe crítico a la transformación de coque por las restricciones de emisiones. En este escenario, los territorios quedarían con menos recursos en el corto plazo, sin tiempo suficiente para la reconversión laboral y social.

• En el escenario de “viento de cola”, la transición se extendería hasta 2070 o incluso 2100. Esto permitiría aprovechar la totalidad de las reservas de carbón en la costa y de carbón metalúrgico, garantizando divisas y regalías durante varias décadas más. La demanda interna de carbones térmicos se mantendría por más tiempo, apoyada en la incertidumbre de precios del gas y en nuevas tecnologías como el CCUS (captura, uso y almacenamiento de carbono). Esta salida ordenada daría margen al país para planificar la reconversión productiva de los territorios y sostener la inversión social.

La visión del empresariado

El TEC concluye que, sin una política pública pragmática y realista, Colombia corre el riesgo de pagar altos costos sociales, económicos y ambientales. Los análisis muestran que una transición improvisada puede llevar a la pérdida acelerada de 74.000 empleos y de más del 60% de los ingresos por regalías, recursos que hoy financian la educación, la salud y la infraestructura de los municipios.

De acuerdo con el presidente del gremio, “la transición debe tener un ritmo alineado con las tendencias globales y la demanda del mercado internacional, evitando impactos abruptos que comprometan la estabilidad social y económica del país. Para ello, necesitamos una estrategia que reconozca las particularidades de cada territorio productor, promoviendo actividades alternativas y fortaleciendo capacidades locales”.

Cante enfatizó que este proceso no puede recaer únicamente en el Estado. “La transición debe construirse de manera conjunta entre el Estado, las regiones y el sector privado, bajo principios de justicia fiscal y laboral, que eviten desequilibrios económicos y protejan a los trabajadores”.

En ese sentido, subrayó que es fundamental que el proceso se autofinancie en gran medida con los recursos que ya genera la industria. “Las regalías, los impuestos y los encadenamientos productivos del carbón deben ser la base para financiar programas de reconversión laboral, impulsar nuevas actividades económicas en las regiones y desarrollar proyectos de gestión ambiental. Así reducimos la dependencia de recursos externos y aseguramos la sostenibilidad de la transición en el tiempo”.

Finalmente, planteó una medida concreta: “Se requiere la creación de un Fondo Fiscal que permita enfrentar los efectos de una transición desordenada, y el diseño de programas de formación y reconversión laboral que conviertan una política ambiciosa en un verdadero proceso de transformación productiva de los territorios, realista e incluyente”.

Por su parte, Tomás González, director del CREE, recalcó que “con planeación adecuada, el carbón puede ser motor de la transición, no su obstáculo. La clave está en equilibrar la ambición climática con el realismo económico y social, aprovechando la ventana de oportunidad que tiene el país al 2030 para preparar una transición adecuada”.

A través del Informe TEC, Fenalcarbón reitera que el carbón no es incompatible con la transición energética y que, por el contrario, puede convertirse en el principal sostén financiero para avanzar hacia una matriz más limpia y sostenible.

El sector puso a disposición de las autoridades y tomadores de decisión, esta visión del empresariado, como insumo para el diseño de políticas públicas que garanticen una transición óptima y una transformación productiva de los territorios.

Un sector estratégico para la economía nacional

Actualmente, el sector genera más de 55.000 empleos directos altamente formales, con ingresos 2,6 veces superiores al promedio nacional, y beneficia indirectamente a más de 250.000 personas. Por cada $1.000 millones adicionales en producción de carbón, se generan 4,7 empleos en la economía, y cada peso en el carbón multiplica 2,42 veces el PIB nacional.

Además, las compras nacionales alcanzaron $31,6 billones entre 2015 y 2022, de los cuales $16 billones se destinaron a proveedores locales, dinamizando más de 1.000 empresas regionales.

En materia de divisas, Colombia es el 5° exportador mundial de carbón térmico y el 4° exportador mundial de coque metalúrgico, el primer producto industrial de exportación del país, que se produce teniendo como base el carbón metalúrgico. Solo en 2022, las exportaciones del sector sumaron más de USD $8.100 millones.

Cierre de la vía al Llano pone en jaque el suministro de GLP

Agremgas hace un llamado a las autoridades a implementar soluciones inmediatas que garanticen el transporte de GLP y eviten un desabastecimiento con graves consecuencias para familias, instituciones y la economía nacional.

La Agremiación Colombiana de Comercializadores de Gas (Agremgas) expresó su preocupación por la contingencia presentada en la vía al Llano, tras la pérdida de bancada que mantiene cerrada esta importante arteria vial.

Y es que el 37% del Gas Licuado de Petróleo (GLP) que consumen los hogares colombianos proviene de Casanare: Cusiana, Cupiagua y Termoyopal, y su transporte al resto del país depende exclusivamente de esta vía, por lo que el cierre genera una amenaza inminente al abastecimiento de este servicio esencial para millones de familias y sectores productivos.

Actualmente, las rutas alternas no ofrecen una solución viable: la vía Pajarito -Sogamoso mantiene restricciones que impiden el transporte de carga superior a 28 toneladas, mientras que una cisterna cargada tiene un peso neto de alrededor de 50 toneladas, lo cual hace imposible movilizar el GLP desde las plantas de producción hacia los centros de consumo.

Aunque se ha considerado la posibilidad de habilitar horarios especiales o la antigua vía, estas medidas aún no cuentan con autorización ni representan una solución definitiva.

Sara Vélez, directora Ejecutiva de Agremgas, advirtió que “nos enfrentamos a una situación crítica. De no resolverse pronto, el cierre de la vía al Llano obligará a depender de importaciones de GLP, lo que encarecería la tarifa entre un 4% y 11% y afectaría directamente a los usuarios más vulnerables. El GLP es un energético vital en la vida diaria de millones de colombianos, por lo que se requieren medidas inmediatas y efectivas para garantizar el suministro.”

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